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Entrevista con Víctor Lapeña, mejor entrenador de la Euroliga femenina 2019-2020

Entrevista con Víctor Lapeña, mejor entrenador de la Euroliga femenina 2019-2020

La trayectoria de Víctor Lapeña ha cambiado por completo en los últimos años. Tras su paso por el Perfumerías Avenida, aceptó el puesto de un MANN-FILTER Casablanca que buscaba la permanencia en la Liga Femenina. Cinco temporadas más tarde, el técnico español ha sido nombrado por la Euroliga «Mejor entrenador de la temporada 2019-2020». Ahora, hemos querido hablar con él para conocer su ascenso, sus métodos y charlar de su presente en el Fenerbahçe.

¿Cómo es la vida en Estambul?

La verdad es que estoy muy contento. Nos hemos adaptado muy bien tanto Nacho García, mi ayudante, como yo. Es muy parecida a la vida en España, quitando sus momentos religiosos porque somos diferentes, pero eso no afecta a la convivencia dentro del mundo que yo vivo. Turísticamente es formidable, es una ciudad preciosa y con mucha historia, nos la enseñaron nuestros ayudantes y cuerpo técnico, aunque no hemos podido disfrutarla demasiado debido al trabajo. Y, deportivamente, íbamos líderes en todas las competiciones, estábamos a un paso de la Final Four de la Euroliga, el equipo funcionaba muy bien y habíamos ganado los dos títulos que se habían disputado hasta ahora.

Viendo la plantilla, entiendo que se le da mucha importancia al basket femenino desde dentro del club.

Desde luego, el equipo de fútbol y baloncesto masculino son los buques insignia del club. Pero ellos tienen una filosofía que es que el equipo de baloncesto o volleyball femenino tengan un buen presupuesto, acorde a lo que significa Fenerbahçe en Turquía. Ten en cuenta que el club tiene entre 25 y 30 millones de fans en el país. Nosotros vamos a jugar a Adana, se ponen en contacto las peñas y el pabellón lo llenan nuestros fans (risas). ¡Somos muchos más fans que los del equipo de Adana! Eso es increíble. El presupuesto es más bajo que hace unos años porque hay que ajustarse, pero es un presupuesto que en Euroliga es importante. No sé, quitando a Ekaterimburgo, Kursk, quizá Praga y alguno más, pues seremos el cuarto o quinto presupuesto de la competición.

Desde fuera la sensación que da es que los aficionados son del club, no del equipo de fútbol o baloncesto en concreto. ¿Es así?

Van un poco a todo. Los estadios de fútbol y baloncesto masculino, porque su pabellón es diferente al nuestro y está separado por un pasillo de 100 metros que comunica a ambos, se llenan. Nosotros tenemos fans propios, pero arrastramos también fans de otras modalidades y el pabellón siempre presenta un buen aspecto. Además, gritan mucho.

Hablando de los aficionados, ¿te habías encontrado algo similar a la rivalidad existente entre Fenerbahçe y Galatasaray?

No, nada parecido, yo no era consciente hasta que no llegó la semana del partido. En aquella semana, que creo que teníamos también partido de Euroliga, vinieron el vicepresidente y muchos directivos a hablar con nosotros. A mí me dijeron: “coach, hasta que no ganes al Galatasaray no serás un miembro del Fenerbahçe”. Es el partido más importante del año. Da igual que estés jugando la final de la Copa o lo que sea, no no, es el partido más importante. Contra Besiktas también, pero con el Galatasaray es brutal.

Rusia y Turquía, dos lugares muy diferentes a España. En tu día a día relacionado con el baloncesto, ¿qué es lo más diferente que estás viviendo? ¿Relaciones con la directiva? ¿Forma de entrenar?

Cada club tendrá su historia, pero yo no me he encontrado un club como Fenerbahçe. En cuanto a organización, medios, facilidades y presión. Presión por ganar, que es lo único que vale. Con Fenerbahçe solo vale ganar. Así como en España, cuando estaba en Salamanca, creía que había presión… Tras Fenerbahçe, Perfumerías Avenida me parece un sitio muy cómodo para entrenar, un lugar en el que gusta ganar, pero también hacer un baloncesto vistoso. En Fenerbahçe eso está muy bien, pero tienes que ganar.

En Rusia es como el propio clima, todo mucho más frío. Los equipos siempre son competitivos y les gusta hacer un buen papel. Y luego, lo que te piden los rusos son objetivos muy realistas. También es cierto que yo estaba en el tercer equipo de Rusia y te marcaban el objetivo de quedar tercero en liga y hacer una Euroliga decente. Al final terminamos ganando la Eurocup y por encima de nuestras expectativas, pero mucho más frío todo y con menos relación con la directiva en el día a día. En comparación con España, en cuanto a entrenamientos es lo mismo, siempre he tenido la misma libertad, pero en todo lo demás, directivos, pasión, presión… repito, como Fenerbahçe no me he encontrado nada igual.

¿Cómo gestionas esa presión en Euroliga? Al final, ahí no sois favoritos ni tenéis el mayor presupuesto.

Con Ekaterimburgo ellos son muy conscientes. La gente que dirige el Fenerbahçe en el plano femenino lleva muchos años y saben lo que valen las jugadoras. Pero a ellos les gusta que el equipo gane siempre. Contra Ekaterimburgo todavía no hemos jugado, pero a lo mejor ese partido entenderían más que se perdiera… Yo lo que intento es nombrar poco esa presión de que hay que ganar sí o sí, aunque las turcas, que llevan más tiempo, entre ellas lo saben y lo contagian al resto.

En el primer partido en Kursk, incluso con la General Manager delante, les dije que no estuvieran nerviosas y que para mí lo importante no era ganar o no, sino que hicieran las cosas bien y ejecutaran el plan de partido. El delegado del equipo me había comentado que en los últimos 5 o 6 años no se había ganado en Kursk. Al final, nadie me dijo nada al respecto… sobre todo porque ganamos de 20. Pero de esa manera es la forma en la que yo les quito esa presión, además de entrenando de forma muy lógica. Con dos competiciones tan potentes como Euroliga y la liga turca, hay que saber hacer bien las cosas: entrenando menos, haciendo mucho vídeo individual… Mi método de entrenamiento siempre lo he variado bastante y sobre todo en cuanto a cargas de trabajo.

¿Es complicado gestionar un vestuario con tantas estrellas como Iagupova, Zandalasini, Williams, Chelsea Gray…?

Lo primero, tienes que ganar. Con las estrellas que han estado con los mejores entrenadores y en las mejores ligas, tienes que intentar que “te compren lo que tú les quieres vender”. Y digo entre comillas porque nosotros tampoco hacemos eso. Que ellas digan “esto es bueno para mí, es bueno para el equipo, este tío me está enseñando, está por mí, trabaja, me quiere… y encima ganamos”. Y no solo con ellas, sino que valoran que trates de ser lo más justo posible con otras compañeras que están trabajando también y que les des oportunidades, porque al final entre ellas también son amigas. Un poco lo que hago es eso. Tengo muchas conversaciones individuales con ellas, creo que es importante conocerlas.

¿Te tienes que ganar más el respeto en un vestuario así que en otros?

En todos los sitios te tienes que ganar el respeto. Más que eso, en una plantilla así, es que te tienes que poner al máximo nivel. Es como si entrenas a Messi, que a él le puedes enseñar una serie de cosas… pero él mejora las cosas que enseñas. Ese es el camino que hago yo. Veo dónde pueden mejorar, les ayudo y que ellas vean que yo les ayudo con ese camino.

Mencionas a Messi… yo tengo mucha curiosidad por conocer cómo estás viviendo el entrenar a una jugadora como Alina Iagupova.

Desde fuera, cuando no la conoces, da la sensación de ser una tía fría, dura y con un carácter fuerte. Y eso te puede llevar a pensar que entrenarla debe ser dificilísimo. Bueno, yo no sé las experiencias que han tenido otros entrenadores, pero para mí entrenar a Iagupova está siendo un aprendizaje y estoy teniendo un día a día muy fácil. Es la jugadora que más duro entrena, es la que más trabajo te demanda, es la que te ayuda muchas veces y te dice “oye coach, qué te parece si hacemos esto o lo otro, que para mí es mejor porque tal”. Es consciente de que siempre tiene encima a dos o tres jugadoras y siempre quiere pasar a sus compañeras. Y luego, es una tía muy divertida. Lo que pasa es que tienes que llegar a ella y ella abrirse contigo.

En mi caso particular, y en el de Nacho también, se ha abierto y ha sido una de las recomendaciones que he hecho al club si no podemos continuar con esta temporada y se empieza a pensar en las siguientes, que renovemos a Iagupova pronto por lo que da dentro y fuera de la pista.

Hablando de ella como jugadora, ¿te habías encontrado con alguna de su nivel en tus plantillas?

No, nunca. Y dudo que me pueda encontrar a alguien tan… Quizá Breanna Stewart, Maya Moore o en su día Diana Taurasi… no sé, porque nunca las he entrenado. Pero va a ser difícil. Es una jugadora totalmente desequilibrante, por todo lo que condiciona el juego de tu equipo y del rival.

Doy por hecho que es muy diferente, pero, ¿disfrutas más entrenando a estrellas mundiales u otro tipo de plantillas?

Yo disfruto mucho con cualquier tipo de plantilla, a mí lo que me gustan son los retos. Me gusta que mi equipo no sea el mejor para poder superar al que lo sea. Acabo muy satisfecho del trabajo grupal e individual viendo que la jugadora mejora. Es muy difícil hacerlo con todas, pero necesito ver que un porcentaje alto de jugadoras han mejorado conmigo. También me gusta hacer un buen baloncesto, superar como digo a rivales superiores y, en competiciones como la turca, si eres la mejor plantilla, demostrar que lo eres… y mantener ese nivel de concentración y exigencia si juegas entre semana un partido de cuartos de Euroliga para meterte en la Final Four. Estuve en el MANN-FILTER y superamos los retos marcados por la directiva y que también marcan tus jugadoras. Cuando eso lo consigues, que no siempre es posible, uno se queda satisfecho.

Debido a tus experiencias en el extranjero, ¿aprende uno a convivir con la soledad?

Sí, aunque Oremburgo no es Estambul, son muy diferentes. La primera es una ciudad que, por el clima, tiene menos vida. La jugadora, para ir a Rusia, le tienes que pagar mucho dinero. A mí, este año, el tener a Nacho me ha venido muy bien. Estamos en la misma situación como entrenadores, vivimos cerca y tenemos el pabellón a un paso. En Rusia tenía a Carlos Martínez, pero quieras o no, Carlos tenía a su mujer allí, Sandra Ygueravide, y había que respetar su espacio. Por otra parte, me he encontrado a un cuerpo técnico muy afable, que quiere compartir muchas cosas conmigo y una General Manager que me trata como a su hermano pequeño. Me quiere, me cuida y en los momentos difíciles siempre está pendiente. En Rusia estuve muy bien, pero era el primer año y viví mucho más la soledad.

Dejaste tercero al MANN-FILER, el año pasado campeón de la Eurocup y este, porque ha sucedido todo lo que estamos viviendo, pero primeras de grupo y con un gran conjunto para llegar lejos en Euroliga. ¿Qué has aprendido en estos tres años de un ascenso continuo?

En mi carrera como entrenador, al dejar Perfumerías Avenida, tenía que tomar una determinación. O esperar una oferta a nivel europeo, que era lo que quería, o irme al MANN-FILTER, que se puso por el camino. El primer año fue cogerlo para que no descendiera, por cariño, por compromiso con la gente que estaba allí. En ese momento, decido con mi mujer tener un hijo, pero en vez de uno vienen dos… y firmo tres años para parar un poco. No me podía marchar. En ese momento quisimos disfrutar del club y crear una línea de élite, no solo del primer equipo. Teníamos ese objetivo, que era muy difícil, y yo no tenía previsto ya marcharme. Estaba disfrutando mucho. Pasó lo que pasó, que fue muy duro, y me embarqué en el proyecto de Oremburgo. Y el objetivo de ganar la Eurocup no lo teníamos, pero una vez cumplido fue una satisfacción increíble.

Aunque la historia cambia realmente cuando vengo a Fenerbahçe, ahí sí que cambia todo, aquí es todo muchísimo más difícil. Por lo que significa el club y por los retos que tiene. Eso me lo marco yo como algo de “oye, aquí estamos”, ya que vamos a tener buenas jugadoras y buen equipo, vamos a conseguirlo. Y lo estamos consiguiendo.

La Euroliga te ha nombrado “mejor entrenador de la competición”.

Doy muchas gracias a la gente que me votó, a los fans y a la gente que cree que me lo he ganado. Me hace estar muy contento por lo que estoy haciendo con mi forma de vida, que es entrenar y ser entrenador de baloncesto. Pero se lo agradezco a mis jugadoras, por lo que creen en mí y el juego que desplegamos, a mi cuerpo técnico y a los directivos que apuestan por mí. Eso es lo primero que se me viene a la cabeza, el agradecimiento a toda la gente que hace que mi nombre esté ahí. Es una labor de mucha gente.

¿Están mereciendo la pena todas las renuncias que hiciste en su día, tanto familiares como profesionales, para vivir todas estas experiencias?

Hay momentos en los que pienso qué pasaría si no lo hiciera. Tendría cosas que no he vivido: ver crecer a mis hijos o estar más tiempo con mi mujer. Pero, por otra parte, te das cuenta que ellos tienen una vida que les puedo dar yo como padre en cuanto a que no les falte de nada, que puedan ir al colegio y que puedan estar tranquilos. Y también que, al final, no son tantos meses. Yo he venido de Estambul, ellos han podido visitarme y, a partir de mayo, estoy casi cuatro meses en casa de una forma que no puede estar una persona que tiene un trabajo normal. Estoy 24 horas con ellos. Por eso renuncié a la selección hace dos años. Ahora mismo, no pienso mucho en lo que pierdo y, al tener el apoyo de mi mujer, pues voy a por ello. En caso contrario, tomaría otra decisión. Ahora está todo en un equilibrio muy bueno… y cuando las cosas se mantienen en equilibrio, vemos que está bien.

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