Elena de Alfredo. Otra española en USA

Buenas a todos!

Mi nombre es Elena de Alfredo. Para que me conozcáis un poquito más, os cuento. He sido jugadora del club Movistar Estudiantes durante unos 8 años y también integrante de la Selección Española en categorías inferiores. Actualmente, me he trasferido a la Universidad de Tampa, Florida después de dos temporadas en la Universidad de Toledo, Ohio.

Como ya sabéis, el éxodo de jugadoras españolas al extranjero es una moda que empezó hace unos años y que cada vez es más popular. El propósito de este pequeño espacio, es resolver dudas y preguntas que estas jugadoras o incluso personas ajenas a ello puedan tener, a través de mi experiencia. Muchas veces, el miedo a lo nuevo, a lo desconocido y sobre todo a lo diferente nos provoca inseguridades que espero que con lo que yo pueda compartir con vosotros/as ayude a disiparlo.

Aún recuerdo cuando la posibilidad de Estados Unidos llamó a mi puerta. Fue como un huracán de sensaciones opuestas que arremetieron en mi vida inesperadamente. La decisión fue complicada debido a que al final, cuando nunca has salido de casa, el calor de la famlia, amigos y tu ciudad, es mucho más fuerte de lo que creemos. Sin embargo, en la vida hay trenes que sólo pasan una vez y éste es uno de ellos.

¿Qué es lo que pensé para tomar la decisión de cruzar el charco? Jugar al baloncesto en una universidad americana es mucho más que eso. La posibilidad de conocer una cultura nueva, gente nueva, contar con más facilidades a la hora de estudiar y encima hacerlo en inglés, fueron los famosos “pros” que conlleva una decisión como esta. Era algo que no podía dejar escapar, un sueño hecho realidad, y lo repetería una y mil veces si pudiera.

Me gustaría hablar de 3 cosas que para mi son lo más importante: la vida allí, la comida y algunos consejos generales de cómo afrontar la experiencia.

¿Cómo es la vida allí?

La vida allí es totalmente diferente y obviamente en cada universidad también varía. Sin embargo, hay ciertas cosas que son factor común para todo el mundo.

En mi caso, entrenábamos unas 3 horas diarias, a veces un poco más, y los horarios dependían de las clases de las diferentes jugadoras del equipo. El primer año entrenábamos desde las 6 de la mañana hasta las 9 y media, pero el segundo desde las 3  y media hasta las 6 y media de la tarde. Estos entrenamientos al ser en temporada están más focalizados en la mejora del equipo y los ejercicios son grupales, tanto defensivos como ofensivos.

Hay que destacar que una de las cosas más duras son las pretemporadas, debido a que se trabaja de manera más directa el tema de pesas y acondicionamiento físico. Nosotras hacíamos dos días de pesas y tres de físico, además de los llamados ‘individuals’. Estos entrenamientos son de 45 minutos con un máximo de 4 jugadoras por cada entrenamiento, con los asistentes del entrenador. El primer entrenador no tiene permitido estar presente en esos entrenamientos por relgas de la NCAA.

Una vez acabados los entrenamientos dependiendo de la carrera, tenías una, dos o tres clases por día. El resto del día lo podías dedicar a estudiar o incluso a entrenar más. En el año freshman (el primer año) cada jugador y jugadora contaba con una tarjeta con la que podías entrar a entrenar a la pista de entrenamientos y entrenar cuando quisieras.

¿Cómo es la comida?

La comida es uno de los hándicaps que conlleva el hecho de ir a Estados Unidos. En muchas universidades lo que hacen es que con la tarjeta de la que he hablado antes, puedes entrar a la cafetería las veces que quieras con un límite cada semana. La verdad es que es más que suficiente. Esto está muy bien hasta un punto. El problema es que no te das cuenta y comes más de lo que deberías. También hay que tener cuidado porque la manera de cocinar allí es diferente, usan mucha mantequilla y poco aceite de oliva.

Es primordial que cuidemos ese aspecto, porque uno de los problemas frecuentes el primer año es el aumento de peso sin darte cuenta.

¿Cómo enfrentar esta nueva etapa?

Mi primer consejo importante es no agobiarse antes de ir, o no pensar demasiado. Lo que hay que tener claro es que la manera de trabajo y la disciplina que allí se implementa es completamente diferente. Mentiría si dijera que es fácil acostumbrarse, porque no, no lo es. Es muy importante ir con la mente abierta, y dispuestos a dejarse la piel y a nunca decir ‘no puedo’.

Mi segundo consejo es que hay que disfrutar del momento. Es una etapa ‘unica en la vida, en la que habrá bajones, momentos tristes, pero luego no tan tristes. En mi caso, llevo dos años fuera y se han pasado volando. Parece como si fuera ayer que me fui por primera vez. No desaprovechar ni un segundo, y valorarlo día a día por mucho que a veces cueste, es imprescindible. El sentimiento de arrepentimiento es una de las cosas más dolorosas que pueden pasar.

Mi tercer consejo es nunca tirar la toalla. Sería hipócrita si no dijera que muchas veces he querido irme y que creía que no podía aguantar más. Al final, son muchos cambios en muy poco tiempo, el horario de comidas y de entrenamientos, la cultura, la temperatura, etc. Sin emargo, con el paso del tiempo acabas acostumbrándote, y te acaba gustando. Por lo menos en mi caso.

Mi cuarto consejo es ir poco a poco, disfrutando del camino con el objetivo en mente. Uno de los momentos más duros es lo que llaman allí el estar “home sick”. Esto es cuando hechas mucho de menos a tu familia  y a todo lo que le rodea. Este es un episodio muy común y que todos hemos vivido más de una vez. La manera de sobrellevarlo es mucho Facetime o Skype, pensar en el objetivo final que es el baloncesto y los estudios. Pero sobre todo en lo orgullosa que estará la familia al verte triunfar de una manera o de otra y la satisfacción personal que eso conlleva.

Bueno, espero que con esta pequeña toma de contacto, contando a grandes rasgos algunos aspectos de la vida allí, os haya ayudado. Y espero poder seguir resolviendo dudas y contar mis experiencias para que disfrutéis de ellas, tanto como he disfrutado y espero seguir disfrutando.

Nunca olvidéis que somos nosotros mismos los únicos que podemos impedirnos hacer cosas nuevas. Somos nosotros y nuestra mente los que controlamos lo que podemos hacer o lo que no. Entonces, ¿para qué ponerse límites?

 

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