Editorial
Última actualización 26/05/2009@11:44:59 GMT+1
Por Paco Torres
España acogerá el Mundial de 2014! Es una de las mejores noticias que podíamos recibir la gente del baloncesto español. Y también los aficionados del mundo. La FIBA puede estar tranquila: su elección ha sido acertada y comprobarán en su momento –como cada vez que se organiza un campeonato en nuestro país– que vamos a ser el anfitrión perfecto. Será el mejor Mundobasket de la historia. La noticia me pilló en Vitoria, presenciando el campeonato de España Junior; a través del móvil Dani Sainz informaba a Manolo Aller cómo iban las votaciones. El resultado final llegó en los últimos instantes del Unicaja y el DKV Joventut y los gestos fueron tales que parecía que habíamos celebrado una canasta de alguno de los dos equipos; luego llegó la ovación de público y jugadores cuando a través de megafonía se comunicó la excelente noticia.
Justo en ese momento en Vistalegre el Real Madrid se convertía en el tercer finalista de la ACB al derrotar con claridad al DKV Joventut. Aquella mañana precisamente pude conversar con Josean Querejeta y Dusko Ivanovic, presidente y entrenador del Tau Cerámica, que será el rival de los blancos en las semifinales de la ACB. Más que el rival a ambos lo que de verdad les preocupaba era el excesivo tiempo que iba a pasar desde que eliminaran al iurbentia Bilbao en cuartos de final y que comenzaran a disputar la semifinal. ¡¡11 días!! Una eternidad a estas alturas de la temporada cuando los jugadores y técnicos lo que quieren es jugar y no entrenar. Pues no sólo tienen que entrenar sino hacerlo prácticamente como si fuera una pretemporada. Una barbaridad. Me consta que en el entorno del Barcelona la preocupación es la misma. ¿No es un auténtico contrasentido que durante meses no haya un respiro, no puedan tener vacaciones ni en Navidad y ahora estén esperando tanto tiempo para jugarse nada menos que la Liga ACB? Es más: si alguno de los equipos semifinalistas se clasificaran en dos partidos… también tendría que estar más de diez días para disputar la final.
A mí particularmente me gusta que los cuartos de final de juegue al mejor de tres partidos, no ya las semifinales que pienso que deberían ser a cinco partidos; pero al margen de eso, lo que no es de recibo es que el periodo de tiempo entre una eliminatoria y otra sea como si se disputaran al mejor de cinco. Algo habrá que hacer de cara a la temporada próxima sobre la que la ACB está recabando información y pulsando opiniones sobre la posibilidad de eliminar los play offs y que el título se vuelva a dirimir por el sistema liguero de todos contra todos. Quienes abogan por esta solución alegan que así había más emoción. O no. ¿Quién asegura que un equipo no tome una ventaja de dos o tres partidos desde antes de la primera vuelta y la emoción se convierta en tedio? Pero entre una liga a doble vuelta y esta espera hay un término medio que es hacia donde debe tender esta convulsa ACB que aún no ha resuelto el cisma que se le viene encima con la invitación por parte de la Euroliga a que cuatro de sus equipos participe en la competición europea queden como queden clasificados en la ACB. No se puede dilatar más el diálogo entre ACB y Euroliga e incluso entre los propios miembros de la ACB. Quizá sería el momento de retomar el calendario en el que las distintas competiciones no se solapen –o lo hagan durante el menor tiempo posible– sino que se vayan sucediendo unas a otras. Quizá la ACB no debería empecinarse en que haya 18 equipos y posiblemente la Euroliga debería plantearse la posibilidad de eliminar de su calendario esas fases tediosas que marean tanto al aficionado.
Bueno será que entre todos ofrezcan soluciones porque quien no puede pagar tanto desencuentro es el aficionado que puebla las canchas. Tenemos el mejor baloncesto del ámbito de la FIBA y vamos a organizar un Mundial en un momento en el que posiblemente ya haya una decena de jugadores españoles compitiendo y brillando en la NBA. No podemos dilapidar ese inmenso caudal con competiciones que no reúnan todos los atractivos posibles y sean perfectamente compatibles. La estabilidad económica no sólo puede interpretarse desde la élite; la salud en las cuentas es deseable para todos y tan importante es para los cuatro invitados a una competición europea floreciente y segura como para el resto de clubes ACB.
Si a la gran noticia que nos llegó el sábado por la tarde desde Ginebra –gracias a la excelente labor de la FEB y las ciudades sedes– pudiéramos unir la clasificación de Pau Gasol y sus Lakers para la final de la NBA y que a Ricky le elige un equipo en el que pueda crecer –en el Mundial tendrá 23 años y ya puede llevar cinco temporadas en la mejor competición del mundo–, la semana habría estado muy cercana a la perfección. Quizá sea que nos lo merecemos.