Última actualización 02/06/2009@14:05:23 GMT+1
Brad Oleson no sólo se ha convertido en el jugador revelación de la temporada, también en uno de los más grandes descubrimientos en la historia de la ACB. A base de trabajo está a punto de dar el paso más grande de su carrera, aunque sólo haya 20 kilómetros entre Fuenlabrada y Madrid.
[Por Fernando MartínFotos: Javier López]
Esta entrevista es casi lo último que Brad Oleson (Fairbanks, 1983) hizo en España antes de regresar a su añorada Alaska para tomarse unas merecidas vacaciones. La última vez que cruzó medio mundo para volver a casa fue en febrero, cuando asistió a la retirada de su nº 23 en el instituto North Pole, en el cual estudió antes de ir a la Universidad de Alaska-Fairbanks (NCAA2). Sin haber jugado nunca antes en una primera división, ni siquiera entonces, Oleson ha sido el segundo máximo anotador de la ACB y –unánimemente– uno de sus mejores jugadores. Mucho más que un tirador.
Prácticamente ha calcado sus promedios de la LEB Oro (18.1 puntos, 2.5 asistencias, 67% en tiros de dos y 44% en triples esta campaña; 18.5, 3.3, 57% y 48% la pasada), con la considerable diferencia de nivel que ese cambio de competición conlleva. Y es que toda su historia con el baloncesto es extraordinaria. Cuando llegó a Santiago en 2005 cogió a un equipo que acababa de librarse del descenso a EBA y lo llevó a los play offs de ascenso a la ACB; luego, fichó por el club con el presupuesto más bajo de la Liga y lo reforzó de tal manera que luchó por las eliminatorias del título hasta el último minuto. Ahora, con 26 años, su destino le lleva al Real Madrid, donde debe explorar sus hoy desconocidos límites. «Ojalá mi carrera siga hacia arriba; que mi siguiente año sea aún mejor y así remplace los recuerdos de éste. Pero ya competir con todos los jugadores que veía por la tele cuando llegué a España (Bullock, Navarro…) es como… una pasada», explica con la misma sencillez con la que se desenvuelve en la pista. Brad Oleson, el hombre de los retos.
Reto nº 1: Continuar con su progresión
«Hemos tenido un final de temporada un poco decepcionante, pero creo que en general ha sido una gran campaña. Mucha gente me ha dicho que es una de las mejores del Fuenla en mucho tiempo, así que tendrán razón», declara. Y él ha sido uno de los responsables de ello. Muchos se preguntaron en septiembre si este escolta rubio de 1.91 podría mantener sus 16.6 puntos de media en pretemporada cuando de verdad importara y el efecto sorpresa se disipase; si de verdad valía el riesgo que había corrido su equipo («Quizás ahora puedes decir que yo lo valía, pero sigue siendo un gran riesgo fichar para la ACB a un americano que llega de LEB2, LEB… No sé si había pasado antes. He tratado de ser rentable para ellos»). No sólo mantuvo esos números, sino que los reventó marchando durante varios meses por encima de la veintena de tantos por partido, hasta que los tobillos le empezaron a incordiar. «He tenido mis altibajos, lesiones, problemas en algunos partidos… pero intento quedarme con los momentos álgidos».
Lo cierto es que a más nivel, mejor es su juego, una evolución improbable, ilógica, con 26 años. «Mis compañeros lo hacen todo más fácil con sus bloqueos y pases. Se lo debo a ellos», explica con tremenda humildad. «Jugar para Luis Guil me ha hecho mejorar mucho, porque me ha dado muchas oportunidades para hacer lo que sé. Yo veo cómo atacan otros equipos y definitivamente agradezco jugar para Luis. Creo que es un gran entrenador con un futuro muy brillante». Y sus buenas palabras hacia el Alta Gestión parece que no tienen fin. «Yo vengo de Alaska, de una ciudad pequeña, muy lejos del ‘showbusiness’. Aquí encontré un modo de vida que me gusta. Además, rodeado de grandísimas personas, desde el presidente hasta el último empleado del club».
Su muñeca ha rivalizado incluso con la de un killer en plena madurez como Igor Rakocevic –sólo 56 puntos de diferencia entre ambos–, con el que cruzó unas palabras en la gala de presentación de los play offs. «Hablamos, pero no de eso. Me dijo que aquí las temporadas son muy largas y que siempre la primera mitad es más fácil que la segunda. Me dio las gracias porque le dije que me parecía un gran jugador… Es que es la verdad». Hubiera sido alucinante conseguir ser el máximo anotador en su debut en la ACB, ¿o no? «¿Qué si quiero ser el máximo anotador en el futuro? Nah, el año que viene lo único que importa es ganar. Yo quiero ganar un campeonato, tío. Es para lo que jugamos todos y por lo que se te va a recordar».
Reto nº 2: Triunfar en el Real Madrid
El presidente del Alta Gestión, José Quintana, lo confirmaba tras acabar la temporada de su equipo contra el DKV Joventut. Lo de Brad con el Real Madrid está «prácticamente hecho». Que la otra parte no se haya pronunciado oficialmente ante lo obvio responde a que todavía está en competición y los jugadores que aún no conocen su futuro merecen respeto. Oleson también es cauto… por lo que pueda pasar. «No sé qué decir… Si todo se hace la próxima temporada va a ser muy ilusionante. Por supuesto quiero jugar al nivel más alto y disputar la Euroliga… Es otro paso hacia arriba en mi carrera y por eso voy a trabajar duro este verano», explica. Los veranos, los largos días de verano en Alaska –hasta 22 horas de luz solar en su ciudad–, uno de los secretos de su increíble trayectoria, siempre paso a paso, escalón a escalón… hasta el gran salto. «Este sería el más importante de mi carrera. Fichar por el Real Madrid… quizás me esté saltando algún paso (risas). Así que espero poder estar a la altura del reto; sólo pienso en trabajar y jugar lo más duro que sé».
Sus mágicos pies, siempre bien orientados para el siguiente movimiento, son una de las razones de su éxito, y él ya se encarga de mantenerlos bien anclados al suelo. «¿Que si estoy listo para el Madrid? Lo veremos el año que viene; te lo haré saber. Tienen grandísimos jugadores así que eso probablemente hará mi trabajo más fácil y me quitará presión. Yo intentaré encajar bien y hacer a mi equipo ganar partidos». Cuatro años en España le han dado para entender lo que significa el club madridista, para lo bueno y para lo malo, y ahora mismo todo lo que se relaciona con él acaba salpicado, sin comerlo ni beberlo. La primera dentellada, que los rumores del fichaje afectaron su juego; obviando, claro, el sacrificio realizado, por ejemplo, contra el Tau, cuando tras anotar 20 puntos en un partidazo se retiró a vestuarios con lágrimas al recaer en sus problemas físicos. «Todo eso no me importa. Yo me hice daño en los tobillos el día del Estudiantes [j. 24], pero es igual, a mí no me gusta poner excusas. Me atasqué en varios partidos, ya está. Como jugador no puedes estar pendiente de lo que dicen o escriben de ti; sólo luchar contra las lesiones y dar lo mejor en el parquet».
Reto nº 3: ¿Entrar en la selección?
Su agente Emilio Durán nos confirmaba hace unas semanas que si todo marcha correctamente al final del verano Brad Oleson será ciudadano español, algo de lo que se viene hablando tiempo atrás porque supondría que el escolta de Fairbanks –no Anchorage como reza en la guía oficial de la ACB– entraría en la órbita de la selección. Otro enorme reto. «Es una posibilidad; a ver lo que ocurre este verano, pero yo no quiero comentar mucho sobre ese asunto. Veremos lo que pasa», dice con una prudencia muy lógica, pues tanto un asunto –el burocrático– como el otro –la llamada de Scariolo– no dependen de él.
El de Alaska prefiere centrarse en lo práctico, en el día a día y en seguir asombrando, ya sea con una serie tremenda de triples o con un mate estratosférico en la cara de un siete pies (véase Joel Freeland). «Siempre he sido capaz de saltar así. Me ha pasado muchas veces. Estar jugando en verano, hacer un mate y dejar a la gente con la boca abierta: ‘ey, ¿qué ha pasado aquí?’ Y en la ACB, lo mismo. Mírame, físicamente no parezco… un jugador de baloncesto. Camino con los pies un poco hacia fuera, mi pecho es un poco prominente, así que no me parezco a un jugador de baloncesto al uso (risas)». Oleson, una mezcla letal de humildad, trabajo y talento.