Sólo con talento no se ganan partidos». La frase, dicha por Sergio Scariolo, me parece de lo más coherente. El seleccionador la pronunció al término de un partido que el equipo español ganó única y exclusivamente a base de talento. Claro que el talento ha decidido, a lo largo de la historia, muchos partidos y no pocos títulos, pero también muchas veces el acierto o el trabajo de equipos menos talentosos ha terminado llevándose encuentros y campeonatos.
No hay duda alguna de que la selección española de baloncesto está repleta de jugadores especialmente dotados para resolver, a base de talento, las situaciones más complicadas. Aun con Pau Gasol lesionado, hombres como Navarro, Rudy, Ricky, Garbajosa, Marc, Raül, Felipe, Llull, Cabezas, Claver y Mumbrú –esto es, ¡todos!– pueden decantar, en mayor o menor medida, a favor un partido. Contra Polonia en Zaragoza lo hizo Navarro con una pasmosa facilidad; los que van a ser anfitriones del Eurobasket en menos de una semana plantaron cara a una selección que contaban hasta entonces los enfrentamientos por palizas y forzaron a los españoles a exprimirse a tope en defensa –con más afán que acierto– y aún mas: a jugarse a cara o cruz los últimos cuatro o cinco balones. Casi todos se los jugó Navarro y acertó. Cara. Pero podía haber salido cruz. Eso es lo que quería recordar el seleccionador al final del partido: que está muy bien y que es un desahogo tener a tanto jugador con talento, mano y valentía en los momentos más críticos, pero que es mejor no tener que llegar a esa situación. El del jueves era sólo un partido de preparación y España se encontró con un equipo polaco motivado, acertadísimo en ataque y que no se asustó –como otras selecciones hicieron antes– ante la planta y el empuje de los españoles. Aguantaron y llevaron a la selección a un punto que pienso que le ha venido muy bien porque quizá tenga que verse en situaciones parecidas en el campeonato que empieza el lunes 7. Y es mejor llevar todo preparado porque allí, selecciones que durante la preparación han bajado algo los brazos una vez roto el partido, seguro que muerden. Como mordió Polonia en Zaragoza.
El peligro de cara al Eurobasket es que a la selección no le queda otra salida que el oro. El propio presidente José Luis Sáez lo sabe y lo dijo en una entrevista en el programa ‘Al primer toque’ de Onda Cero: «Si en el Europeo consiguiésemos una medalla de plata, todo el mundo lo consideraría un fracaso». Como ocurrió en el Eurobasket de España en 2007. Pero vivir siempre al borde del éxtasis tiene esos peajes. Desde 2006 en el Mundial de Japón España no ha hecho más que jugar (y perder) finales. Pero perder ante Rusia en casa no es lo mismo que hacerlo ante Estados Unidos en los Juegos Olímpicos... y mereciendo algo más que jugar de tú a tú a las macroestrellas de la NBA. Por si fuera poco, no hay casa de apuestas en la que España no encabece las listas de favoritos. Así las cosas, no va a quedar otro remedio que jugar la cuarta final consecutiva en un Campeonato... y ganarla esta vez. Como en Saitama hace tres años.
El equipo sin duda está capacitado para ello. Es cierto que la lesión de Pau no ha permitido ver a España en toda su amplitud; también que Ricky está bien fastidiado por todo lo que se está moviéndose a su alrededor, pero en cambio Navarro está a muchísimo mejor nivel que antes de los Juegos y Marc se ha convertido en un referente básico interior. El resto está a un gran nivel y sólo el día de Polonia el grupo se vio necesitado de un sobreesfuerzo que tuvo sus frutos en el final electrizante de Navarro que ahuyentó todos los fantasmas. Hace bien Scariolo en apelar al esfuerzo colectivo, sobre todo en defensa, ya que sin él, el talento puede que no sea suficiente en un momento puntual, pero que puede convertirse en irreversible.
Haremos bien en disfrutar partido a partido de la selección española; haremos bien en confiar plenamente en los jugadores que tantas satisfacciones no han dado en los últimos años. Pero convendría que valorásemos también a otras selecciones que disponen de buenísimos jugadores. Navarro, Pau, Ricky, Rudy... son jugadores irrepetibles y posiblemente sin rival posible si les pudiésemos medir uno a uno a sus rivales potenciales. Pero son mucho más fuertes jugando colectivamente. Es la mejor manera de potenciar el talento: sabiendo cada uno de ellos que está respaldado por otros once extraordinarios compañeros. Haced que disfrutemos y que la medalla sea de oro.