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Al minuto 14 del España - Serbia, el partido por el que hemos esperado 24 horas para cerrar este número de GIGANTES, España llevaba 14 puntos y perdía por 10, empecé a pensar que no iba a ser buena cosa salir con una derrota en el Eurobasket al que todo un país define como ‘el del oro’. Catorce minutos y Sergio Scariolo mandó a hacer gárgaras una de las máximas que ha llevado a cabo durante toda la fase de preparación: jugar con dos bases; Ricky y otro. Pues con la salida de Raül para acompañar a Ricky (otra novedad) y habiendo estado ya Cabezas en cancha te das cuenta definitivamente de que hay algo que no marcha bien. Es más: marcha muy mal. ¿Qué ha pasado para que España mengüe de esa manera? Desconocida España; encogida España. Las tres canastas en juego que el equipo anotó en el segundo periodo no invitaban al optimismo; mirar al marcador (23-38) invitaba a otra cosa. A pensar en que a lo mejor no es tan importante ganar el primer partido a pesar de que el rival sea Serbia, a la que España había ganado los anteriores nueve enfrenamientos y que distaba mucho de ser la Serbia gloriosa que el mismo Dusan Ivkovic –tres Eurobaskets ganados– había entrenado años atrás. Esta Serbia era joven y pujante; nada amanerada ni endiosada. Una Serbia incómoda para un equipo español que vivió entre algodones mientras se preparó y jugó dentro de nuestras fronteras, pero que se volatilizó como por arte de magia (negra, debe ser) cuando se subieron todos al avión que les llevaba a Lituania, parada y fonda para un amistoso que descolocó por completo a los componentes del equipo. Nada de lo hecho hasta entonces se vio reflejado en la cancha de Vilnius. ¿Mensaje preocupante o cura de humildad? Serbia esperaba...
Al descanso, la sensación era extraña. Quince puntos. Cinco triples, puestos en plan positivo. Pero tal y cómo está el equipo en triples... Va a ser que no. Tampoco en libres. Pau Gasol (que se jugó todo el cuarto) falló cuatro tiros libres seguidos (luego fallaría tres más para un sonrojante 1/8) y se le escapó de las manos otra canasta estando él solito de la que te invitan a decir: esto no hay quien lo salve. Torcido estaba y torcido seguía. Una defensa 1-3-1, con Llull como revulsivo en ataque, permitió que España no recibiera otra paliza como la de Lituania, y ésta, además, oficial.
En vez de 21 puntos en contra, 9, que al menos no dejan a uno tan confuso. La pregunta ahora es: ¿qué España veremos a partir de ahora? De esa respuesta depende la siguiente, que es la que a todos nos preocupa: ¿Es posible ver a España en lo más alto del podio? Pues sí, es posible. Estos son de los partidos que hacen dudar de todo, y más si viene seguido del que se perdió en Vilnius, pero de lo que no hay duda es de que España tiene un extraordinario equipo y que al igual que se ha perdido el tino desde lejos (¡2 de 19 en triples!) se puede recuperar, aunque Pau ya avisó a través de La Sexta nada más acabar el encuentro: No podemos seguir dependiendo del tiro exterior, dijo. Y tiene razón, pero es que el interior tampoco existió. Ni él, ni su hermano Marc, al que se le escapaban todos los balones como si estuvieran untados de mantequilla, ni Garbajosa –aunque éste no aparece en la zona en absoluto en el ataque– estuvieron finos; sólo Felipe volvía a rebañar cada balón que le llegó para ser efectivo en la pintura. Insuficiente a todas luces ante un equipo serio y bien armado, que está dirigido en el banquillo por un hombre que –a día de hoy– sigue contando sus partidos en los Europeos por victorias.
A España le queda hacer examen de conciencia, pero el tiempo apremia. Al día siguiente y al otro, ya había partidos. Serán los enfrentamientos ante Gran Bretaña y Eslovenia los que permitan a la selección ir afinando cosas para llegar al momento crucial con todas las opciones. Como hace un mes, como hace cinco días. Está claro que hay muchas cosas que mejorar, pero también que aún falta Rudy por incorporarse y que Pau irá a más a medida que pasen las jornadas. Bien es verdad que Scariolo ha dado muchas vueltas al banquillo al ver que todo le iba mal. El detalle de haber utilizado a tres bases en 14 minutos, aunque luego Cabezas no regresara, es indicativo. También el de que Claver haya pasado de ser el más utilizado en los partidos de preparación a jugar siete minutos. Queda mucho por delante, pero es el tiempo ahora el que juega a favor de España, ya que ha perdido cuando nada es irreparable. Se ha quitado además de encima la etiqueta de favorito único y eso le permitirá jugar más relajada. Ya no hay miedo a fallar porque ya se ha fallado. Pero no de una manera irreversible. A Dios gracias.