Última actualización 10/02/2009@12:26:13 GMT+1
Después de varias tentativas y algún que otro amago de retirada, finalmente ‘Zo’ pone fin a su carrera como jugador profesional, dejando atrás el recuerdo del que fue uno de los mejores pívots de la historia de la Liga.
[Por Antonio GilFotos: Getty Images]
Ha llegado el momento de cerrar una puerta y empezar un nuevo capítulo en mi vida». Con estas palabras anunciaba Alonzo Mourning su adiós definitivo, su retirada de las canchas de la NBA. De este modo se despedía todo un ejemplo a seguir dentro y fuera de la pista, un luchador nato. «Creo que todavía tengo muchos más capítulos que escribir en mi vida y estoy listo para empezar desde ahora mismo. Lo mío con el baloncesto se ha acabado». Punto y final a las andanzas de uno de los nombres propios más importantes en las zonas de la NBA en los últimos años.
Cuando Mourning llegó a la Liga en 1992 como segunda elección del draft y cabeza visible de una nueva franquicia en la competición como los Charlotte Hornets, todas las miradas recayeron sobre él. Su periplo universitario en esa fábrica de centers llamada Georgetown era la mejor tarjeta de presentación posible (16.7 puntos, 8.6 rebotes y 3.6 tapones por partido, además ser All American en su año senior) para un jugador que estaba llamado a dominar bajo los aros. Sin embargo, la interminable sombra de un gigantesco Shaquille O’Neal le privó de unos cuantos focos que perfectamente podrían haberle iluminado a él en otras circunstancias. Sus 21 puntos, 10.3 rebotes y 3.5 tapones estuvieron ligeramente por debajo de los de Shaq en el año del debut de ambos y ‘Zo’ tuvo que conformarse con el premio de estar incluido en el quinteto ideal de rookies en su primera temporada en la NBA.
El influjo de Riley
Después de tres años vistiendo los colores de los Hornets, y tras haber llevado a la franquicia a un récord de 50 victorias en una temporada junto a otro clásico, y a la postre enemigo declarado, como Larry Johnson, Mourning se vio inmerso en un traspaso que le mandó camino de Miami. Allí, bajo el amparo de todo un maestro de los banquillos como Pat Riley, ‘Zo’ impuso su ley en la pintura y se convirtió en una muralla infranqueable, hasta el punto de ser considerado Defensor del Año en dos ocasiones consecutivas (1999 y 2000). «Aquel año trabajé muy duro. Fui nombrado Defensor del Año y además acabé segundo en las votaciones de MVP de la regular season, así que sólo puedo sentirme orgulloso de lo que conseguí esa temporada», declara Mourning en una intimista entrevista concedida a la prestigiosa Slam Magazine.
Sin duda, la mano de Riley hizo mucho bien al pívot de Virginia, que en 2000 recibió un nuevo premio a su esfuerzo siendo elegido para representar a los Estados Unidos en la Olimpiada de Sydney. Con el equipo nacional, Mourning se enfundó una medalla olímpica que él mismo reconoce como «uno de los mayores logros de mi carrera». No había ninguna duda de que la estrella de Alonzo Mourning brillaba cada vez con más fuerza. Su presencia en la zona era sinónimo de éxito y en Miami ya comenzaron a fichar con la intención de conseguir ensamblar las piezas necesarias para hacer de los Heat un equipo ganador, con Mourning como principal arma.
El principio del fin
Sin embargo, cuando mejor empezaban a marchar las cosas para nuestro protagonista, su vida personal y su carrera profesional recibieron la inoportuna visita de una afección renal que hizo que Mourning sólo pudiera disputar 13 partidos en la temporada 2000/01. A partir de este momento, sus problemas de salud fue un lastre demasiado pesado que le acompañaría durante el resto de su vida profesional, obligándole a estar en blanco toda la campaña 2002/03.
La siguiente temporada volvió con energías renovadas y con la intención de dar nuevamente guerra bajo los aros, pero la cruda realidad le hizo darse cuenta de las dificultades en las que le pondría su limitado estado físico. Tras regresar a la competición como agente libre y firmar un contrato garantizado con los New Jersey Nets, ‘Zo’ sólo pudo vestirse de corto en 12 encuentros y tuvo que abandonar repentinamente el equipo para someterse a un trasplante de riñón.
Una vez recuperado de sus problemas, Mourning retornó a los entrenamientos con los Nets, pero sólo estuvo presente en 18 partidos, antes de ser traspasado a Toronto. ‘Zo’ se negó a jugar en el país vecino y compró su ficha para pasar a formar parte del mercado de agentes libres y, posteriormente, acabar recalando nuevamente en los Heat. En esta segunda etapa en Miami, el jugador firmó un contrato con el mínimo estipulado para veteranos, pero afrontó el final de la temporada y el inicio de la siguiente con la ilusión de un novato y esa fuerza de voluntad que sólo alguien que hubiese pasado por lo que él podría reconocer.
Renacer, gloria y despedida
Con un papel mucho más secundario que de costumbre, debido a sus problemas físicos, y formando junto a otro de los grandes pivots que se han paseado por la NBA como Shaquille O’Neal, Mourning se reencontró con la senda de la victoria en un equipo ganador y con aspiraciones a todo. Sus condiciones ya no eran las mismas de antes, pero dosificando sus minutos en pista, Mourning podía seguir aportando, en pequeñas dosis eso sí, mucha intensidad e intimidación en defensa y mucha seguridad e inteligencia en ataque. El hecho de reponerse de una grave enfermedad como la suya hizo que los aficionados valorasen aún más el esfuerzo que suponía para ‘Zo’ saltar cada noche al parquet y pronto le apodaron con el sobre nombre de ‘El último guerrero’.
Tanta lucha, personal y colectiva, acabó por dar sus frutos y en 2006 Mourning fue pieza clave en el anillo conseguido por los Miami Heat, de la mano de Dwayne Wade y Shaquille O’Neal. El momento más memorable de ‘Zo’ en las Finales contra los Mavericks llegó en el sexto y definitivo partido de la serie, donde saliendo como suplente de Shaq firmó 8 puntos, 6 rebotes y 5 tapones. La euforia fue tal que tras la consecución del anillo, Mourning no dudó en anunciar que volvería un año más con los Heat para defender el título, aunque para ello renunciase a suculentas ofertas de otros equipos.
Al término de la temporada 2006/07, ‘Zo’ volvió a decantarse por probar fortuna un año más. Sin embargo, la mala suerte se volvió a cebar con el jugador, que vio como su rodilla derecha quedaba muy dañada a los pocos partidos de haberse dado inicio la campaña. Todo apuntaba a una lesión irreversible, pero la capacidad de rehacerse de la que había hecho gala el jugador en otras ocasiones era el argumento que muchos esgrimían para rumorear con una posible vuelta a las pistas de ese guerrero incansable llamado Alonzo Mourning de cara a la temporada 2008/09.
Pero la historia no dio para más y de este modo llegamos al pasado 22 de enero, cuando el jugador convocaba a los medios a una multitudinaria rueda de prensa en la que anunciaba su adiós definitivo. Con él se va no sólo un grandísimo jugador y todo un referente, tanto dentro como fuera de la pista, sino que también se pierde a un ejemplo a seguir en lo que significa luchar contra las adversidades y luchar por una ilusión, que en este caso tenía forma de balón naranja. Muchas gracias ‘Zo’.