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Hemeroteca :: Edición del 09/06/2009 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 09/06/2009@12:46:38 GMT+1
Chris Andersen y Marcin Gortat, especialistas secundarios de Nuggets y Magic, han sido mucho más necesarios de lo que nadie hubiera podido esperar. Extraños y decisivos elementos.

[Por Fernando Martín
Fotos: Getty Images]
Mucho en común. Ninguno llega al millón de dólares por temporada, ambos atravesaron por unos duros inicios en el basket y, por descontado, nadie les tuvo en cuenta para determinar cómo serían estos play offs. Sin embargo, su trabajo como especialistas defensivos en Denver y Orlando ha sido fundamental en el gran rendimiento de ambas franquicias esta campaña. Son la quintaesencia del jornalero de la NBA que se resiste a la condición de secundario con todas sus ganas. El ‘pájaro’ y el ’martillo’.

Andersen, el ave fénix
Volvió de una sanción de dos años por consumo de drogas convertido en mejor jugador de lo que nunca fue. El ‘hombre pájaro’, noveno en la votación de Jugador Defensivo del Año de la NBA, ha tenido mucho que decir en la temporada de Denver, donde muchos aficionados se indignaron hace un año cuando se ‘regaló’ a Marcus Camby a los Clippers. El renacimiento, de Chris Andersen –y el de Nenê– ha hecho que el juego interior del equipo de George Karl supere al de la mayoría de sus rivales simplemente por agresividad. «Le miro y tengo que decir gracias; es un regalo de los dioses. Nunca pensé que pudiera jugar así», reconocía el técnico. Y es que sus 6.2 rebotes y 2.4 tapones por partido en apenas 20 minutos en pista son un registro de mucho nivel. Más si se tiene en cuenta de dónde viene.
‘Birdman’ recibió en 2006 su cuarta sanción por violar el programa antidrogas, en esa ocasión, por consumir una ‘droga de abuso’ no especificada –categoría donde se incluyen cocaína, heroína, anfetaminas…–. Lo peor es que tras ese resultado se escondía una adicción que el jugador tuvo que solucionar en esos dos años fuera del basket –pidió en repetidas ocasiones una reducción, pero nunca obtuvo la gracia de la Liga–. Fue en Denver donde se rehabilitó como persona y en Denver donde se ha vuelto a sentir jugador de la NBA. «Cuando estaba fuera de las canchas sólo pensaba en que ante todo al regresar quería ser una verdadera amenaza en defensa», dice el pívot de 30 años. Lo ha conseguido y, además, se ha ganado el respeto que antes no tuvo.

Gortat, el hijo del boxeador
Sólo se pronunciaron tres nombres después del del Marcin Gortat en el draft de 2005. Desde la posición 57, su incorporación a la NBA, entonces con una tarjeta de presentación de 5 puntos y 4 rebotes de media en la Liga alemana –con el Koln; coincidió con el verdinegro Mallet–, era más que improbable. Cuando posteriormente Phoenix traspasó sus derechos a Orlando a cambio de ‘calderilla’, sus opciones seguían siendo exiguas. Y cuando por fin se hizo un hueco en el roster de los Magic a base de trabajo sordo –el suyo es el penúltimo salario de la plantilla–, sus posibilidades de tener minutos importantes, como teórico suplente de Dwight Howard, parecían imposibles. Contra todo eso ha luchado y salido vencedor el pívot polaco de 2.13 y 25 años, cuyas aportaciones en temporada y play offs han estado muy por encima del cálculo más optimista.

Las lecciones sobre dureza y trabajo que le enseñó su padre Janusz, boxeador, ganador de sendas medallas de bronce en los Juegos Olímpicos de Munich’72 y Montreal’76 en la categoría del peso ligero. Tópico o no, Gortat es un verdadero fajador. Ha ganado 10 kilos de músculo desde su llegada a la NBA en 2007, dedica más horas que nadie a entrenar y sufre en cada sesión la ingrata tarea de medirse a Howard. Es en gran parte responsable de que en esta campaña Orlando tuviera un balance 3-1 sin ‘Superman’, pues en tres de esos partidos Gortat firmó un doble-doble; el más sonado, en el sexto partido de primera ronda en Philadelphia, donde ‘el martillo polaco’ hizo 11 puntos, 15 rebotes y 4 robos. «Sabiendo lo bueno que es Dwight, no perdemos tanto en defensa y rebotes cuando es Marcin el que está en pista», ha reconocido su técnico Stan Van Gundy. Y eso son palabras mayores.

Pese a sufrir muchas novatadas de sus compañeros a su llegada, el pívot nacido en Lodz –una de las sedes del próximo Eurobasket, donde debería ser parte de su selección– se ha convertido en un favorito de la grada de Orlando y en una pieza apetecible para un buen número de franquicias escasas de presencias interiores como él, ya que este verano será agente libre restringido. «No tengo ninguna intención de ser el suplente de Dwight toda mi vida; y sé que nunca le ganaré el puesto en la rotación».
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