Última actualización 16/06/2009@18:40:54 GMT+1
Tuvieron que esperar a los últimos segundos de la Final a Cuatro de Fuenlabrada, pero en Alicante finalmente pudieron presumir orgullosos, al grito de ‘Yes we can’, de ser otra vez equipo ACB.
[Por Antonio GilFotos: LOF]
Después de dos años de periplo por la LEB Oro, el Lucentum Alicante por fin ha podido materializar el sueño de su retorno a la primera competición española. Para ello tuvieron que emplearse a fondo en los play offs por el ascenso y, sobre todo, en la Final a Cuatro celebrada en Fuenlabrada el último fin de semana de mayo. Ahora ya en frío, aunque aún con la resaca de las celebraciones, en la ciudad del Mediterráneo pueden estar orgullosos de volver a estar entre los grandes del baloncesto español.
La racha victoriosa con la que Alicante empezó la temporada, ganando los primeros nueve partidos, hizo que el nombre del Lucentum apareciese de entrada como el gran favorito para hacerse con la primera plaza de la competición, que significaba el ascenso directo a la liga ACB. Sin embargo la campaña no fue ni tan fácil como se preveía en un principio ni tampoco un camino de rosas. Más bien, las cosas se fueron complicando a medida que avanzaba la temporada.
Cuesta abajo tras el ecuador
La derrota cosechada por los chicos de Óscar Quintana en la jornada 19, que significaba el final de la segunda mejor racha de victorias del equipo (6 partidos ganados de forma consecutiva), fue también el inicio de un pedregoso camino para el Lucentum hasta el final de la liga. Llegados a la mitad de la campaña, el conjunto alicantino perdió la línea recta que llevaba como rumbo a lo largo de la primera vuelta y comenzó un zigzagueante sendero, en el que victorias y derrotas se sucedían de forma irregular.
En la jornada 26, el Club Melilla Baloncesto pasaba como una apisonadora por encima del Alicante y le hacía perder el liderato de la competición a favor de un C.B. Valladolid lanzado y que había ido reduciendo distancias con los de Quintana. Aquí empezó una nueva temporada para el Lucentum, que vio como la ventaja con sus perseguidores había expirado y, prácticamente, daba comienzo una nueva ‘minicampaña’ de ocho partidos. Todo lo conseguido anteriormente casi no tenía valor y ahora todo era cuestión de una dura batalla contra el Valladolid y, en menor medida, contra el Melilla.
Apasionante recta final
La casta y la entrega del Alicante quedó patente en el último empujón que dio el equipo de Óscar Quintana para intentar acabar la temporada en primer lugar, y presentarse en la ACB por la puerta grande y evitando los peligrosos play offs.
Melilla pronto dejó vía libre a los dos caballos ganadores que demostraron ser Alicante y Valladolid. El partido que enfrentó a ambos, a falta de siete jornadas para el final, se resolvió con victoria pucelana. Pero el Lucentum no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer y apretó los dientes, manteniéndose en la lucha hasta el final. Sin embargo, a pesar del esfuerzo alicantino, las cinco victorias conseguidas en los últimos cinco partidos fueron insuficientes y en Alicante tuvieron que tomar los play offs como camino alternativo para conseguir el ascenso. El equipo había demostrado estar bastante equilibrado en todas sus posiciones, pero el cara o cruz de las eliminatorias por el ascenso no sería precisamente un juego de niños.
Éxito sufrido
En cuartos de final, el Lucentum tuvo que verse las caras con un Ford Burgos impredecible, que cedió el primer partido de la serie por 20 puntos, pero puso contra las cuerdas a los de Quintana tras vencerles en el segundo. El tercer y definitivo encuentro fue en Alicante y se decantó sin complicaciones para los de casa, que no dieron opción a su rival en ningún momento. El destino ACB estaba un paso más cerca, pero antes había que hacer dos escalas más, ambas en Fuenlabrada, en forma de semifinal y final.
El C.B. Villa de Los Barrios fue la primera piedra para el Alicante. El equipo levantino tuvo que esmerarse a conciencia para derrotar al conjunto del MVP de la LEB Oro, Ricardo Guillén, al que anularon desde el inicio. El partido tuvo que esperar hasta los segundos finales para dar con un ganador y éste fue precisamente un Lucentum que, por obra y gracia de Kyle Hill, se presentó en la final. Una vez allí, los jugadores dirigidos por Quintana se marcharon por hasta 18 puntos, pero vieron como su ventaja desaparecía en los últimos minutos. Sin embargo, el objetivo común del ascenso y la mágica muñeca del mismo norteamericano que metió al equipo en la final predominaron e hicieron posible que el champán se descorchase en el vestuario. Después de mucho sufrimiento y algún que otro sobresalto, Alicante volvió a la ACB con la cabeza bien alta. Un claro ejemplo de que el trabajo duro da frutos.