Entrevistas
Última actualización 10/03/2009@12:35:43 GMT+1
Aparece siempre que se le necesita. Cuanto más importante el escenario, mayor la magnitud de sus hazañas. El jugador más determinante de la última Copa del Rey, hombre de hielo con un balón en las manos, es la panacea: todo lo que un alero debe ser y hacer.
[Por Fernando MartínFotos: Carlos Candel]
Si el MVP ha de concederse al jugador que más influencia tiene en el triunfo final de un equipo, en la Copa del Rey, sin duda, el MVP fue Pete Mickeal, aunque por el ‘timing’ del habitual sistema de votaciones ese galardón recayera en Teletovic. El alero de Illinois asumió la responsabilidad en una prórroga en la que los nervios dominaban voluntades, anotó 8 puntos, canasta ganadora incluida, y taponó el tiro de Berni que podía cambiar el signo de la final. Y el día en que cumplía 31 años se convirtió en historia; pero una con muchos capítulos aún por escribir.
No es la primera vez –ni será la última– que Pete Mickeal decide un partido en los minutos que distinguen a las leyendas de los buenos jugadores, porque no debe haber tipo más frío en este deporte. Confiesa que no ha sentido nervios nunca y que su confianza procede de su trabajo diario y motivación. Una virtud que comparte con sus compañeros del Tau, equipo que le merece a él tanto como él al Baskonia. «Tenemos tanta confianza en nosotros mismos que es muy difícil ganarnos. Mis expectativas siempre han sido altas y lo siguen siendo. Estoy aquí para ganar», afirma.
Una petición pública: «Quiero que todo el mundo sepa que mi apellido es Mickeal y se pronuncia como Michael, exactamente igual que Michael Jordan. No ‘maquel’, ni ‘miqueal’, ni ‘miquel’ o como quiera que me llamen. Yo le doy el teléfono de mi madre a quien no me crea para que se lo explique», señala entre risas.
Gigantes: ¿Cómo fue la mañana después de ganar la Copa? ¿Un día normal? [El Tau no organizó celebración alguna]
Mickeal: Es la primera Copa que gano y supongo que por ser mi cumpleaños todo fue más especial. Acerté el último tiro e hice la última jugada defensiva, así que quizás haya sido el mejor cumpleaños de toda mi vida; por lo espectacular que fue el día y lo dramático del partido.
G: En el Unicaja más de uno ya tendrá pesadillas contigo. Aquel costa a costa definitivo de los últimos play offs, esta prórroga, los partidos de liga regular, incluso jugando con el Leche Río ganaste en Málaga. ¿Hay alguna razón que te sirva de motivación contra ellos?
M: No sé qué pasa con el Unicaja, pero saca lo mejor de mí. Son un equipo tan competitivo, tan bueno y tan físico… Cuanto más duro el rival, más duro juego yo.
G: ¿Has revivido los momentos de la prórroga? Lo que hiciste fue excepcional; ¿de verdad tienes sangre en las venas?
M: Mira, desde que era un niño llevo ensayando esos momentos, esos tiros finales. Aprendí cuando era joven que si podía visualizar algo luego era capaz de hacerlo físicamente en la cancha. Y fue tal cual. Visualicé estar en la prórroga haciendo las cosas correctas para que mi equipo ganara.
G: Con todos esos tiros libres errados, pérdidas, nervios, presión, todo acabó sobre tus hombros.
M: Sí, pero no había ninguna presión en mí. Lo que hice, en mi opinión, fue fácil. No había ninguna posibilidad de fallar mis tiros libres, ni ese último tiro. Tengo toda la confianza del mundo. Tuve la suerte de que me llegó esa responsabilidad. Me gusta liderar con el ejemplo, no con las palabras.
G: ¿Has sentido presión alguna vez en una pista de basket?
M: Nunca. Creo que no he estado nervioso nunca. Algunos jugadores están inquietos antes de un partido importante; yo no sé lo que es eso. Nunca he sentido los nervios, ni siquiera cuando gané 87 partidos seguidos entre junior college y universidad. Siempre he sido un tío que ha tenido mucha confianza en sí mismo. Pienso que si trabajas algo todos los días, cuando llegue el partido no fallarás.
G: El MVP debería haber sido para ti y todo el mundo lo sabe, pero a ti no te importó demasiado, ¿no?
M: (Risas) No es que no me importe, simplemente la prensa votó. Yo no puedo votar; la responsabilidad es vuestra. Yo no tengo opinión ni puedo juzgar si eligen a Mirza o Igor, como me eligieron a mí en los últimos play offs. Creo que entonces no hubo ninguna duda de que yo merecía aquel premio.
G: No la hubo entonces ni tampoco ahora. Superada la treintena, da la impresión de que no has alcanzado tu techo…
M: Creo que cuanto mayor me hago, mejor jugador soy. Miro a Tiago y a estos tíos, y yo no era tan bueno como ellos a su misma edad. Fui elegido por los Knicks cuando tenía 22 años, pero no era suficientemente bueno para jugar en la NBA, para defender, para rebotear. Aprendí de esa experiencia de no ser suficientemente bueno; fue mi motivación. Pasando de los 30 parece que me estoy convirtiendo en mejor jugador; no sé por qué. Y cuando tenga 35 años seré mejor jugador que ahora. Es mi opinión personal. Estoy seguro de que jugaré hasta los 40, créeme (risas).
Ganador con causa
La canasta ganadora, con Berni intuyendo cada uno de sus movimientos, la anotó con la izquierda. El gorro que acabó todo, con la derecha. Pete Mickeal tiene una infrecuente habilidad: es ambidiestro. Una capacidad mortal cuando juega el uno contra uno. «Izquierda o derecha, derecha o izquierda, da igual. Puedo escribir con una mano o la otra, puedo jugar al baloncesto o al fútbol americano igual de bien con ámbas. No hay diferencia», explica. Se decidió a tirar con la izquierda «a los 12 años; antes solía hacerlo con las dos manos». Eligió esa mano «porque nadie lo hacía; todo el mundo tiraba con la derecha. Quería ser diferente a los demás. Espero que fuera la decisión correcta». A tenor de los resultados, lo fue.
Porta el número 33 en honor a su hermano mayor, cuyo retrato lleva tatuado en un brazo. Antes de cada partido, en su particular ritual y homenaje, dibuja la cifra en el aire. Él fue su modelo y motivación. «Era más duro y más grande que yo. Me enseñó a jugar con gente más fuerte; siempre me empujaba a luchar duro, a levantarme y seguir adelante. Y esa actitud la he tenido toda mi vida por él. Cuando murió, motivó toda mi carrera. Probablemente le debo todo lo que soy más a él que a mí mismo».
Ahora quien guía su presente es Dusko Ivanovic. ¿El entrenador más duro que ha conocido? «Buena pregunta. No lo sé realmente. Quizás Bob Huggins, en Cincinnati, era un animal», reflexiona. «Dusko es exigente, pero le respeto mucho porque hace las cosas a su manera, y su manera da resultados. ¿Cómo puedes cabrearte con un tío así? No puedes. Su filosofía funciona, así que hay que seguirla».
G: Pete, por primera vez desde tu etapa universitaria te quedas un segundo año en el mismo equipo y en la misma ciudad. ¿Qué has encontrado de especial en Vitoria?
M: Me agrada que saques el tema. Era mi plan jugar en muchos países diferentes; experimentar el mundo. No iba de jugar sólo la Euroliga, la Copa ULEB… iba de ir creciendo en mi juego y subiendo de nivel cada año. Filipinas, Rusia, Grecia, España… Yo creía que cada país era un escalón más en mi carrera. Ése era mi objetivo y mi plan ha funcionado. Yo nunca he pensado que era demasiado bueno para jugar en Corea o en Filipinas o en un equipo pequeño como el Makedonikos. Nunca me importó que la gente hablara de mí basándose en qué equipo jugaba, porque en cada uno de ellos he demostrado lo que valgo. El año pasado por primera vez subí hasta el escalón de la Euroliga, con una gran equipo como es el Tau. Ha sido un camino largo, pero todo ha funcionado.
G: Y con el Tau sólo has jugado finales. Como en un sueño.
M: Sí, es increíble, ¿verdad? Para mí no es un sueño. Yo no he tenido todavía la oportunidad de ver la realidad como un aficionado o como un periodista, reflexionando sobre si soy bueno o no. De verdad, no ha habido un sólo momento en mi vida en que me haya sentado y me haya dicho: ‘tío, eres bueno’ (risas). Ni un sólo día. Yo voy a entrenar para mejorar, no para pasar el tiempo; si no me quedaría en casa. Y creo que me ha servido.
G: Tu entrenador dijo minutos después de conseguir la Copa que ese título ya era pasado. Supongo que ya os habrá orientado hacia el siguiente objetivo en el tiempo, que es la Euroliga. ¿Puede el Tau ser el próximo campeón de Europa?
M: Quiero decirte una cosa sobre esto. Si hay una posibilidad de que el Tau gane alguna vez la Euroliga, ha de ser este año. No he estado nunca en un equipo con unos tíos que tengan tanta confianza en sí mismos y en sus habilidades. A veces asusta en tipos tan jóvenes. En el Tau hay un talento un increíble en todo, en ataque, en defensa, en rebote… Conozco algo la historia del club y en mi opinión creo que no ha habido una oportunidad como la de este año para ganar la Euroliga.
G: Ahora que estás en uno de los mejores equipos fuera de la NBA, que has ganado títulos, premios individuales, mucho prestigio… ¿Miras atrás? Aquel día amargo en el draft (última posición del de 2000), cuando te rompiste el tendón de Aquiles poco después…
M: Nunca miro atrás, porque todo eso que comentas me ha hecho lo que soy; más fuerte. Todavía recuerdo el día que me rompí el tendón de Aquiles. No lloré, no me cabree y en tres meses estaba jugando otra vez. Soy un tipo positivo y siempre miro hacia adelante.
G: Lo que no te mata te hace más fuerte…
M: Eso es. Exactamente eso.