Elena Delle Donne, contra la WNBA: su carta tras la decisión de hacerla jugar

Elena Delle Donne, contra la WNBA: su carta tras la decisión de hacerla jugar

La mejor jugadora de la temporada pasada se ve forzada a jugar pese a su enfermedad y ésta es su respuesta a la WNBA

Elena Delle Donne sigue en una encrucijada: jugar o no jugar. En las manos del panel de expertos médicos de la WNBA dejó la responsabilidad de dejarla fuera de la burbuja que se ha creado, paralelamente a la de la NBA, en la IMG Academy de Florida.

En casos de riesgo se quería, como aprobó el sindicato de jugadoras, que un comité sanitario independiente valorara la situación para ver qué riesgos conlleva meterse en competición con el coronavirus en pleno crecimiento en Estados Unidos y Elena Delle Donne ha recibido esta semana una mala noticia: su petición no ha sido aceptada. Ella había sido aconsejada por sus médicos de toda la vida y creía que no iba a tener la luz verde de la Liga para jugar, pero ha sido al contrario. Se ha considerado que no hay riesgo para ello pese a ser inmunodeficiente al sufrir la enfermedad de Lyme, lo cual deje la pelota en su tejado. La MVP de 2019 tiene que decidir si no acude, lo que conllevaría la renuncia a una buena parte del sueldo, o si finalmente sí lo hace pese a que podría contagiarse y empeorar de su estado.

La estrella de las Mystics ha escrito una carta en The Players’ Tribune en la que pretende aclarar la situación aunque en ella no comunica cuál será su decisión final:

«Tomo 64 pastillas al día. 64. 25 en el desayuno, 20 después del desayuno, otras 10 antes de la cena y 9 antes de irme a la cama. Tomo 64 pastillas cada día y pienso que es algo que me está matando lentamente; y, si no me mata, es algo muy malo para mí. A largo plazo tanta medicación no es buena, es como jugar contigo misma, es una mentira a tu cuerpo. Es un círculo que nunca acaba y es exhaustivo y miserable. Pero lo hago igualmente, lo hago porque tengo la enfermedad de Lyme. Tomar 64 pastillas al día es la forma de mantenerla bajo control, de poder jugar al deporte que amo y hacer posible que pueda pagar los cheques de los que vive mi familia» 

«En cuanto salió el COVID me lo tomé muy en serio. He dicho una y otra vez que por mi enfermedad soy inmunodepresiva porque el Lyme debilita mi sistema inmune. Es algo con lo que tengo que lidiar, pero es un asunto de vida o muerte. Así que cuando la WNBA destapó la idea de querer organizar una burbuja para jugar me informé sobre cómo iba a ser y cómo iba a afectarme. Con los casos subiendo en Florida… Si tengo que ir a un hospital y está colapsado, ¿qué hago? Quería jugar, pero estaba aterrada» 

«Cuando la Liga empezó a revisar los casos, yo no tenía ni que preguntar. ¡Llevo toda mi vida jugando y siendo una persona de riesgo! Pero te tienen que garantizar que tu caso es una excepción sanitaria para que te excusen y no tengas que renunciar a tu salario. Pero seguí el protocolo y pregunté. Y ahora sé que me han denegado la petición. Así que tengo dos opciones: arriesgar mi vida o renunciar al dinero»

«Duele, honestamente. Duele que la W, a la que he dado sangre, sudor y lágrimas durante ocho años, me diga ahora que estoy equivocada con lo que pasa dentro de mi cuerpo, que soy tonta por hacerle caso a mis médicos y que estoy falseando una discapacidad. No tengo ganas de ir a la guerra con la Liga, pero…» 

«Hay muchas cosas en el mundo que no sabemos. Esto significa que tenemos que escucharnos unos a otros y aprender unos de otros con la máxima humildad posible. Espero que en el futuro la WNBA aspire a ello»