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Hemeroteca :: Edición del 23/06/2009 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 23/06/2009@11:39:29 GMT+1
Por Paco Torres

Conocí a Xavi Pascual, entrenador del Barcelona, equipo al que acaba de llevar al campeonato de Liga ACB, el pasado mes de julio en Tenerife, durante el campus de CajaCanarias. Allí, en Garachico, le hice una entrevista. Me pareció una persona afable que parecía tener muy claro el juego que quería desarrollar con su equipo. Me pareció excesivamente seguro, hasta el punto de que interpreté que era quizá una manera de defenderse de los que pudieran/pudiéramos pensar que a fin de cuentas era un recién llegado a la ACB y que iba a manejar una plantilla formada con uno de los presupuestos más altos del baloncesto europeo. Hasta me pareció un pelín arrogante. He de confesarlo: durante buena parte de la temporada pensé que el equipo quizá le viniera un poco grande: la vuelta de Navarro, el fichaje de Andersen... Obligaba a mucho ese grupo de jugadores que no parecía funcionar excesivamente acompasado. Escribí por aquellos meses que el Barça tenía una excesiva dependencia de Navarro y que el ataque se desarrollaba al ritmo del escolta; el partido de la primera fase de la Euroliga, disputado en Vistalegre a finales de enero, en el que Navarro se estrelló en los tres últimos ataques contra la defensa del Real Madrid pareció confirmar esa teoría.

Tenía no obstante aquel equipo una virtud para la que parecía no estar especialmente dotado hombre por hombre: la defensa. Y cuando un equipo defiende bien es que su cuerpo técnico trabaja. Si el ataque funciona puede imputársele al talento natural, pero la defensa hay que trabajarla. Y el Barcelona ha desarrollado una gran capacidad defensiva durante todo el año. Es intensa; las primeras y segundas ayudas las realizan con gran exactitud y han llegado hasta donde otros equipos de la ACB no lo han hecho.

Precisamente ante un equipo muy pertrechado atrás el Barça se ganó el pase a la Final a Cuatro de la Euroliga. Ese equipo era el Tau y para lograrlo tuvo que vencer en el Buesa Arena; ahora, para ganar la ACB lo ha vuelto a hacer, así no vamos a pensar que este Barcelona –que perdió claramente en la semifinal de la Copa del Rey ante el mismo equipo al que ahora ha arrollado después de ganar al Madrid en la primera ronda– ha sido un equipo que ha ido puliendo defectos; que ha demostrado que ha podido superar incluso tener en el grupo durante toda la temporada a un jugador como Barrett, fichado como estrella, sentado en el banquillo sin resentirse lo más mínimo; que ha ido ajustando piezas que por momentos parecían chirriar –Andersen– y que ha recuperado para la causa a un par de jugadores que parecían perdidos a mediados de la temporada pasada: Vázquez e Ilyasova.

Ha sabido también dosificar a Navarro, un jugador que necesitaba volver por la puerta grande tras su paso por la NBA y que ha terminado la competición en un estado de gracia ciertamente gratificante para el barcelonismo, que llevaba cinco años sin festejar el título de la ACB. Llega éste además en un momento muy oportuno: cuando su ancestral rival, el Real Madrid, se está rearmando hasta los dientes de cara a recuperar la gloria perdida. La cosa no deja de ser paradójica: a Madrid llega Ettore Messina, al que el año pasado el Barça dejó en la estacada; y lo hace además acompañado de Antonio Maceiras, un gestor formado junto a Salvador Alemany y Aíto García Reneses, impulsores del gran Barcelona de los años 80 y dominador luego del baloncesto español –es el club que más títulos ha conseguido en los últimos 25 años– que acaba de refrendar con su decimoquinto título liguero.

Así es que, con este atractivo panorama para el Barcelona, aparece en el horizonte inmediato un Real Madrid retador que puede llevar a estos dos históricos equipos a dirimir supremacías en España y en Europa. Falta hacía que aparecieran los dos otra vez al mismo tiempo –últimamente cuando estaba uno desfallecía el otro–, acuciados además por equipos poderosos, como el Tau y el Unicaja, que van a tratar de impedir que el baloncesto español vuelva a girar en torno al eje Madrid-Barcelona. Ya veremos de aquí al mes de octubre, pero de momento vamos a tener un verano caliente, con el Madrid de Florentino Pérez tirando de chequera y el Barcelona buscando reforzar su ya de por sí poderosa plantilla. El incipiente duelo entre Messina y Pascual –salvado a favor del primero en la semifinal de la última Final a Cuatro– se va a repetir muchas veces. Para fortuna del baloncesto español. De momento lo que toca es felicitar a Xavi Pascual y a los suyos. Felicitar al campeón. Felicitar al Barça.
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