Selección española U15
Última actualización 09/08/2009@18:52:53 GMT+1
Esta es una historia del crecimiento de un grupo que comenzó a convivir, en su mayoría, hace cuatro años. Es la culminación de una etapa crucial; es el adiós a la niñez de unos chicos llamados a jugar muy bien al baloncesto.
[Por Paco TorresFotos: Luis Fernando Portales,
Javier López y Paco Torres
Un elevado número de los jugadores que viajaron y compitieron en el Torneo de la Amistad en Nikiti (Grecia) disputará el próximo el Campeonato de Europa Cadete. Este ha sido el último formándose y compitiendo antes de volver a competir y seguir formándose, aunque en el futuro habrá una diferencia: les miraremos de otra manera. Y descubrirán, porque lo tienen que descubrir, que hay más cosas además de aprender, divertirse y competir. De alguna manera perderán la inocencia baloncestística. Es lo que toca. Todo el camino andado hasta ahora, en sus clubes, con sus entrenadores y el que tengan que andar en estos próximos doce meses; todo el camino andado hasta ahora en la selección española, con Josep Bordas como maestro y entrenador y el que tengan que seguir de la mano de otro seleccionador. Todo ese bagaje les va a servir para competir allá donde sea.
Ganar, perder… competir
En los intensos 10 días que compartimos, primero en la residencia del Colegio Aristos de Getafe y luego en un hotel de Nikiti de cuyo nombre preferí olvidarme, he refrendado algo que ya sabía desde hace tres años, cuando coincidí con una buena parte de estos jugadores, primero en El Collell en 2007 y luego preparando y disputando el BAM en Íscar y Sloven Gradec: es un grupo de personas magnífico. Acogen a los que van llegando al equipo, recuerdan a los que no fueron, son respetuosos entre ellos y con los demás, y son generosos, muy generosos. Esa es una cualidad que les llevará mucho más lejos en la cancha de lo que su menguada estatura pueda prever. Si conservan ese espíritu serán invencibles aunque pierdan partidos, porque se levantarán tras cada derrota. Ganar, perder… competir. A veces, en las esperas de los aeropuertos les cuento batallitas. De cómo alguien que aquí, en España, lo era todo se fue a Portland para no jugar. Pero sí para crecer y aprender. Sí, también se aprende jugando poco. Lo han podido comprobar; mejor dicho, lo comprobarán en el futuro aquellos que en Nikiti jugaron menos de lo que sus expectativas hacían prever según lo que venían jugando con sus equipos. ¿Quién a los 15 años no piensa que puede estar en cancha 40 minutos? Fernando Martín se llamaba aquél pionero. Ganar, perder… Les he contado que un tal Michael Jordan se pasó cinco años perdiendo partidos en los Bulls hasta que se pudo poner el primer anillo. Saben, esto sí lo saben porque lo han vivido, que Pau Gasol ha perdido y perdido en los Grizzlies después de ganarlo todo en el Barça, y ahora vuelve a ganar con los Lakers. Nadie podrá (ni deberá) colgarles etiquetas por haber perdido dos de los tres partidos disputados en Nikiti. De la misma manera que no nos escudamos en la cancha porque en nuestro equipo el techo era Rubén Muñoz (anda di unas palabritas cuando lesas esto, ‘Rúben’, como te llamaba Bordas) con 1.97 metros; los griegos le pusieron a Víctor González (tú mejor no digas nada, porque como empieces no hay forma de callarte…) 1.98, pero ya quisiera él… y nosotros. Pues eso, que mientras ninguno de los nuestros llegaba a los 2 metros, en Francia pasaban dos (techo 2.05), en Grecia ¡¡cinco!! y en Italia cuatro, con uno llegando a los 2.08 y sus dos guardaespaldas a los 2.07. ¿Saben lo bueno?: Jugamos mejor; mucho mejor.
Llegar jugando
Algunos jugadores llegaron a la concentración tan sólo doce días después de haber jugado el Campeonato de España de Cadetes; tres lo hicieron después de haber disputado 83 partidos (uno más que la regular season de la NBA); dos cayeron lesionados, Santiago Villena antes de empezar, precisamente en el Campeonato de España, y su sustituto, Jairo Blanco, en un partido amistoso contra el Canoe del 94 –que ganó muy bien– dos días antes de viajar a Grecia. Los dos en un dedo de la mano; uno derecha, otro izquierda. Habrá más ocasiones para ellos.
Pero al ‘llegar jugando’ que me refería es a la manera que enfocó Bordas el juego del equipo. No es nada fácil. Verán los jugadores los DVD’s en el futuro y se darán cuenta de lo fácil y bien que han interpretado un baloncesto dificilísimo de ejecutar. ‘Llegar jugando’ se convirtió en una idea a conseguir desde el primer entrenamiento. No es sencillo: si no se hacen contraataques los equipos siempre tienden a pararse y comenzar el sistema que toque; en la U15 Bordas ideó dos movimientos: ‘Series’, que consistía en pasar y bloquear –eso de no tener altos condiciona mucho y hay que ablandar a los defensores exteriores–, bien a través de un bloqueo directo o de un indirecto, y ‘Ataque Básico’, con cruces y cortes en los que lo importante era que el balón se moviera rápido. La calidad y velocidad en los pases volvió a ser el elemento en el que Bordas y José María Silva –junto a quien esto escribe– más insistieron. Tuvieron la recompensa en el juego que hizo el equipo en Nikiti.
Contra Francia, en el primer partido (53-58), el equipo jugó espléndidamente 35 minutos. No entraron los lanzamientos exteriores, como tampoco entraron el día de Italia (55-73, empate a 28 al descanso); pero lo importante es que lanzaron bien; con buenas posiciones y haciendo las selecciones correctas. Es lo que le habíamos pedido: jugar con ritmo, no dejar que la defensa descansara un solo momento, que se sintieran amenazados siempre: ‘llegar jugando’, no parar. Eso, a esas alturas de la temporada, no era fácil de asimilar, pero de lo que se trataba es de que supieran que así es como tienen que jugar para sacar rendimiento a sus posibilidades, no importando ahora que las pilas se gastaran antes. Enorme trabajo le costó al preparador físico Cuco Rodríguez mantener el tono del equipo, lo mismo que a Roberto Ruiz, que hizo horas extras para recuperar a todos los tocados después de que Héctor García Bidón, el doctor, el ídolo del monopatín, revisara cada día el estado físico de los jugadores.
Las posibilidades
Lo que puede llegar a ser este equipo lo demostró en los dos partidos que compitió y perdió, pero sobre todo lo demostró en el último partido, ante Grecia. Era el anfitrión y sin haber ganado un partido y, por los resultados, muy parejo a España. No era fácil afrontar un reto así, pero los jugadores llegaban con un gran bagaje: creían en ellos mismos, en sus posibilidades. Así que ganar por 31 puntos (80-49) fue no un premio sino una constatación de que el equipo está capacitado para jugar, siempre que tenga la resistencia necesaria, a un altísimo ritmo. Si este Torneo de la Amistad se hubiera disputado 15 días más tarde y los jugadores hubieran tenido más días de descanso es muy posible que el juego hubiera sido más fluido, aunque quizá los resultados hubieran sido los mismos. O no. Ganar, perder... Lo importante es competir, asimilar las derrotas para que no afecten y se pueda rematar un torneo como lo hicieron en esta ocasión es la idea con la que se deben quedar los jugadores.
Equipo, equipo
Cinco de estos jugadores estuvieron en El Collell en 2006 y 2007; ellos y otros cuatro compitieron en el BAM en 2008; ahora se unieron otros tres. Es un grupo equilibrado que ha ido creciendo dentro y fuera de la cancha. Josep Pérez, capitán, compinche de Diego Corros; ambos se adaptaron a su papel con la misma generosidad que Alberto Pérez y Javier Portales. Intensos los cuatro. Piernas atrás y cabeza delante. Javier Marín, un novato experto en desequilibrar defensas y en el intercambio de ropa con los franceses. Albert Homs, elegante y decisivo, elegido en el mejor quinteto del Torneo, Kiko Jiménez y Jorge Sánchez, tan distintos y tan complementarios: la penetración y el tiro; mortales de necesidad. Gerard Sevillano, el comodín que saca de tantos apuros. Víctor González y Álvaro Naranjo; tan bajitos y tan grandes. Desquitándose el de Tarragona y sufriendo al última hora por una rodilla el madrileño. Rubén Muñoz, peleando contra torres... y ganando muchas veces. Y Jairo Blanco, que dejó solo ante el peligro a su colega Rubén. Y Juan Candil y Santiago Villena, que ayudaron tanto en Getafe.
Este de Grecia ha sido un viaje rico en experiencias. Han disfrutado de un entrenador como José María Silva, que a la edad de los jugadores ya había vivido experiencias de este tipo y que les ha servido de guía y de bálsamo en los momentos duros; han convivido permanente con un árbitro, el valenciano Fernando Calatrava, que fue uno más en las reuniones y en los entrenamientos; han visto de cerca el dolor de Héctor, que tuvo que abandonar Grecia un día antes por una desgracia familiar; han sabido acercarse a él para animarle; han valorado los desvelos de Roberto, que tuvo que multiplicarse sin Héctor, ayudado por Cuco, que con la misma sabiduría que hacía un calentamiento arbitraba un ‘cinco x cinco’; han comprobado cómo el delegado, Carlos Gil Garduño, borró del diccionario las palabras ‘no’ e ‘imposible’ para hacer su vida –y la nuestra- mucho más sencilla; han comprobado cómo un jefe de equipo, David Aurich, puede solucionar todo. Pero todo; convencieron a Vicky, la guapa intérprete, para que se pusiera la camiseta de España el día que jugaron contra Grecia; también de que les diera su mail. Han convivido, han competido, se han divertido, han adoptado a una perrilla con nombre de perro (Toby), han crecido. El capitán Bordas les ha llevado durante cuatro años hasta este puerto. No podían haber tenido mejor patrón. Ahora les espera otra travesía. Que sea fructífera. Seguiremos vuestras evoluciones, jugadores.