España / Eurobasket
Última actualización 15/09/2009@11:33:55 GMT+1
Llamamos a las puertas del infierno contra Gran Bretaña, subimos cerca del cielo contra Eslovenia y nos topamos de bruces con una amarga nueva realidad ante Turquía. El Eurobasket, lleno de sobresaltos y dudas, hace que todo y nada sean posibles. Hay que recurrir al Plan B y a la frase de Juan Carlos Navarro que titula este artículo. La suscribimos todos.
[Por Fernando MartínFotos: Javier López,
enviados especiales a Polonia]
Cuando esta revista llegue a sus manos existe la posibilidad de que España esté fuera de los cuartos de final. Tan cruda es la realidad. La segunda fase comenzó de la misma manera que la primera, con derrota ingrata, ante Turquía, dejando a la selección de Sergio Scariolo sin margen de error y obligada a ir a la desesperada en el resto de partidos. Sin red y sin confirmación de que los problemas se hubieran atajado. «Necesitamos jugar con más confianza. Los jugadores estamos preocupados. Nos hemos reunido y hemos dicho que esto no puede acabar así». Puede que el capitán se refiera con ‘esto’ no sólo al Eurobasket en sí, sino al ciclo vital de esta selección. En ese caso, no, desde luego que nos negamos a que acabe así. Semana trascendente para el baloncesto español.
Levantarse o morir
«Quizás nos hemos cargado de una presión excesiva y con este peso en la mochila es más difícil correr», explica Scariolo en una suerte de debate sobre el estado de la selección en la mañana posterior a la derrota ante Turquía, único equipo invicto que quedaba en su grupo. «Estamos en un momento difícil y comprometido, pero no definitivo. Tenemos unas expectativas y estamos convencidos de que vamos a cumplirlas», anticipa el presidente José Luis Sáez, rebosante de optimismo y que asegura «confianza absoluta» en el cuerpo técnico. «La ansiedad de ganar por parte nuestra y vuestra quizás nos ha pesado más de lo que creíamos. Pero seguimos vivos. Estamos a tiempo y somos mayorcitos para arreglar esto. Merecemos el beneficio de la duda», subraya Navarro. El mensaje es unívoco, aunque las sensaciones de ver a esta selección son muy dispares.
Si la falta de intensidad defensiva, los problemas del ataque en estático y los malos porcentajes no fueran suficiente, encima se cuela un incidente que pone en duda el buen entendimiento entre unos y otros. «Teniendo a Pau en el campo, jugarse la última con el chico… bueno, a veces pasan estas cosas», explicó Marc Gasol al país tras el estresante final ante los turcos, donde Sergio Llull tuvo la última bola para ganar. Con todas las dudas del mundo, la selección se jugaba su ser contra Lituania (pasado lunes) y Polonia (miércoles), necesitando al menos ganar uno, si no los dos. «Tenemos que ganar o morir, no hay más», enunciaba un Pau que no termina de coger el ritmo ideal, pese a que pone todo su empeño.
España es muy superior a esas dos selecciones. Confiando en la lógica, estaremos en Katowice, como terceros o cuartos de grupo –según los resultados del resto de partidos, la segunda plaza tampoco sería imposible–. La clave de este Eurobasket, como ocurre en muchos campeonatos, estará ahí, previsiblemente en la noche de este jueves ante Francia o Grecia, según cómo hayan transcurrido los acontecimientos. Agarrándonos a lo bueno, en un partido, si todo lo que ha ido mal sale bien, se pueden despejar de golpe los enigmas (o no). Lo dice el propio Scariolo: «Viendo al resto de rivales, tengo la sensación de que si mejoramos nuestro nivel, no hay uno al que no podamos ganar». Ejercicio de fe, o como se le quiera llamar.
Imaginamos una competición de menos a más, con diez días plácidos y unos últimos tres de infarto. Eso ya no es posible. El Plan B es llegar a cuartos como sea, ganarlo por lo civil o lo criminal y recobrar las sensaciones y acierto en el camino hacia el oro. Ganarlo y evitar que este grupo quede herido… ¿de muerte? «Las evaluaciones de los campeonatos hay que hacerlas al final», señala Sáez.
¿Por qué no funcionamos?
Muchas preguntas sobre el juego de España, no demasiadas respuestas. Sabemos que en la preparación se ganaba por veinte puntos de diferencia y que este equipo casi calcado contaba con los dedos de una mano las derrotas en los últimos tres años. Cada campeonato es diferente, pero la dinámica anterior se ha roto claramente… Lo que no quiere decir que aún no se pueda ganar este Eurobasket. Sí, se puede.
La intensidad atrás, bajando a niveles preocupantes, se traduce en canastas bajo aro con defensa en zona, en poca actividad en las líneas de pase y en jugar ‘al fallo’ del rival. La mala protección del rebote defensivo (nos cogen 11.0 capturas ofensivas de media), la inseguridad en los pases (primeros del Europeo en pérdidas: 15.8 por encuentro), recepciones defectuosas… Y los bases no están pudiendo remediar esos problemas. Los contraataques y transiciones rápidas han sido moneda escasa en lo que va de Eurobasket, y eso perjudica claramente el juego de esta selección, especialmente el de Ricky, base titularísimo.
España tampoco está aprovechando ser la selección que más faltas provoca del campeonato –única estadística positiva en la que esté en cabeza: 18.0 por partido–. El 66% en tiros libres está en las antípodas de lo aceptable. El resto de porcentajes va en la misma línea: 31% de tres y 48% de dos. «Me siento responsable, voy a intentar hacerlo mejor», responde Navarro sobre su 6/22 en triples y bajada de rendimiento respecto a la preparación. Los aleros también han desaparecido del mapa, jugando Mumbrú minutos puntuales y Claver viéndolo todo desde el banco desde la segunda jornada.
Luego está la disparidad evidente del nivel de resistencia que ofrecieron los rivales de la gira y del que se están encontrando en Polonia. Partiendo de que la elección no fue mala; poder medirte a dos rivales de la primera fase (Gran Bretaña y Eslovenia) y a dos de la segunda (Lituania y Polonia) parece una exigencia adecuada para adaptarse a las dificultades de la competición. Otra cosa es que los equipos vayan a esconder más que a jugar, como ocurrió con Eslovenia en Sevilla: tres derrotas, a cual más patética.
Las lesiones no han ayudado, sin duda, y aunque nadie se escude en ellas, han tenido su influencia. «Tengo nueve jugadores tocados o lesionados», confesaba Scariolo el día del traslado de Varsovia a Lodz, jornada en la que se suspendió el entrenamiento para tratar las distintas dolencias. Pau, Marc, Navarro, Garbajosa, Rudy… Así todo se hace más cuesta arriba.
Además, nos gustaría meternos en el vestuario para cerciorarnos de que la química sigue existiendo, pero tendremos que recurrir a los testimonios de los protagonistas para ello. «Dentro y fuera de la pista hay buen rollo», señala Navarro. «No sé de dónde ha salido lo del mal ambiente», agrega Ricky. ¿El capítulo de Marc? Zanjado para todos. «No he tenido en ningún momento ni directa, ni indirectamente muestra de duda sobre si tengo el respaldo de los jugadores», explica Scariolo. ¿Entonces? Nada que no se pueda remediar.
El mate que podía haberlo cambiado todo
Primera jornada de la segunda fase, doce segundos en el reloj con 61-60 para Turquía. Tiempo muerto de Scariolo para preparar la jugada que puede ganar el partido. España mantiene al mismo quinteto que estaba en pista: Llull, Navarro, Rudy, Felipe y Pau. Bogdan Tanjevic saca a tres pivots (Asik, Erden, Ilyasova) más Turkoglu y Arslan, previendo un balón interior a Pau. La jugada sorprende a todos. Llull recibe frontal a la canasta, penetra por su derecha y despega buscando el aro. Ganar un partido con un mate no es algo que se vea a menudo, pero estuvo a centímetros de pasar.
Las televisiones no captan con claridad la imagen, pero la instantánea de nuestro fotógrafo Javier López sí. Falta de Semih Erden, que agarra el brazo izquierdo de Llull con suficiente fuerza para impedirle pasar el balón por encima del aro. Aunque pudo haber otros contactos de Asik e Ilyasova, es éste el clave. Nadie pataleo, ni protestó demasiado –salvo Rudy, que se comía al árbitro–. Tampoco el día de Eslovenia, con los pasos de Erazem Lorbek en la canasta que forzó la prórroga. Se entiende que esta selección debe ganar sobrada, sin apuros, y, si no lo hace, no lo merece. No obstante, esa simple jugada pudo tener unas consecuencias terribles.
La elección de la misma no es mala. Llull quedó emparejado con Ilyasova, que, al principio de la jugada, incluso parece sorprendido cuando ve que tiene que marcar al menorquín. El madridista le supera con suma facilidad y se encuentra sin ningún jugador entre él y el aro. Asik, Ilyasova y Erden se cierran. Por poquísimo el mate no entra. Por una mala decisión, tampoco hay tiros libres. Y entonces, se desencadenó todo. «Teniendo a Pau en el campo, jugarse la última con el chico… bueno, a veces pasan estas cosas», valoraba Marc Gasol a los micrófonos de laSexta recién concluido el partido. Horas más tarde se disculparía en una comparecencia pública. La rajada es importante, seguramente provocada porque el pívot (7 puntos, 6 rebotes, 3 tapones en 17 minutos) se pasó el último periodo entero en el banquillo, mientras España sufría muchísimo en el rebote defensivo, una de las claves que dio Scariolo sobre la derrota: «La mejor manera de controlar el ritmo del partido es asegurando el rebote defensivo. No lo hicimos, y así es difícil correr».
Pau Gasol, preguntado, matizaba la forma de las palabras de Marc, pero también estaba de acuerdo en el fondo. «Lo que está claro es que el balón puede llegar a otro jugador al que los árbitros sí le pueden señalar falta más fácilmente. A otros jugadores no se la van a pitar, como ha ocurrido. Son cosas que pasan, en esa situación creo que tenemos que hacer llegar el balón a un jugador al que le puedan pitar falta por ese tipo de respeto y que se haya encontrado en esa situación antes, pero ha sido así», explicó.
Con el follón levantado, Scariolo explicó su elección sin apenas tratar el tema de Marc. «Vimos que Turquía puso cuatro grandes en cancha y nosotros teníamos un gran penetrador 1x1. Él hizo lo que tenía que hacer. De hecho le supera claramente. Luego pudo haber falta o no, no me meto a juzgarlo», arguyó, insistiendo en que «hemos estado a un mate de ganar el partido». Sobre Marc «No creo que los medios sean el sitio adecuado para dar una opinión diferente… que puede tener su lógica. No me preocupa esto, ya he hecho mis consideraciones». El técnico italiano dejó otra interrogante en el aire, cuando un periodista foráneo le preguntó si Ricky está listo para dirigir a la selección española: «Este tipo de consideraciones se tienen que hacer cuando la competición acabe, no ahora. Tiene 18 años y ha pasado un verano complicado». Más nubes negras en el cielo. De todo menos tranquilidad.
La maraña turca
Muchos veían en el España-Turquía el partido clave del Eurobasket, donde por fin enderezar el rumbo tras los síntomas de recuperación y optimismo contra Eslovenia. Por ratos, así fue. En un partido de guarismos y ventajas bajísimas, la selección llegó a mandar por 7 en la primera parte (20-27), con Rudy y Marc pletóricos (autores de 18 puntos de esos 27), y parecía despegar con un parcial 0-9 (39-43) en la segunda.
Los turcos, con Turkoglu casi inutilizado, pero con sus bases y el gigante Omer Asik (13 puntos en el primer tiempo) sacando todo el provecho que querían atacando dos para dos, se hacían con el mando en el marcador tras un 10-0 (49-43, tras técnica a Marc y antideportiva de Raül) y ya prácticamente no lo cederían en el resto del encuentro. Esporádicos triples españoles (en el 49-48 y en el 55-53) les enganchaban al encuentro, pero sin demasiada convicción.
Con 61-58 Turquía tuvo la posesión para sentenciar, pero Navarro robó un balón providencial y acortó distancias (61-60). Una buena defensa española les otorgó la última posesión, para decidir su propio destino. Llull voló pero no se alió con la fortuna. Sólo hubo tiempo para dos tiros libres turcos que pusieron el 63-60 final. Las 10 pérdidas y 7 rebotes ofensivos permitidos en la segunda parte fueron demasiado lastre para un ataque que logró 26 puntos en veinte minutos, 23 obra de los cinco titulares. Faltaron alternativas.
Esfuerzo máximo
Fue como revivir los apuros de la primera fase, donde de verdad se pasó mal. Muy mal. En el segundo partido, con un increíble 69-73 para Gran Bretaña a 4 minutos del final, se estuvo muy cerca de la eliminación. España desperdició una ventaja que llegó a ser de 16 (55-39) y se complicó mucho la existencia (84-76 final). Parecido a lo de Eslovenia: +15 al final del tercer cuarto (62-47)… pero prórroga al final, donde, por fin, la selección demostró su personalidad y sello indiscutible (90-84 a la conclusión).
De haber perdido contra los británicos, España se habría quedado fuera sin posibilidad de apelación «¿Qué si me he visto fuera? Eso sólo lo piensas en tus primeros años como entrenador, ahora no. No me he visto fuera, un entrenador no tiene tiempo de pensar en ello», opinaba Scariolo. «Se demuestra que sabemos sufrir», valoró Ricky. «Está bien que la gente sepa que esto no es ninguna clase de paseo, que la calidad de los rivales es alta y que por mucha calidad individual o colectiva que podamos tener, nadie te va a poner las cosas fáciles», juzgaba Pau Gasol.
En esas dos victorias se vieron signos de mejoría. Pau, Navarro, Rudy y Felipe destacaron, tirando del resto. Ricky cuajó un gran encuentro contra los eslovenos, que de verdad fueron un test de calidad, ante una grada muy hostil (2.500 animando a la selección verde).
En ambos encuentros España se levantó después de un inicio de cuarto periodo funesto. Los británicos consiguieron un 0-14 (66-68), por un 0-12 (64-63) de los eslovenos. Fue, por cierto, el último partido que disputó Víctor Claver al cierre de estas líneas, con 12 puntos, 4 rebotes y 3 asistencias en 17 minutos. Tan mala actuación no debe ser, ¿no? Cuestión de sensaciones, feeling e instinto ganador. Y de todo eso los ‘golden boys’ tienen para repartir. Creeremos en ellos.