Última actualización 10/03/2009@12:16:51 GMT+1
Hace justo un año Dusko Ivanovic fue destituido como entrenador del Barcelona. La Copa de Vitoria –paradojas del destino– le pasó factura. Ahora, doce meses después, la gana con ‘su’ equipo, el Tau, superando en semifinales precisamente al Barcelona. Su fórmula sí funciona en Vitoria.
[Por Miguel Panadés Fotos: Carlos Candel y Javier López]
Recién llegado a Barcelona y todavía en el período de adaptación a un gran y disperso club, Dusko Ivanovic profundizó en GIGANTES sobre sus futuras intenciones como entrenador azulgrana. Recuerdo que una de mis inquietudes era saber si pretendería hacer jugar a Navarro, Basile o Marconato con un estilo similar al que lo había hecho el Tau con Vidal, Nocioni o Scola. Me sorprendió la contundencia de su respuesta. «Podrá costar más o menos tiempo pero conseguiremos jugar a así». Insistí en mis dudas y Dusko, nuevamente contundente, sentenció: «se adaptarán a mi estilo».
Dentro del amplio repertorio de entrenadores podríamos diferenciar entre muchas, dos especies: los que tienen capacidad para adaptar el estilo de juego a las características de los jugadores o los que, convencidos de una única manera de hacer las cosas, las llevan a cabo sin demasiadas contemplaciones hacia los que luego deberán desarrollarlas en la pista. Podemos recordar cómo Maljkovic adaptó el estilo del Limoges a un juego desesperadamente lento pero ideal para las características de esos jugadores, u Obradovic que ralentizó el Real Madrid al ritmo de Sabonis, o Pesic en el Barça al de Bodiroga demostrando esos tres técnicos que en otros equipos, con otros jugadores, un estilo de juego mucho más vivo. Son tres ejemplos que contrastarían, por ejemplo, con un Aíto que allá donde va –Barcelona, Joventut, Selección o Unicaja– obliga a sus jugadores a interpretar “su estilo” con resultados, por cierto, tan satisfactorios como aquellos de características más camaleónicas.
Un técnico unidireccional
Hablamos de Dusko Ivanovic y, evidentemente, debemos encuadrarlo en el grupo de técnicos unidireccionales. Desde la primera temporada en el Barcelona estuvo clarísimo el diagnóstico del enfermo, el porqué de unos resultados distantes de los deseados. Ivanovic se empeñó de manera tozuda e innegociable en llevar a cabo un estilo de juego que pretende la excelencia física y táctica de todos y cada uno de los jugadores desde el minuto uno hasta el final. Un estilo basado en velocidad de ejecución y de desplazamiento junto a la constante intensidad en todas las acciones, en el esfuerzo al límite. Un estilo que le había dado buenos resultados, incluso brillantes, con un Tau donde Calderón, Nocioni, Prigioni, Scola o Splitter, por citar algunos, reunían las características adecuadas para llevarlo a cabo y donde además encontraba el club, en su presidente Josean Querejeta, el respaldo y la fuerza necesaria para impedir que ningún jugador dudase sobre cuál era la dirección a seguir. Un estilo que, sin embargo, chocaba diametralmente con las características de los entonces referentes azulgranas.
Crédito perdido, crédito recuperado
Lo que había dado éxitos en Vitoria no funcionaba en Barcelona. El entrenador incuestionable perdía de pronto todo su crédito convirtiéndose en blanco de críticas e incluso dando él mismo la sensación de haber perdido la autoconfianza necesaria para dirigir con seguridad. Dusko tiene 52 años pero no hace más de una década que entrena a alto nivel por lo que esas dos temporadas y media en el Barcelona le sirvieron sin duda para incrementar los activos de experiencia necesarios para seguir caminando por el complicado mundo de los banquillos. Ivanovic sigue igual de convencido que siempre de que sus ideas de baloncesto son las adecuadas pero seguramente ha madurado como técnico y por lo tanto es hoy un poco mejor de lo que lo era temporadas atrás.
El baloncesto que practica el Tau actual supera incluso al de la temporada 2001/02 consiguiendo un ritmo, una constancia y una lectura de juego insuperable. Reúne jugadores adecuados a las características que exige un guión donde todo lo que se hace en ataque y en defensa debe estar dotado de la máxima intensidad. De pie, delante de su banquillo está el mismo entrenador que se mostraba crispado e inseguro en el Barcelona. El mismo que despertó mil dudas sobre su capacidad para gestionar los partidos. La diferencia radica en que ahora tiene el grupo de jugadores adecuado para correr a velocidad terminal, para aplicar el concepto de ‘llegar jugando’ diez veces consecutivas destrozando al rival por agotamiento, machacándolo con transiciones perfectamente dibujadas.
El Tau bate esta temporada el récord de valoración –100 por partido– y de puntos a favor –90 por encuentro– de la Liga ACB, unas cifras que se convierten en datos objetivos e indiscutibles. Vive los partidos con una marcha más que el rival y se siente fuerte y capaz como para plantar cara a cualquier adversario tanto en España como en Europa. Y en ese nuevo escenario Dusko Ivanovic respira profundamente reencontrando sensaciones que por momentos perdió en Barcelona, recuperando la autoestima necesaria para afrontar nuevos retos y teniendo de nuevo la credibilidad suficiente como para convencer a sus jugadores de que esa fórmula en la que él cree es la adecuada para ganar.