Crecí con el
baloncesto y me
enamoré de él
Última actualización 17/02/2009@12:39:54 GMT+1
‘Baloncesto’ es una palabra que lo dice todo para Coby Karl. Obstinado en la persecución de su sueño, versátil y completo en la pista, ha llegado al DKV Joventut para encajar como una mano a un guante.
[Por Fernando MartínFotos: José L.G. Surrallés]
Su apellido evoca inmediatamente a su padre, el ‘coach’. Sin renegar en absoluto de esa asociación –pues está tremendamente unido a su progenitor–, Coby Karl (Great Falls, 1983) quiere hacerse un nombre por sí solo en Europa… para volver con más fuerza a la NBA. La temporada pasada este base-escolta de 1.96 disputó 17 partidos con los Lakers; en ésta promediaba 18.6 puntos y 5.5 asistencias en la D-League (Idaho Stampede) a la espera de la llamada de una franquicia. Y llegó una, de los Cavaliers; contrato de 10 días. Pero anterior fue la del DKV Joventut, que necesitaba a alguien para cubrir el hueco que dejó Bracey Wright. «Mi padre y mi agente me aconsejaron», explica. Y la palabra dada pesó más.
Aterrizado en domingo y presentado en lunes, se puso a entrenar con sus nuevos compañeros verdinegros atacado por el jet lag todavía durante unos días. «No he visto demasiado de la ciudad, pero parece que está bien», cuenta. «Este club es muy prestigioso; mucha historia detrás. El equipo tiene mucho talento y el entrenador es joven pero sabe lo que hace», sintetiza sus primeras impresiones. La información es poder y cuando cruzas el océano te conviene saber dónde te metes –aunque no sea lo habitual–. Coby investigó por su cuenta y llamó a todo el que pudo para recavar informes. Además, antes de viajar, el ex de los Lakers Ronny Turiaf le pasó el teléfono de su íntimo amigo Thierry Henry, futbolista del Barça, para que le hiciera de cicerone en tierra extraña, aunque «todavía no he podido conocerle. Pero espero hacerlo. Probablemente le mandaré un mail cuando esté más instalado».
Gigantes: Has estado jugando hasta prácticamente antes de volar a España, así que la forma y el ritmo de competición ya los tienes; sólo te falta adaptarte al estilo de tu equipo, ¿no?
Karl: Sí, claro. Europa tiene un estilo de juego muy diferente: más orientado hacia el bloque que la NBA o la D-League y muy intenso. Estoy ansioso por participar, sea cual sea el papel que me asigne el entrenador. Intentaré que la experiencia sea exitosa, seguir mejorando y probar lo que valgo.
G: Puedes jugar tanto de base como de escolta, destacas tirando y pasando, versatilidad… Tu perfil debe encajar muy bien en el juego del DKV Joventut, ¿no?
K: Espero que sí. Todavía no he hablado con el entrenador sobre lo que quiere y espera de mí, pero sea lo que sea, lo intentaré hacer. Seguramente necesitaré algo de tiempo para estar cómodo y conocer a mis compañeros.
G: Todo el mundo te pasó buenos informes de la Penya.
K: Así es. Hablé con mi padre y con Pau, que a su vez habló con Rudy; además pedí opinión a otros jugadores que habían estado en Europa… y todo era positivo. Una organización muy respetable, con un entrenador nuevo pero muy inteligente que tiene una trayectoria interesante al lado de Aíto… También supe cosas del equipo, que tiene un estilo de juego muy rápido y atractivo; muy diferente de cómo juegan otros aquí en Europa.
G: ¿Con qué expectativas has ido a Badalona?
K: Honestamente, no sé lo que me espera. Primero está la barrera del lenguaje, que va a ser dura. La diferencia horaria, una ciudad distinta, nuevos compañeros… Pero si el entrenador me pone en la pista yo intentaré dar lo mejor de mí y ayudar al equipo.
G: Hace unos días comentabas que en Estados Unidos todo el mundo te conocía como ‘el hijo de George Karl’, que te juzgaban por eso, y que aquí en Europa sólo te valorarían por lo que hicieras en la pista. ¿Ha sido así tu experiencia en Estados Unidos?
K: Sí, bueno… Yo crecí siguiendo a mi padre y luego fui a jugar a las mismas ciudades en las que él entrenaba o había entrenado. Supongo que la gente me juzgaba por ser su hijo, quizás porque esperarían ciertas cosas de mí: que fuera peor de lo que soy o mejor. Aquí no es tan, tan famoso, aunque todo el mundo le conoce.
G: ¿Ha sido injusto; hubiera sido más fácil para ti llegar a la NBA con otro nombre?
K: Algunos han afirmado eso, pero yo creo que no es el caso. Ser el hijo de George Karl me ha dado bastantes oportunidades para tener éxito en el baloncesto. No pienso que haya sido una desventaja. Estar con él me ha permitido aprender cosas de gente que sabe mucho de esto y también compartir mucho tiempo con buenos jugadores.
G: Tu objetivo sigue siendo volver a intentarlo en la NBA…
K: Sí, creo que es la pasión de cualquiera y sin duda es mi objetivo. Lo he perseguido toda mi vida. Crecí en América soñando con jugar en la NBA; si hubiera crecido en Badalona probablemente soñaría con el Joventut. Es lo que he deseado toda mi vida y espero conseguirlo.
G: Sabiendo eso, considero aún más honorable que respetaras el acuerdo con el DKV Joventut a pesar de que posteriormente te llegara una oferta de los Cavaliers…
K: Fue una situación difícil. He estado tres o cuatro meses jugando en la D-League muy duro y creo que muy bien. Es mala suerte. Yo no quería quemar puentes antes siquiera de venir aquí. Podría tener una larga carrera en Europa y no quería empezar dejando una mala imagen. Me siento bien por haber venido y me hubiera sentido bien en Cleveland.
Más fuerte que la enfermedad
En 2006 le fue detectado un cáncer de tiroides, tipo de enfermedad tratable y curable. Esperó a que terminara su tercera temporada en Boise State para que le extirparan la citada glándula y someterse a quimioterapia. Tres semanas después de concluir el tratamiento estaba haciendo entrenamientos privados para la decena de franquicias que le habían llamado. Regresó a la universidad para su año senior y de nuevo tuvo complicaciones. En abril de 2007 le extrajeron nódulos cancerosos en el cuello en siete horas de quirófano; quince días después estaba de nuevo sobre un parquet. Nada de ello le hizo pensar ni por un momento en abandonar el basket.
G: Coby, se ha escrito mucho sobre cómo superaste el cáncer de tiroides sin dejar de jugar. ¿Dónde encontraste la fuerza para combatirlo?
K: Es algo he dejado atrás, en el camino. Fue una experiencia que superé, de la que aprendí mucho y salí más fuerte. Creo que tener el baloncesto y a mi familia alrededor me ayudó y me dio algo para seguir mirando adelante. El baloncesto siempre ha sido mi pasión, crecí con él y me enamoré de él… probablemente en el instituto. Es lo que quiero hacer. Hay gente cuya pasión por el baloncesto va disminuyendo con los años; no es mi caso.
G: George Karl entrenó al Real Madrid en las temporadas 89/90 y 91/92. Los más veteranos aquí en Madrid se acuerdan de ti tirando a canasta en el antiguo Palacio de Deportes en los descansos o antes de los partidos. ¿Tú recuerdas algo de cuando viviste en Madrid con tu padre?
K: Me acuerdo vagamente de hacer de recogepelotas en los partidos. También de los aficionados, que gritaban como locos… No recuerdo demasiado de Madrid pero a mi madre y mi padre les marcó; siempre dicen que les gustaría volver a vivir allí. Supongo que para toda mi familia fue una gran experiencia.
G: De niño acompañabas a tu padre a los partidos, eras testigo de primera mano de cómo era el baloncesto, de lo que hacía falta para ser un jugador profesional. ¿Cuándo te dijiste: ‘yo quiero ser como uno de los jugadores de mi padre’?
K: Yo no me di cuenta de que estaba capacitado para ello hasta mi año sophomore en Boise State. Mi padre me dijo que muchos scouts pensaban que yo podría dedicarme profesionalmente a esto; no sabían en qué nivel. En mi año junior fui a los campus pre draft y sentí que podía medirme a todos aquellos jugadores. No fui elegido pero en las Ligas de verano de nuevo me encontré bien y conseguí llegar a los Lakers… El sueño americano, jugar en la NBA.
G: El mejor consejo que te ha dado tu padre…
K: Trabajar duro. Mi padre es un entrenador con mucho talento, pero una de las cosas que más admiro y que he aprendido de él es el trabajo duro; nunca para de trabajar para su equipo, con otros entrenadores… y le gusta hacerlo.
G: Igual que tú has investigado sobre el Joventut antes de venir, seguro que en los próximos meses recibes muchas llamadas desde Estados Unidos para pedirte informes sobre uno de tus nuevos compañeros, Ricky Rubio. ¿Qué sabías de él y qué te ha llamado la atención en el primer contacto que habéis tenido?
K: Le conocí el año pasado en Los Angeles durante las finales de la NBA; hablé con él brevemente. Es muy joven pero a la vez tiene muchísimo talento. Pienso que su manejo del balón y su habilidad para el pase son de NBA. No he jugado aún ningún partido con él, pero en los entrenamientos impresiona. Por lo que hablé con Pau hay consenso en que en la pista es el más listo. Creo que va a ser muy interesante jugar y competir los próximos cuatro o cinco meses con él.