[Por David Carrol
Fotos: Getty Images]
Última actualización 05/05/2009@12:26:20 GMT+1
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Parece un típico guión de Hollywood. Casi predecible. Los Lakers estiran el relajante paseo por Beverly Hills con una segunda victoria clara (119-109, celebrando el 72 cumpleaños del legendario Jack Nicholson), van al infierno en las montañas de Salt Lake City para caer de forma dramática (88-86)… Y entonces sueltan el animal más mortífero de la tierra para que acabe con sus enemigos, sacándoles de las heladas cumbres mormonas. «He estado sentado a un lado, quizá demasiado, más de lo que debía». Pero claro, Kobe, que había hecho un triste 5 de 24 en tiros en el tercer partido, siempre vuelve: los 11 primeros tantos de L.A. fueron suyos, yéndose al poste para dirigir desde allí la operación de rescate (se fue hasta los 38 puntos). «Se podía ver claramente que ha salido con una misión que cumplir esta noche», explicaba resignado Deron Williams, cuyos 23 puntos y 13 asistencias fueron tan inútiles como los 23 tantos y 16 rechaces de Carlos Boozer. Nada que hacer cuando Mr. Bryant saca su mejor versión (94-108 final con los Lakers ganando por 19 entrando en el último cuarto). Dominio sobrecogedor.
Con la reserva llena
Piénsenlo: Kobe sólo ha tenido que aparecer una vez en los cuatro partidos de play offs que llevaban los angelinos al cierre de estas líneas. Sólo una. Lo demás eran simples castings, porque sus tropas no habían apretado el botón de alarma. Cuando lo tuvieron que hacer, se acabaron las bromas, la relajación. «Ha salido tremendamente agresivo. Se palpaba que quería dejar atrás el tercer partido». Gasol (primer ‘doble doble’ del play off, con 13 tantos y 10 rebotes) juega con esa tranquilidad que le da el saber que, como la cosa se ponga realmente fea, tiene un as letal escondido en la manga que ni todo el Jazz del señor Sloan (recuperó a Okur, pero el turco no anotó en 13 minutos jugados), ni casi nadie, puede contrarrestar. Y está descansado. Todavía no ha activado el modo ‘Exterminio’ en su sistema, pero lo hará. De momento se contenta con haber superado a Hakeem Olajuwon y John Havlicek en la lista de máximos anotadores de la historia de los play offs (ya es 7º).
El milagro del Jazz
«Es la misma jugada que llevamos haciendo durante 20 años, sólo que con gente diferente». Explicación simple pero cierta de Jerry Sloan para explicar el éxito de sus chicos en el tercer partido, en el que Boozer igualó un record de la franquicia en play offs con 22 rebotes (más 23 puntos, fue un dolor de muelas para Pau) y D-Will metía la canasta de la victoria tras un… Pick and roll. Uno más, y van millones de ellos. Tiene todo el mérito del mundo lo de estos cracks afincados en la conservadora Utah. Juegan muy bien a este deporte, desde una filosofía tan inamovible como eficaz, y le ha demostrado al mundo, aunque sólo sea por una vez, cómo meterle mano a estos Lakers: Presión ambiental, dureza en los bloqueos, forzar que Kobe se meta en luchas individuales contra todo el resto del mundo (rezando para que no salga airoso) y dejar al aire las miserias de suplentes como Walton, Shannon Brown o Vujacic en escenarios hostiles. Pero, sobre todo, el apretarles las tuercas aplicando el juego rudo, algo que odian. Ése es el camino pero, cuando sueltan ‘La Mamba’, hay poco que hacer.