Sergio Scariolo
Última actualización 09/06/2009@12:06:57 GMT+1
Hablamos con el seleccionador español y entrenador del Khimki cinco días antes de que cogiera el avión con destino a España y tan sólo tres desde que terminara su primera media temporada como entrenador del equipo de la Región de Moscú. Balance en clave rusa y proyecto inmediato en clave española.
[Por Paco TorresFotos: Emilio Cobos/FEB]
Nada más descolgar el teléfono nos pide que le disculpemos un momento y le oímos hablar fluidamente en ruso con algún interlocutor. «No entiendo nada de ruso, evidentemente, pero se te ve muy suelto hablando», «Si hombre, ya me defiendo».
Gigantes: Aunque suene raro después de perder una final de Liga, hay que felicitarte porque el gran objetivo era meter a tu equipo en la Euroliga y al ganar la semifinal ya lo conseguiste.
Scariolo: Muchas gracias. El hecho de jugar la final contra el CSKA, que está a otro nivel, ya es importante. Hay tanta diferencia… Ganarle un partido en una final ya es mucho; el primer partido nos lo birlaron de una manera escandalosa, en el segundo no hemos existido y el último, después del esfuerzo por ganar el tercero, no podíamos más. Con lo que tenemos nosotros y lo que tienen ellos era muy complicado por no decir imposible hacer más.
G: ¿Satisfecho con la temporada?
S: Yo estoy muy contento de la temporada; con la plantilla que se había confeccionado y con las dificultades que surgieron en forma de lesiones, creo que lo único que nos ha fallado ha sido el último cuarto ante el Lietuvos en la final de la Eurocup. Así que ahora aquí en el club están muy contentos. Se ha celebrado con fuegos artificiales en la ciudad; a mí me suena un poco raro, pero mira, ellos están muy felices.
G: Después de perder aquella final en Turín, supongo que tú y la plantilla estaríais muy presionados, ya que no os quedaba otra opción para entrar en la Euroliga que, al menos, ser finalistas en la Liga.
S: Más que una presión real comunicada con palabras y con hechos, ésta venía dada porque sabías que la continuidad del proyecto dependía de la clasificación para la Euroliga y todos éramos conscientes de que la única oportunidad era la de clasificarnos para la final.
G: Así que la semifinal contra el San Petersburgo debiste vivirla algo más que intensamente.
S: Ganar esa semifinal fue algo muy distinto a una alegría. Fue una sensación de decir ‘ufff..., menos mal’. Fue quitarse un peso de encima. Me recordó a mi primera Liga con el Scavolini a los 29 años. Luego te alegras, claro, pero la primera sensación es la de liberarte de una mochila muy gorda.
G: Supongo que la obligación de tener a dos jugadores rusos en la cancha condiciona mucho. ¿Te ha afectado como entrenador?
S: Ya lo creo. Porque ya no es el mérito o la táctica la que determina la presencia en el campo de los jugadores, sino que es este factor y la matemática de tener en la cancha a dos rusos. Y claro, no es lo mismo tener a Holden y Khryapa (ambos en el CSKA) que estarían en la rotación de cualquier equipo del mundo, que a otros rusos que no son tan fiables como para asegurarte que pueden estar en cancha 25 minutos; de esta manera el tema se complica mucho. En mi situación, que tengo jugadores jóvenes como Mozgov, Ponkrashov y Shabalkin, que por edad son irregulares, y a McCarty que ya tiene 33 años, tienes que hacer encaje de bolillos. Las faltas además muchas veces te condicionan totalmente.
G: ¿Lucharás por abolirla?
S: A mí desde luego no me gusta nada. Es un proteccionismo que no es real porque los jugadores mejoran poniéndole obstáculos más altos, no bajándoselos. Al tener una plaza garantizada la ambición se va diluyendo y eso no es bueno para el baloncesto ruso. ¿Luchar? Lo que hay que tratar es de que no empeore, que no quieran poner a tres. Los equipos ya estamos trabajando sabiendo que seguirá en vigor.
G: ¿Y ya tienes las cosas enfocadas para la temporada que viene?
S: Las ideas las tenemos bastante claras, aunque ahora hay que ver si éstas están adecuadas al presupuesto que vayamos a tener. Es un año en el que hay que ser muy lógicos y muy racionales; seguramente habrá un recorte y tendrán que hablar con los jugadores para tratar de ajustar algunos contratos que se han quedado muy desfasados respecto a la nueva realidad económica que vive el mundo. Ahora mismo es un momento más de definición económica que de planificación técnica. Las ideas del cuerpo técnico ya se las hemos comunicado al club, ahora hay que ver cómo las pueden encajar en el marco económico.
España, vacaciones, selección
G: Antes de regresar a España te encuentras con la noticia de que Calderón no acudirá al Eurobasket por problemas físicos. ¿Ha trastocado en gran medida tus planes?
S: En primer lugar, ésta es una malísima noticia para el jugador y también para mí. Lo tuve de niño en el Tau y ya tuve entonces la impresión de que es un chaval especial a nivel personal y, por supuesto, a nivel técnico. Ya se puede cantar misa y decir que el nivel de jugadores en el puesto de ‘uno’, de ‘dos’ y de ‘cinco’ es muy alto respecto al ‘tres’ y al ‘cuatro’, pero también hay que decir que no es lo mismo poder o no poder elegir a Calderón. Claro que hay jugadores con garantías y solvencia para completar el puesto de base, pero decir que es igual que esté o no Calderón es un insulto a la realidad. Dicho esto, el discurso se termina aquí porque Jose tomó su decisión y no hay que darle más vueltas.
G: ¿Y a la posibilidad de que Pau Gasol no acuda y de que Navarro se opere hay que seguir dándoles vueltas?
S: Ya de entrada, en esta selección hay condicionantes que comenzaron con la salida de Carlos Jiménez, que es otra pérdida fundamental en muchos sentidos, y lo dice uno que le ha entrenado dos años y sabe lo que Carlos aporta a un equipo y a un grupo humano. Y ahora, lo de Calderón. Por eso las consideraciones que se hacen no llevan a ningún sitio hasta que no se tenga claro que va a pasar definitivamente con las disponibilidades de todos los jugadores. A partir de ahí, sacaré las conclusiones. Si necesitamos más tiempo de reflexión, nos lo tomaremos. No siento ninguna obligación, ni nadie me la pone, de planificar un caso A, un caso B o un caso C. Es mejor esperar y tomar las decisiones oportunas con todos los datos en la mano. Esto no quiere decir que estemos mirándonos el ombligo o tocándonos las narices esperando a ver qué pasa. Trabajamos, recabamos información, vemos partidos, y cuando tengamos el cuadro completo de las disponibilidades tomaremos la decisión conforme a lo trabajado.
G: ¿Sigues barajando el mismo número de jugadores con los que empezaste tu tarea como seleccionador?
S: No, no. Hemos bajado a unos 17 o 18.
G: Y cuando convoques a los jugadores, ¿determinarás previamente los doce elegidos y los distinguirás de los invitados, o decidirás los 12 después de haber trabajado con ellos?
S: Mi deseo, como el de todos, sería tener una definición en el momento en que se comenzara a trabajar.
G: ¿Y que fuera conocida los jugadores?
S: Por supuesto. Eso sería lo ideal, pero ninguna selección lo hace. Todo el mundo hace cortes progresivos. Con esto quiero decir que tampoco es una tragedia que haya un número más alto con las mismas opciones en principio que los que luego pueden llegar al Europeo. Dependerá de las disponibilidades reales, y si luego tenemos que aclarar dudas de carácter técnico o de carácter físico, pues no pasará nada, no se muere nadie por eso.
G: A más corto plazo, ¿cuál es tu plan inmediato? ¿Tomarte algún respiro?
S: No, no. Me dedicaré a ver las semifinales y final de la ACB y quizá alguno lo haga en directo, aunque la cobertura por televisión es la máxima y la ideal. El hecho de estar con mi familia en Marbella, aunque tenga que estar unas horas trabajando, ya lo considero como vacaciones. Por supuesto que me reuniré el primer día con mis colaboradores y superiores para concretar algún detalle y progresar en temas técnicos, pero no en cuanto a técnica pura y dura, que eso vendrá más adelante, sino en criterios de selección.
G: ¿Tendrá la selección el ‘sello Scariolo’?
S: No es mi objetivo. Mi objetivo es ayudar, al igual que ya lo hicieron otros antes que yo, a un grupo de jugadores que, como se ve no es ni será el mismo, a hacer un equipo que rinda de la forma más eficaz posible. Si por sello se entiende que se juegue en equipo y a que el rendimiento defensivo en general sea alto, y en ataque la pelota circule porque los jugadores se la pasen con creatividad y generosidad, pues procuraré que lo tenga, pero no por tenerlo en sí, sino porque el baloncesto de hoy te lo exige. En ese aspecto es muy importante que tengan una experiencia que garantice que pueden jugar bajo presión y a nivel internacional, cosa que algunos tienen y otros carecen.
G: ¿Primarán estas premisas en el criterio de elección?
S: El criterio de elección irá en ese sentido porque es indudable que vamos a perder experiencia. A mí en ningún momento se me ha pedido un recambio generacional y la idea es tener un máximo de competitividad para luchar por las medallas y con la ambición de hacer el mejor papel posible. Bajo esas premisas se me contrató y esas premisas son las que tiene que tener un equipo serio y ambicioso. Es más serio y útil trabajar bien para ganar que proclamar que vamos a ganar. A mí me han educado más en esta lógica: demostrar lo que soy con mis acciones en la cancha y no con palabras.