Jerry Sloan
Última actualización 07/04/2009@16:49:05 GMT+1
21 años haciendo lo mismo en el mismo lugar y no hay síntomas de agotamiento en el entrenador que más tiempo ha permanecido en el mismo banquillo de la NBA en la historia. Jerry Sloan, el hombre que ha convertido la rutina en leyenda.
[Por Fernando MartínFotos: Getty Images]
Cuando Jerry Sloan (Mcleansboro, 1942) sustituyó a Frank Layden como entrenador jefe de los Utah Jazz, el 9 de diciembre de 1988, la NBA tenía 25 equipos y por sus canchas todavía corría gente como Moses Malone, Maurice Cheeks, Adrian Dantley o John Lucas. Al Muro aún le quedaban unos meses en pie, la Unión Europea sólo existía en las mentes de algunos y el mayor de los actuales jugadores del hexagenario técnico no había llegado a la adolescencia. Desde ese momento, y hasta la semana pasada, la liga estadounidense ha registrado 228 cambios en los banquillos –incluidos los entrenadores interinos–, con dos renovaciones como mínimo por franquicia… excepto, claro está, en la de Salt Lake City, donde todo se hace como siempre se ha hecho. La estabilidad convertida en valor absoluto.
Sloan es el técnico de la NBA que más tiempo ha permanecido en el mismo lugar en su historia y el más longevo en activo de todas las Grandes Ligas norteamericanas. Sigue comportándose como el primer día: jugando el pick and roll que hizo legendarios a Stockton y Malone, persiguiendo a los árbitros, abroncando a sus jugadores en cada error, por mínimo que sea… «Puede que se haya ablandado un poco», apunta Jeff Hornacek, jugador suyo durante siete temporadas y ayudante en otra. Un ‘puede’ que está muy lejos de aportar seguridad. Que les pregunten a sus jugadores.
La leyenda del tiempo
El primer partido de Sloan al frente de los Jazz fue contra los Dallas Mavericks, el mismo equipo contra el que consiguió su victoria 1.000 en diciembre de 2006. En noviembre de 2008, además, se convertía en el primero en llegar al millar de triunfos con una única franquicia. Entre medias, más de un centenar de jugadores pasando por su pizarra, dos finales de la NBA (97 y 98), siete títulos de división y 19 temporadas de 20 posibles por encima del 50% de victorias. En la campaña en curso podría sumar otro título de división –estaban a dos triunfos de Denver con once partidos por jugarse– y con seguridad unos nuevos play offs –cuatro victorias de ventaja sobre el noveno–, por eso casi suena a broma oírle afirmar que «espero ver a mi equipo seguir creciendo y madurando».
El pasado 18 de enero Greg Miller anunciaba su renovación por una temporada más («es nuestro patrón de trabajo duro y consistencia»), la número 22. Quedó claro hace mucho que seguirá entrenando en Salt Lake hasta que quiera dejarlo; a pesar de sus 66 años, no parece que ese día esté cercano. Sloan asegura que el único momento en toda su carrera en que pensó abandonar fue tras la muerte en 2004 de su mujer Bobbye, novia desde el instituto y con la que llevaba casado 41 años. «De repente, mi trabajo no parecía tan importante», dijo, pero decidió continuar, tal y como le había exigido ella en vida.
El ‘bull’ original
Para entender mejor el carácter del Sloan entrenador basta conocer varios detalles de qué clase de jugador fue. Es considerado el ‘bull’ original, el primero al que Chicago escogió en el draft de expansión de 1966 –había sido rookie en los Bullets en la 65/66–. Allí permaneció diez años –a continuación sería scout, asistente y, durante dos temporadas y media, entrenador–, hasta que una rodilla le obligó a retirarse con 33 años y mucho combustible en el depósito. Pese a jugar como escolta y medir 1.96, lideró al equipo de Illinois en rebotes en su primera campaña. «La estatura no establece ninguna diferencia; el corazón, sí», razona. Luchaba hasta el último balón, defendía a jugadores mucho más altos y no hacía prisioneros. En el conjunto de su carrera promedió 14.0 puntos y 7.4 rebotes por partido, disputó dos All Star y fue incluido cuatro veces en el mejor quinteto defensivo.
Dick Motta, histórico técnico de Chicago, Washington y Dallas, afirmó un día que Sloan era «el mejor jugador que he entrenado nunca», y confesó una conversación harto reveladora de su exigente personalidad. «Él me decía: ‘mi equipo ya está 17 puntos arriba antes de empezar el partido: primero, voy a dejar a mi hombre 10 puntos por debajo de su promedio, luego voy a coger mis 10 rebotes, tres de ellos imposibles; voy a provocar tres faltas en ataque y voy a salvar un balón perdido que nadie podría esperar. Así que, antes de meter una sola canasta, ya vamos 17-0’». Mucho más locuaz de lo que se le conoce, pero destilando una filosofía del ‘camina o revienta’ muy reconocible en su trayectoria.
«Era uno de los tipos más duros que nunca he visto jugando», reflexionaba también el presentador Marv Albert; más de cuarenta años en el basket. «Tan desagradable como una serpiente», le describía su compañero en Chicago Bob Love. No es de extrañar, por tanto, que exija tanto a sus jugadores y que considere un crimen estar en la cancha sin poner el 100% de atención en lo que allí ocurre. Derek Fisher, base ‘jazz’ en la 2006/07, aportaba su propia explicación: «Creo que parte de él aún piensa que podría jugar, así que cuando empieza un partido la intensidad se le dispara».
‘Coach Mr. Hyde’
En un personaje que se ha sometido al desgaste de la competición tanto tiempo no se puede obviar que su manera de entender el baloncesto y la vida también ha levantado ampollas. El ex jugador John Amaechi no le dejaba en buen lugar en el libro ‘Man in the middle’, en el que hacía pública su homosexualidad. El pívot desvelaba diferentes encontronazos con Sloan, o entre él y el resto de la plantilla. «Es un hombre beligerante, cruel en muchos aspectos. Es el mejor entrenador para el que he jugado, pero, sin ninguna duda, la peor persona con la que me he encontrado en toda mi vida», escribió.
Lo que cuenta encaja perfectamente con las broncas y recados públicos a sus jugadores, como el que mandó hace unos meses después de perder en Boston: «creo que nuestros chicos no quisieron jugar más por dentro por miedo a hacerse daño». Recurrimos de nuevo al libro de Amaechi: «Tenía la arrogancia de un viejo pistolero que ha sobrevivido a tantas balas que nadie se atreve a desafiarle». Y así ha sido durante toda su carrera, desde que demostró en su debut que era el indicado para el puesto. «Nadie lucha con Jerry porque saben que el precio sería muy alto», explicaba una vez Frank Layden, su predecesor en el cargo. Y es que la palabra de Sloan, con poderes totales del fallecido Larry Miller –y ahora de su hijo Greg–, tiene prioridad sobre el peso de los contratos, a diferencia de en otros equipos.
«Yo no voy a perder mi trabajo porque vosotros no luchéis lo suficiente», sigue contando el libro del jugador británico. Se dice que una vez, durante una bronca de Sloan en el vestuario, Greg Ostertag le lanzó una bolsa de hielo, impactando ésta en la pared muy cerca de la cabeza del entrenador, que ni se inmutó y continuó con su exceso verbal.
Histórico y sin reconocimiento
No sólo Jerry Sloan es uno de los mejores entrenadores que nunca ha ganado un anillo, sino que ni siquiera ha recibido el premio de Entrenador del Año de la NBA, algo sorprendente, pues con Pat Riley y Phil Jackson son los únicos técnicos que han conseguido más de 50 victorias al menos en diez temporadas (12; pueden ser 13 este año). Byron Scott, Sam Mitchell, Avery Johnson, Rick Carlisle… Todos ellos sí lo tienen. Ni que decir tiene que no es algo que le obsesione lo más mínimo. «No me haría una persona diferente. He visto a muchos tipos ganar campeonatos y luego no se ha sabido más de ellos».
La rutina legendaria de Sloan continuará al menos temporada y media más. Lejos en el tiempo queda que su etapa en los banquillos empezó con seis derrotas en nueve partidos y que estuvo en serio riesgo de terminar prematuramente si no hubieran ganado a los Lakers del back to back un buen día de Navidad de 1988. También lejos el momento en que renunció al banquillo de su alma mater, Evansville, poco después de aceptar. Su sustituto y todos los jugadores que iba a entrenar murieron en un accidente de avión a finales de 1977. «Cuando lo miras con perspectiva, esto es sólo un juego».