Chuck Daly
Última actualización 02/06/2009@14:19:12 GMT+1
Hace unos días, un cáncer de páncreas de llevó al legendario entrenador. Desde GIGANTES rendimos nuestro particular tributo al que fue técnico del mejor equipo de la historia, la selección estadounidense en los Juegos Olímpicos de Barcelona.
[Por Antonio GilFotos: Getty Images y Gigantes]
El vacío dejado por su muerte nunca será llenado. Chuck hizo mucho más que dirigir partidos de baloncesto. Su amor por este deporte ayudó a desarrollar una nueva generación de entrenadores». Estas palabras con las que despidió David Stern, comisionado de la NBA, a Chuck Daly al conocer su fallecimiento lo dicen todo. El técnico que llevó a los Detroit Pistons al ‘back to back’ del 89 y 90 y que dirigió a un Dream Team de Barcelona 92 que hizo soñar a medio mundo, fue mucho más que un simple entrenador atado a una pizarra. Fue alguien especial dentro de la NBA y, sobre todo, en el trato con los jugadores.
Siempre se ha hablado de lo maravilloso que fue ver a esa pléyade de estrellas que formaron la selección de Estados Unidos de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Jordan, Barkley, Magic, Bird, Ewing, Malone... Todo un compendio de astros y complicadas personalidades que funcionaron como una máquina perfectamente engrasada, sin que existiera un solo ápice de tensión entre egos ni arrebato alguno de afán de protagonismo individual. Bien, pues gran parte del mérito de aquello, si no todo, hay que atribuírselo a un Chuck Daly que ahora nos dice adiós a los 78 años de edad. «Fue un gran entrenador, que sabía perfectamente como tratar a los jugadores. Era muy divertido estar a sus órdenes». Lo dice Pat Ewing, un miembro de aquel Dream Team que cambió el concepto de baloncesto internacional. «No puedo explicar lo mucho que me aportó como jugador y persona. Es una pérdida irreparable para la NBA y el mundo del baloncesto». Lo dice Isiah Thomas, uno que se quedó fuera de aquel equipo pero que estuvo bajo la pizarra de Daly en los Detroit Pistons. Distintos escenarios pero un mismo sentimiento en lo que significó el fallecido técnico para este deporte y para todos aquellos que no tocaron directamente.
Mediador por naturaleza
Durante sus 14 temporadas en la NBA, Daly obtuvo un récord de 638 victorias y 437 derrotas. Sin embargo, su mayor virtud residió en la capacidad del entrenador para saber apaciguar los ánimos en vestuarios con un alto riesgo de choque de personalidades y caracteres. Echando un vistazo a ciertos nombres propios de los ‘Bad Boys’ de Detroit de finales de los 80, tales como Dennis Rodman, Isiah Thomas o Joe Dumars, es para ponerse a temblar. Pero Daly supo manejar la situación mejor que nadie y hacer a todo el mundo ser feliz con su rol en un equipo que se enfundó el anillo de campeón de la NBA dos años consecutivos.
Todos los que han estado bajo la batuta de Daly coinciden en decir que, con él en el equipo, la armonía reinante en el vestuario no tenía nada que ver a la del resto de plantillas en las que habían estado. Daly ejercía de técnico, pero también de confidente, mediador y perfecto consejero de sus chicos, que le respetaban como a nadie se le ha respetado nunca en el complicado universo NBA. «Ésta es una liga de los jugadores. Ellos son los que te permiten entrenar o no, así que en el momento que decidan no dejarte hacer tu trabajo estás fuera. Mientras, todo irá bien». Esta filosofía fue la que le hizo a Daly llegar hasta donde lo hizo, hasta lo más alto, ‘hasta donde sus jugadores le dejaron’. «Chuck entendía a las personas tanto como al baloncesto, y por eso era tan respetado por los jugadores», comento Joe Dumars sobre el secreto de Daly para llevar a sus chicos hasta la élite del basket mundial.
Lo mismo que el entrenador consiguió con los rebeldes Detroit Pistons, lo hizo también como mente pensante de una selección de USA que en realidad era una bomba de relojería si no se llevaba correctamente desde el banquillo y el vestuario. Era un ‘invento’ que podía haberse convertido en un fiasco si no llega a ser por la mediación de un Chuck Daly que se ganó la admiración del mejor equipo que ha pisado nunca una cancha de baloncesto. «Jugar para Chuck fue magnífico. Me he enfrentado muchos años a él en la NBA y siempre tenía a su equipo perfectamente preparado y listo para el partido. Era un gran entrenador». Quien lo dice es un Larry Bird que sufrió durante mucho tiempo la dureza de los chicos de Daly en sus propias carnes y que se colgó una medalla de oro olímpica bajo sus órdenes. La perfecta muestra de las diferencias de jugar para él y contra él.
Maestro y ejemplo a seguir
Chuck Daly fue también todo un icono para sus compañeros de profesión, es decir esos que se desgañitan en los banquillos intentando que las cosas funcionen. Integrante del Hall of Fame y miembro de los diez mejores entrenadores de la historia de la NBA, anunciados con motivo del cincuenta aniversario de la Liga, Daly fue durante mucho tiempo un espejo sobre el que se miraban muchísimos técnicos de la mejor liga del mundo. «Fue un mentor y un gran amigo. Me enseñó mucho y ahora lo voy a extrañar». Quien habla es uno de las personas que más cerca estuvo de Daly como asistente suyo en los Pistons, Doug Collins. Como él piensan muchos más.
El caso es que los logros alcanzados por Daly son producto de un largo camino como entrenador jefe, desde los banquillos universitarios del Boston College y Pennsylvania hasta los de la NBA en Cleveland, Detroit, New Jersey y Orlando, después de haber sido asistente de Billy Cunningham en Philadelphia. Todo esto para alcanzar la gloria absoluta al convertirse en el primer entrenador en conseguir un título NBA y una medalla olímpica. ¿La mejor motivación para conseguir esto? La desveló hace tiempo el propio Daly, «yo siempre era el hombre más feliz del gimnasio». Normal que alguien así dejase su huella en todos sitios, hasta el punto de que los Pistons retiraron, en enero de 1997, el dorsal número 2 en honor a los dos campeonatos consecutivos ganados por el técnico. Esa misma noche, Daly recibió, de manos de un Rick Mahorn que estuvo a sus órdenes, el mejor piropo que posiblemente pueda recibir un miembro de cualquier grupo: «Sin ti, no hubiéremos existido nosotros». Descanse en paz.