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Última actualización 22/09/2009@13:11:32 GMT+1
Pasaron un calvario y salieron reforzados. El viaje de los héroes nunca está libre de dificultades. Tras una semana perfecta de baloncesto España consiguió su primer oro en un Eurobasket. El trono mundial y el continental ya son suyos. Son los mejores. Leyenda.
[Por Fernando Martín
Fotos: Javier López,
enviados especiales a Polonia]
Ginebra 1935, Barcelona 1973, Nantes 1983, Roma 1991, París 1999, Turquía 2001, Suecia 2003 y España 2007. Seis capítulos, una rúbrica colosal. España por fin es campeona de Europa y la primera vez ha llegado de una manera abrumadora. Con una imagen que perdurará por los años. La última semana del campeonato, la de la verdad, se saldó con cinco victorias por una media de 19.2 puntos. Si alguna vez se puede jugar perfecto sobre una cancha de basket, esta selección ha estado muy cerca, arrasando desde la defensa, la unidad, la concentración y la sincronización. Aplastando en ataque a causa del mismo peso de la gravedad. Talento trabajador.

No se conseguía una diferencia así en una final de Eurobasket desde 1985, cuando la URSS derrotó por 31 a Checoslovaquia. Hoy España se mide con los gigantes soviéticos, pues como aquéllos tienen méritos para presumir. «No recuerdo un campeonato, Mundial o Juegos Olímpicos, en el que un equipo gane sus cinco últimos partidos por 20. No lo recuerdo», subrayaba Sergio Scariolo tras la apoteósica final. «Estábamos convencidos de que no nos iban a defraudar, pero lo que hemos visto en estos últimos días aquí ha sobrepasado todo lo imaginable, no lo vamos a poder olvidar nunca», coincidía José Luis Sáez. «Ha sido un día inolvidable», juzgaba Pau, el verdadero rostro del ganador. Campeón allí, aquí y donde vaya. Él hace que los retos más difíciles sean posibles. Y el oro que cuelga de su cuello y el de sus compañeros está hecho del material con que se hacen los sueños. «Parece que hemos creado una afición y eso da orgullo. Nos lo merecíamos, estamos disfrutando y seguiremos disfrutando durante todo lo que podamos».

El camino duro
«Ha sido otra exhibición de un grupo que ha sufrido mucho. Todos los sacrificios merecen la pena si al final te marchas del pabellón con la cabeza bien alta. Hemos hecho un partido de escándalo», aseguraba Garbajosa, emocionado en el triunfo como pocos, radiante y satisfecho al final. «Nos ha servido también para callar ciertas bocas. Me siento muy orgulloso de ser el capitán de un equipo así», añadía Navarro, quien confesaba que la final fue «más fácil de lo esperado», y también que «sabe mejor que la de hace tres años en Japón, por cómo ha sido el campeonato y lo que hemos pasado». La unión indisoluble tiene como consecuencia el triunfo rotundo.
«El camino duro nos ha hecho valorar más el oro porque todo el mundo pensaba que iba a ser fácil, pero si no se había conseguido nunca era porque era muy difícil. Esto nos deja un sabor muy especial», explicaba Ricky, el más joven del Eurobasket; dorado porvenir, dorado presente. «Este es un equipo con mayúsculas, que cuando hemos defendido todos juntos hemos conseguido lo que pretendíamos. Los triunfos saben mejor cuando hay dificultad y esto ha sido un trabajo de casi dos meses», explicaba Carlos Cabezas, que se dio un festín en la final. Unidad incluso en las reacciones. También en la de sus rivales: «cuando juegas contra España te hacen parecer así, malos». Scariolo lo tenía claro: la clave, la defensa. «Estoy muy orgulloso sobre todo de ella. Tuvimos que unirnos mucho como grupo para compensar las ausencias; tuvimos que jugar muy juntos. El trabajo para construir un equipo defensivamente muy bueno fue duro».

La gloria se saborea
Momentos antes de subirse al podio Marc Gasol no puede reprimir las lágrimas, ha sido un torneo duro para él; física y anímicamente. Mientras, su hermano le consuela y anima. El mayor, a su vez, agarra el balón del partido mientras aprieta el puño derecho radiante de satisfacción y orgullo. Está en la nube pero pasa al lado de Oscar Robertson y Bill Russell y les saluda con reverencia incluida. Es el mejor jugador de la historia de nuestro baloncesto y uno de los mejores del europeo. La suya es una huella indeleble; no se borrará. Contrastan las caras desencajadas esperando las medallas y los gestos de alegría desmesurada con cómo estaban una hora antes de la final. La mayoría vio a pie de pista el partido por el bronce. Cascos por aquí, mirada fija en el horizonte por allá. Apenas se cruzan palabras; cada uno visualiza el objetivo y lo reproduce sobre el parquet que hay apenas a diez metros. Son conscientes de la oportunidad y de que jugando a su nivel no habrá opciones. Falta llevarlo a la práctica. Es lo siguiente.

Y lo posterior es Rudy cortando las redes de un aro, como en Saitama. Sueño perfecto, de los que acaban bien y hacen levantarte riendo. ¿Qué será lo próximo? «En este momento sólo tenemos que disfrutar; ya pensaremos en el futuro cuando llegue», asegura Scariolo.

Ganar y arrollar
No se gana dos veces a la misma selección en un campeonato. Más que una máxima, es algo lógico: es difícil sorprender dos veces. En este Eurobasket sólo se han repetido tres partidos, y en los tres el equipo que perdió el primero ganó el último. Moralejas varias. Le ocurrió a Eslovenia con Serbia en la semifinal, a Rusia con Croacia y, por último, a Serbia con España.

En el partido inaugural del Eurobasket nos cogieron completamente por sorpresa, lanzando en los primeros diez segundos de posesión, cuando la defensa española necesitaba más tiempo del debido para formarse. También con el pick and roll y las jugadas dos para dos, con las que Krstic se salió. La diferencia en la final se hizo evidente. Sobre todo en la intensidad, desde el primer minuto. Fue España la que desde una defensa consistente atacó rápido, aprovechando los bloqueos y con una circulación del balón primorosa -5 asistencias en las 6 primeras canastas; dice mucho-. Así llegaron tres triples desde las esquinas, parte de un parcial 11-2 (13-5) que facilitaba el siempre difícil comienzo de una final.

Con una presión notable sobre los cerebros serbios, Teodosic y Tepic, España cogía más y más velocidad, pudiendo contraatacar a su antojo. Raül, de nuevo el primer cambio, le provocó la primera crisis a Ivkovic, con 20-7 en un suspiro. Los lanzamientos suicidas de los serbios (8 puntos de Tripkovic en tiros difíciles) nivelaban algo la balanza (24-16, min. 11). Serbia trató de ralentizar mucho el juego en el segundo cuarto. Es lo que tenían que hacer para detener la avalancha. Cinco personales españolas en un minuto dieron a Serbia la posibilidad de entrar en el partido por primera vez (26-18), pero su nivel de concentración distaba un abismo del español. Raül conectaba un espectacular alley oop con Pau para volver al doble dígito. Luego, rebote en su zona de Felipe transformado en contra uno contra cero de Rudy… sucedido por un tapón de Pau en la ayuda que fabricaba una nueva canasta gratis (34-18), de Felipe, solo bajo el aro rival.

España prestó especial atención al rebote defensivo, tras las 24 capturas que se llevó Grecia de nuestra zona el día anterior. La primera vez que Serbia tuvo una segunda oportunidad fue en el minuto 15, con 34-20 y un aplastante balance 17-5 en rebotes favorable a España. Todas las facetas del juego favorecían a un equipo, el de Scariolo, que no se conformó con defender una buena renta.

El final del primer tiempo fue apoteósico; ejemplo de todo. A 3:43 del descanso España doblaba a Serbia (40-20) tras un canastón de Pau tras fintar a Krstic en la línea de tiros libres. Ricky encestaba su segundo triple para elevar a 21 (43-22) la distancia, que llegaría a ser de 24 tantos (50-26) antes del intermedio. Antológico.

El canon de la exigencia
Esta Serbia no tiene todavía el cartel de sus grandes equipos de los ochenta y noventa, pero sí un tremendo espíritu competitivo. Han crecido viendo cómo los mayores, las estrellas, deshonraban su camiseta y tradición. Y en este equipo, con el férreo control de Ivkovic, siempre tiene algo que decir. Con la máxima desventaja (56-31), tocando fondo, encontraron por fin su juego. Advirtieron de que su munición es de verdad con un parcial 2-13 (58-44). Pero España siguió jugando a lo mismo, y a través de la defensa de nuevo encauzó la final. Rudy robó un balón bajo su aro y fue capaz de cruzar la pista como un rayo para anotar ante la impotencia de unos serbios que no podían hacer el balance defensivo.

El oro ya estaba ganado, pero había que concluir el partido con una demostración. Dio tiempo para ver a Raül López sujetar al poste bajo a Kosta Perovic (2.17) y robarle el balón. A Rudy haciendo botarse el balón a los seguros bases serbios. A Llull ir con el cuerpo por delante para conseguir canasta y personal. A Claver completando un alley oop de espaldas… Y a Pau y Marc juntos en la cancha. La fórmula, que se intentó en los primeros partidos, dejó de utilizarse a partir del de Turquía. Desde entonces, los hermanos Gasol sólo coincidieron en cancha 3:46 minutos del segundo cuarto frente a Francia. En la final volvieron a compartir trinchera; durante poco tiempo, apenas minuto y medio, pero suficiente.
«Esta selección merecía tener un oro europeo colgado del cuello, el que lamentablemente se nos escapó hace dos años en Madrid, y pasar a la historia como la primera en haberlo conseguido. Lo que hace grande a este equipo no son sólo éxitos deportivos como el rubricado hoy aquí en Katowice sino también y sobre todo las sensaciones que transmite. Es un ejemplo para todo el deporte español», subrayaba Sáez.

Este mismo bloque ha conseguido llegar a cuatro finales consecutivas, ganando un Mundial y un Europeo. Ya, por derecho propio, están en el Olimpo del baloncesto continental. La URSS de Gomelsky, Sabonis, Tarakanov, Volkov… La Yugoslavia previa a la disolución de los Kukoc, Petrovic, Divac, Paspalj, Zdovc… Y la posterior, con los Danilovic, Djordjevic, Bodiroga, Rebraca… Y ahora la nuestra, la de la unión ante todo. Disfrutémoslo.

Uno a uno
Pau Gasol

Serbia (+27). Jugó los ocho primeros minutos (20-7), cuando fue sustituido por su hermano. Regresó en el minuto 11 (26-18) y se mantuvo en cancha hasta el 24 (56-34). Entró en cancha a 4:31 del final (79-52), pero a 2:55 dio paso a Reyes y comenzó a festejar el título (81-54).

Rudy Fernández
Serbia (+25). Titular y en cancha hasta el minuto 8 (22-9). Volvió a pista a 3 segundos del término del primer cuarto para lanzar el último triple (errado) y no salió en el quinteto inicial del segundo cuarto. Pero en el minuto 11 (26-16) regresó al parquet y se mantuvo hasta que faltaban 31 segundos para concluir el tercer periodo (66-44). Ya no jugó más.

Ricky Rubio
Serbia (+13). Primer titular sustituido (13-7 en el minuto 6). Retomó las riendas del equipo en 13’ (28-18) y las mantuvo hasta el 24’ (58-41). Ya no volvió a la cancha.

Juan Carlos Navarro
Serbia (+15). Último titular en visitar el banco (24-12 a 34 segundos del término del primer cuarto). Entró en el 14’ (34-20) para jugar doce minutos seguidos (58-41). Vio los últimos catorce minutos desde el banquillo.

Víctor Claver
Serbia (-4). Jugó los 5:36 últimos minutos: de 77-50 a 85-63.

Felipe Reyes
Serbia (+5). Entra en juego en el minuto 8 (22-9) y se mantuvo en pista hasta el 15’ (34-20). En la segunda mitad, apareció en el 28’ (62-44) y dejó su sitio a Pau a 4:31 del final (79-52). Jugó los 2:55 postreros: de 81-54 a 85-63.

Carlos Cabezas
Serbia (+1). Jugó los 8:38 minutos finales: de 67-44 al 85-63 final.

Raül López
Serbia (+10). Entró por Ricky a los seis minutos (13-7) y se deshizo el cambio de bases en el 13’ (28-18). En la segunda parte, jugó del 26’ (58-41) al 31’ (67-44).

Sergio Llull
Serbia (+2). Entró por Rudy a los ocho minutos (22-9). Dejo su puesto al mallorquín para los tres últimos segundos del primer cuarto y jugó el primer minuto del segundo (26-16). Tras el descanso, estuvo en cancha los últimos catorce minutos de la final (de 58-41 al 85-63 definitivo).

Marc Gasol
Serbia (-5). Sustituyó a su hermano a los ocho minutos (20-7) y volvió al banco en el 11’ (26-18). En la segunda mitad, estuvo en pista los 16:18 últimos minutos del choque (de 56-34 al 85-63).

Àlex Mumbrú
Serbia (+5). Entró a 34 segundos del término del primer periodo (24-12) y regresó al banco a 5:43 del descanso (34-20). Tras el intermedio, volvió al parquet a 31 segundos del final del tercer periodo (66-44) y dejo espacio para Claver a 5:36 (77-50).

Jorge Garbajosa
Serbia (+17). Titular y en pista hasta el minuto 8 (22-9). Después, encadenó trece minutos consecutivos en pista (del 15 al 28: de 34-20 a 62-44).

Por la medalla de bronce
Grecia, bronce por supervivientes

Sin brillo, pero con mucha solidez y regularidad, Grecia se subió a un podio europeo por quinta vez. Sin Papaloukas ni Diamantidis. Sin el icono Yannakis en el banco. Sin el poder exterior de anteriores campeonatos. Pero con las cosas claras desde el primer día y un Sofoklis Schortsanitis que ha llegado a ese techo que tantas veces se le auguraba y nunca alcanzó. Ya había completado un gran Eurobasket, pero en el partido por el bronce se salió. Jugó 32 minutos –algo impensable hace tiempo; promediaba sólo 17– en los que aportó 23 puntos y 6 rebotes y provocó 12 personales. Otro signo de seguridad, encestó 9 de los 12 tiros libres que intentó, destrozando su 56% previo. Si se mantiene en esta forma física –sobre todo en este peso- será uno de los pivots determinantes de la próxima Euroliga.

Por el contrario, triste desenlace para una Eslovenia honesta en extremo y asediada por las lesiones desde el minuto uno del Eurobasket. Nos contaba el capitán Matjaz Smodis en una entrevista previa al campeonato que sus «expectativas son pasar de cuartos de final y tener la bola para ganar una medalla. A un partido puede ocurrir cualquier cosa». La evolución del equipo esloveno cumplió punto por punto las palabras de su capitán, que si bien no pudo jugar más que quince minutos en todo el torneo –el de España fue su último encuentro– tuvo un papel ejemplar y de especial relevancia. Sentado en el primer asiento tras el cuerpo técnico, siempre fue el primero en ponerse en pie para dar ánimos a sus compañeros en pista en los tiempos muertos, tras canasta o jugada importante. Como un asistente más de Jure Zdovc. ‘Rocky’, como le apoda la hinchada eslovena, fue como el Cid, ganando batallas sin jugar. Tuvieron la bola para ganar medalla en las semifinales –entrada de Lakovic con 79-79– y de nuevo en el partido por el tercer puesto, con un triple lejanísimo de Nachbar que no entró por mucho.

Tras jugar una semifinal durísima, los eslovenos acusaron el cansancio, yendo por detrás todo el partido a excepción de los minutos iniciales, cuando gracias a una clara superioridad en los rebotes (4 a 10) mantuvieron a raya a los griegos (9-13). Era difícil que en el cuerpo a cuerpo aguantaran mucho más, y el mejor Schortsanitis que visto nunca empezó a marcar diferencias. Anotó 8 puntos en cuatro minutos, como parte de un parcial 14-0 (23-13) que disparó a la selección helena. No obstante, los eslovenos, guerreros obstinados hasta las últimas consecuencias, no dejaron que la desventaja subiera nunca de esa barrera (25-15, 29-19, 36-26…), anotando canastas agónicas y ganadoras.

Con Lorbek y Lakovic visiblemente cansados, los no tan importantes Slokar y Udrih empezaron a asumir responsabilidades, reduciendo las distancias hasta la mínima expresión: 47-46 a falta de 3:48. La remontada no se culminó y se quedó en amenaza, mientras Grecia encontraba en ‘Big Sofo’ de nuevo la manera de hacer daño. Cuatro tiros libres suyos y un triple de Fotsis a 31 segundos del final tras rebote ofensivo dejaban el partido ¿sentenciado? No tanto. Lakovic, con su último aliento –jugó los 40 minutos– acercó a Eslovenia a una última esperanza. El base del Barça anotó 13 puntos en el cuarto, los últimos, un triple a 9 segundos (57-56 final). Luego, falta a Spanoulis, el mejor lanzador de tiros libres del campeonato hasta ese momento (89%): dos errores. El rebote cae en el jugador equivocado, Bostjan Nachbar, que apenas puede llegar al medio campo para lanzar un triple desesperado. Hellas, bronce.
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