Última actualización 10/09/2009@08:49:07 GMT+1
A los 11 y 12 años a los chicos y chicas lo que de verdad les apetece es jugar al baloncesto para meter puntos. Lo mejor que se puede hacer en casos en los que los jugadores tienen una vocación tan ofensiva es que sus entrenadores la potencien.
Cuanto más creativos sean, mucho mejor preparados crecerán. Las habilidades que tienen que ver con el talento y el desparpajo es mejor fortalecerlas. No es de extrañar el extraordinario crecimiento de jugadores de este tipo; basta con echar un vistazo a las selecciones españolas y se entenderá: ¿A qué juegan Navarro, Ricky, Rudy, Raül, Pau, Valdemoro, Abalde, Torrens... si no a dar rienda suelta a su talento innato? Traslademos lo que ven a un baloncesto prácticamente sin barreras tácticas –en El Collell ninguna– y entenderán la capacidad imaginativa de estos chicos y chicas.
Tanto Josep Bordas como Josep Alemany, directores del Programa de detección y formación de talentos de la FEB en las áreas masculina y femenina respectivamente, piensan que es muy positivo esta inclinación de los jugadores y jugadoras al baloncesto creativo y sin cadenas.
Los coordinadores técnicos, José María Silva y Elena Lahoz, incidieron precisamente en ello al preparar los entrenamientos. En los ejercicios primaban sobre todo la toma de decisiones, que los jugadores tuvieran posibilidades de elegir entra varias opciones.
En la cancha y fuera de ella
A los jugadores y jugadoras que suben hasta la montaña les suelen sorprender varias cosas: la majestuosa silueta del santuario, que aquello no sea un campus y la libertad de acción en las canchas. Toman conciencia de que están en una concentración de la preselección U12 de la FEB cuando se les enumera los jugadores y jugadoras que han pasado por allí antes que ellos. Quizá esperen otra cosa, quizá piensen en unos entrenamientos más rígidos. Lo escribí al regreso de El Collell en una columna (GIGANTES 1.241): ver jugar en total libertad a 10 chicos o 10 chicas es un espectáculo absolutamente gratificante. En El Collell también hay un 3x3 nocturno en el que el efecto de libertad se multiplica. También los mosquitos. Pero la convivencia se hace más patente a partir de ese momento.
Porque esa es una de las razones de ser el El Collell: saber cómo convive un jugador. Todos tenemos ejemplos de equipos formados por grandes jugadores que a la hora de competir no lo han hecho tal y como podía indicar su talento. Otros grupos, en cambio, quizá con menos recursos técnicos, han competido a un altísimo nivel. Convivencia. Química. Cuando se juntan talento y química el resultado es espectacular: lo hemos visto con la generación de los Juniors de Oro: empezaron en 1996 a jugar juntos, en el 98 a ganar... y ahí siguen. Ésta del 97 dispone de ambas facetas y en un futuro no muy lejano podremos verlo sobre una cancha defendiendo los colores de la selección española. Todo esto lo pudieron comprobar Ángel Palmi, director deportivo de la FEB, Dani Sainz, coordinador de selecciones, que cada año pasa un par de días con nosotros, y Betty Cebrián, una de las grandes artífices de la captación de talentos en el baloncesto femenino español.
Esta generación del 97, como otras que pasaron por aquí antes –las chicas y los chicos, desde categoría infantil (campeones en el BAM U14 en ambas categorías) hasta U20, no hacen otra cosa que ganar medallas y crecer– comienzan en El Collell la convivencia. En los campeonatos de España y en los Torneos se conocen, pero son rivales. En El Collell son compañeros y se hacen amigos. Es lo que les va a servir en adelante; los que lleguen a las futuras selecciones tendrán el poso de El Collell como nexo de unión, y este poso, este germen les acompañará siempre, sean o no internacionales. En el personal, la del 97 es una generación 10.
Generación completa
También en la cancha es una generación muy completa. Tanto en chicos como en chicas están muy bien cubiertos los puestos fundamentales de bases, aleros y pivots. Quizá no haya jugadores y jugadoras tan altos como los de la generación de 96, pero el equilibrio este año es grande, destacando la gran capacidad para el manejo del balón, faceta en la que destacan también los chicos de mayor altura; la rapidez en la ejecución de movimientos, y la verticalidad en las acciones; buscan el aro con una velocidad y destreza inusitadas. También hay buenos tiradores/as y el pase es una faceta en la que también sobresalen.
Para los entrenadores ha sido de nuevo una prueba fantástica; para los veteranos, la fiesta mágica anual a la que no queremos faltar; para los novatos, una experiencia inolvidable que querrán repetir. También los jugadores y jugadoras quisieran volver a El Collell. Pero a ellos les esperan otros veranos distintos a éste. Será la generación del 98 la que, en once meses, oirá la voz con acento canario de Raquel repetir cada mañana y cada tarde: Chicos, pónganse las cholas y no se olviden de las bambas...».