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Los 15 anillos de los Lakers. De Mikan a Pau (III)

Última actualización 09/08/2009@18:51:04 GMT+1
Los Lakers ganaron cinco anillos en la década de los ochenta. Fueron los años de la supremacía de Magic, Kareem y el Showtime, y del descubrimiento de uno de los mejores entrenadores de la historia: Pat Riley.
[Por Fernando Martín
Fotos: Getty Images]
En 1980, el debut de Paul Westhead como entrenador jefe, los Lakers habían logrado un triunfo rotundo, anticipando lo que podía ser una larga dinastía basada en el jugador más creativo y en el más duradero y dominante de la historia del basket, Magic Johnson y Kareem Abdul Jabbar. Pero pese a su dominio prolongado y casi absoluto en la Conferencia Oeste –ocho títulos en diez temporadas–, le esperaban en el otro lado del país otros equipos legendarios que harían muy difícil su búsqueda de gloria. Sixers, Celtics y Pistons fueron sus más serias amenazas, llegando a ganar la NBA los tres y dando más brillo a los triunfos púrpura y oro. De los cinco anillos ganados en los ochenta, los cuatro que repasaremos en esta entrega (1982, 1985, 1987 y 1988) fueron la demostración de que el Showtime no sólo era atractivo; también extremadamente efectivo con los jugadores de que disponía. Esos cuatro anillos se consiguieron de nuevo con un novato en el banquillo, Pat Riley, el ganador total. Tras conseguir un campeonato de la NBA como jugador (72) y otro como asistente (80), se apuntó cuatro más culminados con un back to back, una empresa que se llegó a dar por imposible en la NBA, pues nadie había sido capaz de llevarla a cabo desde los Celtics del 69.

1982. Puente sobre aguas turbulentas
Los Lakers empezaron esa temporada agitados, con el amargo recuerdo del año anterior, en que una lesión de rodilla de Magic Johnson –se perdió la mitad de los partidos en su segundo año en la Liga– mermó seriamente su trayectoria. Los campeones del 80 no pudieron repetir; de hecho ni siquiera disputaron las Finales, al ser eliminados en primera ronda por los Houston Rockets (2-1).

No fue esa la única causa de inestabilidad. Además, despidieron a Paul Westhead en noviembre, Magic no se entendía demasiado bien fuera de la cancha con Norm Nixon –marido de Debbie Allen, la conocida profesora Grant de la serie ‘Fama’– y las lesiones hicieron mella en el juego interior –Mitch Kupchak se hizo trizas la rodilla y Kareem estuvo entre algodones mucho tiempo–. Pat Riley, como técnico rookie, no tenía un camino de rosas por delante, pero la incorporación de dos agentes libres resultó decisiva. Bob McAdoo –sobrepasando la treintena– y Kurt Rambis –recién llegado de Grecia– fueron dos argumentos más para el núcleo del anillo del 80 que aún se conservaba.

Los Lakers fueron el mejor equipo del Oeste con meridiana claridad (57 victorias en la regular y sendos 4-0 en los play offs), pero el último rival del camino no sería tan asequible. La final prometía emociones fuertes. Los Sixers habían eliminado a los Celtics en el Este, ganando el séptimo partido en el Boston Garden. La afición de los ‘Orgullosos Verdes’, rendida ante la demostración de carácter del ‘Doctor J’, Maurice Cheeks, Bobby Jones o Daryl Dawkins, les despidió con un sonoro ‘Beat L.A.’, una alianza antinatural entre enemigos acérrimos que no tendría éxito.

Con la ventaja de campo en poder de los Sixers, el equipo angelino sabía que el primer partido, con el cansancio jugando en contra de sus rivales, podría ser determinante. Philadelphia dominó el marcador claramente hasta el tercer cuarto, cuando Riley utilizó una defensa zonal que Billy Cunningham tachó de ilegal. Los Lakers lograron un increíble parcial 9-40 que puso en sus manos el primer punto y la posibilidad de decidir la Final en el mítico Forum de Inglewood. A partir de entonces sólo hubo victorias locales, sentenciando los Lakers en el sexto con un apurado 114-104. Magic, que logró un triple-doble en ese encuentro –de hecho casi promedió un triple-doble entre los seis: 17.7 puntos, 9.3 asistencias y 11.1 rebotes–, fue designado MVP de las Finales, igual que dos años antes. McAdoo, MVP de la Liga en el 75 y tres veces máximo anotador de la NBA, lograba el primero de sus dos anillos como actor secundario. La cuadratura del círculo.

1985. Los Celtics no son problema
Kevin McHale había apodado a Magic ‘Tragic Johnson’ tras hundirles en la final de 1984, vivida en los Lakers como una humillación. Un año después había más que cuentas pendientes y nadie se interpondría en el camino ni de verdes ni de amarillos hasta la serie por el anillo. Con las mismas armas unos y otros –los Lakers recuperaban en buen estado a Kupchak y Jamaal Wilkes– se volvían a encontrar en la final.

Los Celtics arrancaron con una sonora humillación, la ‘Masacre del Memorial Day’ (ver apoyo) al abrigo de su afición: 148-114 y 1-0. Pero el paseo no sería anticipo de una nueva victoria céltica, sino todo lo contrario. Con el factor cancha a favor, todo indicaba que si la serie se decidía en Boston, sería del lado verde, pues nadie había conseguido llevarse el anillo del legendario Garden. Los Lakers, en cambio, supieron responder con golpes certeros y utilizar las pasadas derrotas como motivación ante un equipo que utilizaba todas las armas imaginables para ganar. Las Finales, disputadas ese año con un formato 2-3-2, se decantarían del lado angelino. Primero empataron a 1 en Boston y luego sacaron dos de sus encuentros como local para afrontar, con 3-2 a favor, el regreso a Massachusetts.

Tras ocho finales perdidas contra el equipo de los irlandeses, los Lakers se asomaban a la gloria. Con un claro 100-111, los de Riley finiquitaban la serie en medio de un silencio sepulcral. Kareem sería nombrado MVP de las Finales con 38 años, asombrando a quien ya le daba por retirado.

1987. Motivados por la excelencia
Los tres anteriores entorchados angelinos de la década siempre habían sido interrumpidos por otros equipos, mientras sus jugadores se iban haciendo mayores sin poder consumar la hazaña del back to back. En 1986 los Houston Rockets les habían eliminado en la Final del Oeste (4-1) con una dolorosa canasta sobre la bocina de Ralph Sampson. Las expectativas en la temporada siguiente, con los Celtics partiendo de nuevo de una posición más alta, tampoco eran las mejores.

Mucha gente esperaba que la avanzada edad de Kareem empezara a limitar a los Lakers, pero el jugador más dominante de la época aún tenía mucho que darle a su equipo. En el curso de la campaña el pívot cumplió 40 años, rebasó los 36.000 puntos –aún franquearía los 38.000 antes de retirarse– y, como anécdota, ¡¡anotó el único triple de su carrera!! Por primera vez desde que vestía la camiseta
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