Juan Carlos Navarro ha sido la piedra angular sobre la que el Barcelona ha cimentado su pase a la Final a Cuatro de la Euroliga, de la que estaba ausente desde 2006. El escolta ha jugado lesionado los dos últimos partidos de la serie en lo que podría calificarse como un acto de amor a un deporte a través de unos colores, trufado con algo de irresponsabilidad de cara a un futuro inmediato. Navarro se ha convertido en un héroe –si es que no lo era ya- para todo el barcelonismo; ha escrito una página en la que se han conjugado la épica y el deseo por llegar a una meta que hace unas pocas fechas parecía poco menos que inalcanzable.
Por otra parte, sería muy injusto para el trabajo colectivo quedarnos únicamente en la figura de Navarro. El Barcelona de Xavi Pascual es el equipo con mejor defensa de la ACB y eso ya merece un respeto; ha dejado al Tau en menos de 65 puntos en los tres partidos que le ha ganado, tarea nada sencilla tratándose de un equipo tan anotador como el Tau. También ha superado el Barça el factor psicológico que podía anular el en principio favorable factor cancha. Siete partidos seguidos llevaban perdidos los azulgranas, el último de ellos la semifinal de la Copa del Rey. Por si fuera poca rémora, en el primer partido el Tau le dio un soberano repaso y puso todo a su favor; el empate le sirvió al Barcelona para no morir y el uno a dos (sin Navarro) para darse cuenta de que era posible. El escolta pidió el alta voluntaria, jugó y llevó a su equipo a un triunfo inequívoco en el partido que tenía que haber llevado al Tau a la quinta Final a Cuatro consecutiva. En ese camino sin Navarro el Barça recuperó a Lakovic que regresó tras la operación con más hambre de balón que nunca. Se multiplicaron así las posibilidades ofensivas exteriores del Barcelona y Navarro, consciente en estos dos últimos partidos de que sería sometido a una defensa asfixiante, facilitó muchos huecos a los hombres de dentro abriéndose más de lo habitual y jugando menos el carretón por la línea de fondo, y también dobló muchos balones que en otras ocasiones se jugaba. Dejó al Tau sin muchos de los argumentos defensivos. Y por ahí empezó a desangrarse el equipo de Ivanovic, que corría en defensas tras unas avispas y se encontraba en ataque con unas segundas y hasta terceras ayudas que maniataban sus otrora resolutivos pick and rolls.
El Tau se queda así sin “su” final. Y es que muchos pensamos que este era el año del equipo vitoriano; en el que la madurez y la experiencia deberían ser fundamentales para desenvolverse en Berlín. Además, su trayectoria hasta la Copa del Rey fue algo más que brillante; la superioridad fue por momentos apabullante. Quizá la exuberancia de aquellos momentos la haya pagado ahora; una rotación de lujo pero corta ha perdido frescura y se le ha ido a agotar (o casi) la energía en el momento que más la necesitaban.
Estará el Barcelona en Berlín y lo hará por la puerta grande: habiendo derrotado a uno de los mejores de Europa, como sin duda también el Barcelona lo es. Un Barcelona al que le estará esperando el CSKA de… Ettore Messina. La vida tiene a veces estas cosas. El que podía haber sido su entrenador, ahora sigue al frente del actual campeón de la Euroliga y va a tratar de impedir al equipo español llegar a la final. Para ello a buen seguro que tendrá trazado un plan para minimizar los efectos de Navarro, un jugador que ha adquirido ya unas dimensiones extraordinarias, nunca alcanzadas por otro jugador español. Y no me refiero a su capacidad para anotar, a sus vertiginosos cambios de ritmo, a sus electrizantes movimientos con el balón controlado. Navarro ya es mucho más.
He estado estos días en San Fernando presenciando el campeonato de España Mini de selecciones autonómicas –del que daremos amplia información la próxima semana– y hay que ver la de chicos que utilizan la tiro de ‘la Bomba’ –que habría que rebautizarlo como ‘el tiro Navarro’ para que quedara constancia de quién lo inventó– con una naturalidad asombrosa. Es ya, sin enseñarlo los entrenadores, un elemento más de los recursos de los jugadores más pequeños que lo han aprendido de vérselo hacer a su inventor. Un recurso natural que ha calado rápidamente en una legión de seguidores. No hay partido de esta categoría en el que no se vean varios “Navarros” con un elevado porcentaje de acierto. Así pues estamos ante el único jugador español que ha sido capaz de innovar, de inventar en este juego. Y eso es más importante que ningún otro logro. Los partidos por las medallas y los títulos quedarán para la historia en vídeos; el juego de Navarro se inmortalizará en las generaciones que llegan. Una dimensión que sólo consiguen los genios. Enhorabuena por ello, Juan Carlos.