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Hemeroteca :: 28/07/2009
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Editorial

La semana por Paco Torres

Última actualización 28/07/2009@11:45:54 GMT+1
Hace ahora diez años que el baloncesto español refrendó ante el mundo un oro que ya había conquistado un año anterior ante Europa. Era una generación de esas que salen cada muchos años –la anterior había sido la del 59 de Epi, Iturriaga, Romay, Llorente, Sibilio...– y que perduran unidas en el tiempo para seguir juntos conquistando glorias. En GIGANTES vivimos el final de aquella generación pionera y también el inicio de la del 80. Y lo hicimos de una manera muy cercana e intensa. GIGANTES fue el único medio que estuvo en Varna (Bulgaria) en 1998. Raúl Colorado y José L. G. Surrallés convivieron con el equipo como dos integrantes más. Colorado escribía ésto: ‘Apréndanse estos doce nombres; ya han hecho historia y están seguros de que darán mucho que hablar’. Vaya si lo hicieron. Historia y dar que hablar. La de Varna, menos celebrada que la de Lisboa, evidentemente, tenía algo muy especial: era la primera medalla de oro que conquistaba el baloncesto masculino español. Posiblemente sin aquella de Varna –ganando en un partido épico a la Grecia de Fotsis y Papadopoulos en la semifinal, y a la Croacia de Tomas, Stojic y Zizic en la final. Charly Sainz de Aja, el seleccionador que los llevó durante esos dos gloriosos años, decía entonces que «hemos hecho historia y seguiremos haciéndola». Efectivamente: doce meses después, la hicieron, también con GIGANTES de testigo. En aquel equipo de Varna estaba también José Manuel Calderón, un año más pequeño, que no pudo estar en Lisboa por una lesión.

Celebramos Lisboa, pero no se nos debe olvidar Varna. De aquel Europeo en el que comenzó todo seis jugadores –¡nada menos!– se colgaron el oro de Japón: Navarro, Gasol, Calderón, Felipe, Cabezas y Berni. Uno más (Raül) fue con ellos plata en los Juegos de Pekín. Todos menos Calderón intentarán conquistar el oro europeo –que tanto se resiste– en Polonia. Diez años después de Lisboa y once de Varna seguimos disfrutando de unos magníficos jugadores. Otros, recordados también en estas páginas, siguen jugando al baloncesto de alto nivel en equipos LEB o ya se han retirado, como Félix Herráiz, pero que sigue ligado al basket desde los banquillos. Quién es un desatino que no siga en primera línea es Charly Sáiz de Aja, el entrenador. Su frustrado y fugaz paso por el baloncesto ACB en el Estudiantes pareció lastrarle desde entonces. No estamos tan sobrados de técnicos, ya no digo en la ACB, pero sí en la base como para prescindir de alguien de su talento y talente. Que también cuenta. Y mucho.

Y con el recuerdo intenso de aquellos Juniors de Oro nos encontramos con esos mismos jugadores, más maduros, claro, pero igual de ilusionados y talentosos. Esos cinco jugadores (los nombrados, menos Calderón) que han sido convocados por Sergio Scariolo para el Eurobasket de Polonia y que tocaron el cielo en Lisboa pueden ampliar su leyenda si, junto a sus siete compañeros, son capaces de colgarse el primer oro al cuello. De ser así habrán invertido el orden establecido (primero el Europeo y luego el Mundial) para conquistar Europa tres años después que el Mundo. De ser así, estos cinco jugadores conseguirán duplicar medallas de oro en categoría junior y senior. Algo que nadie ha conseguido hasta ahora y que dudamos que en un futuro más o menos próximo alguien –y menos cinco, claro– pueda lograr.

A unos pocos días de que se concentre la selección en San Fernando (Cádiz) todos los indicios nos llevan a la conclusión de que esta vez, sí. No se va a escapar el oro como se escapó en el último suspiro del Eurobasket de Madrid. España tiene, sin duda, el mejor equipo de todos los que acuden a la cita europea. Reconocerlo no es meterse presión; es una realidad constatable. Eso no quiere decir que no tengan que trabajar duro para conseguirlo. Ninguna selección puede ser menospreciada y este grupo no lo hará, entre otras cosas porque el respeto siempre estuvo presente en todas sus acciones. Pero ningún equipo está a salvo de un tropiezo ante otro en teoría menos competitivo. Recordábamos antes a la generación del 59: tras ser medalla de plata en el Europeo de Nantes y en los Juegos de Los Ángeles, cayó en la semifinal del Eurobasket de Stuttgart en 1985 al caer ante u Checoslovaquia –con la que nadie contaba– en semifinales.

A pesar de las muchas bajas de los principales rivales –Kirilenko, Papaloukas, Diamantidis, Jasikevicius, Siskauskas, Kaukenas...– nadie se debe fiar. No lo hizo el nucleo de esta selección en Varna. Tampoco en Lisboa. Por eso ganaron en Tokio . Por eso ganarán en Katowice. Al tiempo.
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