Laia Palau: «El basket ha sido un vehículo para ser mejor persona»

Laia Palau entrevista

Sosegada y feliz, Laia nos atiende tras una intensa jornada con la selección española. Habla con la misma naturalidad de siempre, como si el paso que acaba de dar fuera uno de los miles que da cada día en su nueva vida y, sin embargo, no es así. Laia Palau se ha retirado como jugadora de baloncesto. Por un momento, pensamos que la noticia, tantas veces presagiada, nunca se haría realidad; por un instante creímos que Laia era inmortal, pero incluso para los elegidos, el tiempo ajusta cuentas y finalmente llegó la fecha en la que el ícono del baloncesto deja paso a la leyenda con mayúsculas.

¿Cómo fue el primer despertar después de anunciar la retirada?

Fue bueno. Lo más difícil de todo esto es tomar la decisión, la decisión interna. Una vez tomada, lo complejo era comunicarla, pero no por el hecho en sí de comunicarlo sino por el evento, por la descarga emocional que supone o la cantidad de mensajes que recibes de mucha gente. Todo ello es muy emocionante y hace que se viva con mucha intensidad.

¿Recuerdas cuándo y cómo fue la primera vez que verbalizaste que te retirabas?

La verdad que esta cosa de si lo dejo o no lo dejo, lo llevaba pensando cada día desde hace mucho tiempo. Esta vez tomo la decisión porque veo que surgen cosas como la propuesta del Uni Girona o estar con la selección española. Aquí estoy como Team Manager pero también estoy por los conocimientos y estoy haciendo muchas tareas que no puedo compaginar. No puede ser que esté, por ejemplo, dando consejos a Sílvia Domínguez y Maite Cazorla, y luego jugar contra ellas. A quien primero se lo dije fue a mi pareja, luego a María Araujo, que ha sido mi compañera de habitación con el equipo, y después lo he ido diciendo… tranquilamente.

¿Da vértigo abrir la puerta al mañana?

No, tengo una red de seguridad muy guay. Yo el jueves estaba jugando unas semifinales de liga en Valencia y el lunes ya estaba en las oficinas del club manteniendo reuniones, hablando con Marc Gasol… Ha ido todo muy seguido porque también he empalmado con la selección. He cogido carrerilla y ahora estoy en un proceso de adaptación constante.

¿Cuánta gasolina te ha quedado en tu depósito de baloncesto?

Siento que podría haber hecho un año más, pero este año era el de la retirada. La batalla interna entre el hecho de querer seguir siendo jugadora 100% y la parte que decía “no lo quieras tanto porque un día se acaba…” me ha supuesto mucha tensión.  Ese pulso ha sido bastante duro. En cualquier caso, este año me mentalicé mucho en enfocarme hacia el siguiente paso porque en algún momento había que darlo. Para mí era muy importante escoger la manera en la que quería retirarme. No quería terminar con mal cuerpo y, pese a que este año ha sido difícil, debo pensar que he estado disponible la mayoría de partidos. Acabar estupenda y ganando títulos es muy difícil.

En 2019 sobrevoló retirada yéndote a Australia ¿qué te hizo cambiar de opinión? ¿Mereció la pena el epílogo vivido?

¡Y tanto! El epílogo ha sido maravilloso. Me fui a Australia y yo pensaba que entrenando tres días haciendo el monguer no estaría para la selección, que aquello sería un vivir la vida, pero aquella retirada no fue tal. Entrené tan fuerte como siempre y luego había cosas muy tentadoras. Había un mundial en casa, en la selección me hicieron ver que me querían y esa suma me hizo seguir. Claro que ha merecido la pena, imagínate, luego ha llegado una medalla mundial, un título de Eurobasket, unos Juegos Olímpicos, una liga y una Copa de la Reina con el Uni Girona…

Laia siempre fue la capitana que, aún sin brazalete, había que escuchar y observar. Aunque ella, lenguaraz en el trato cercano y de ardiente discurso deportivo, más que una líder, fue una amiga en el vestuario. No una figura a la que venerar por talento o curriculum, sino una persona a la que respetar por su proximidad con los sentimientos humanos. Su fuerte personalidad, empero, escondió la fragilidad que, por momentos, la tensión del baloncesto le hizo padecer. Instantes de dudas e incapacidad para disfrutar de aquella pasión que la atrapó de niña. Años que hoy solo son un recuerdo, pero que dejan el poso de una vivencia necesaria para configurar su última etapa. Liberada de aquellas ataduras que no se ven pero son las que más se sienten, Laia emergió en una especie de hacedora de fortuna que fue dejando tras de sí un rastro de éxitos.

Con una carrera tan longeva imagino que ha habido tiempo para todo, pero en una entrevista me dijiste que llegaste a sentir mucha presión en el baloncesto…

Sí. Ahora que hago balance pienso que mi relación amorosa con el baloncesto ha sido lenta. De niña me gustaba, pero luego, siendo profesional, no me veía del todo jugando, no me acababa de gustar. El otro día Betty Cebrián me escribió recordando mis primeros años con ella, cuando ella veía ese sentimiento que yo tenía con el baloncesto, y me dijo “anda, que si te llega a gustar de verdad…” Quizá esa sensación no siempre de entendimiento con el baloncesto también me ha permitido darle la distancia necesaria para no quemarme. A mí la madurez me llega con 30 años, ahí es cuando empiezo a enamorarme del baloncesto y es en los últimos años cuando disfruto plenamente.

Después llegó la fase de madurez, la del reencuentro con el placer de jugar ¿Cómo se produce ese volver a enamorarse con el baloncesto?

Ganar con el Ros Casares fue muy importante. Para mí hay dos hitos que han marcado mi carrera: la Euroliga y la selección española. Yo quería ganar la Euroliga y cuando se ganó con el Ros esa lucha interna desaparece. Es como si se esfumase esa mochila con la que cargamos.

Un amigo me dijo que en los momentos malos piensa en cuál fue su mejor momento y eso le encorajina para seguir adelante ¿Para ti cuál fue ese mejor momento?

La medalla de Río. Es el colofón a todo. Hay una foto que representa mucho ese momento y cuando estoy en el podio, veo la medalla y pongo una cara de ¡Buah! Es como si hubiera coronado el Everest. Es una plata, pero da igual. El escenario lo hace muy especial. Es un decir… ¡Joder, lo he hecho! También diría el día que me retiré porque pensé “hostia Laia, has hecho todo esto… Esto es todo lo que has hecho en el mundo del baloncesto». Ahora quiero hacer muchísimas cosas en el baloncesto, no como jugadora, pero sí en el baloncesto. Me siento muy contenta de cómo ha ido todo, pero también por los mensajes que me llegan, por el deseo del club de que trabaje con ellos, por la gente que quiere trabajar o estar conmigo… eso me hacer sentir que tengo un valor como persona y no solo como jugadora.

¿Tienes la sensación de que en el baloncesto te has dejado algo por hacer?

No. A ver, me hubiera gustado ganar un título este año. No he ganado ninguno título, es la primera temporada que no gano nada y eso es significativo. Claro que me dejo cosas, pero también tengo la sensación de que soy una afortunada y que me ha dado muchas cosas extras que no me esperaba.

Y el baloncesto… ¿te ha dejado a deber algo?

¡Qué va! La columna del deber y haber la tengo llena. El baloncesto me ha dado muchísimo. He aprendido mucho de mí misma gracias a él y me ha permitido situarme en el mundo como persona. El baloncesto ha sido una excusa para saber cómo hacer las cosas y un vehículo para ser mejor persona.

Hace unos años me dijiste que eres como Jack Sparrow, siempre tienes un plan… ¿Cuéntame cuál es el próximo y a qué isla del tesoro te diriges?

De momento, con el proyecto de Girona estoy muy contenta. Íbamos a hacer una academia de formación, pero hemos seguido avanzando y nos hemos fusionado con Bàsquet Girona para juntar las dos canteras. Es un proyecto muy bonito para crear una estructura de club potente con la que dar oportunidades a los más jóvenes y formarles. Esta es una isla del tesoro que me he encontrado y donde no he tenido que escarbar mucho debajo de ninguna palmera. Después, en la selección es un nuevo comienzo, es decir, parto de 0 internacionalidades. Es mi mundo pero comienzo desde otro ángulo y tengo una oportunidad para aprender, de ver qué soy capaz de hacer…

¿Qué echas en falta en el baloncesto actual y quieres aportar en esta nueva etapa profesional?

A nivel de club estaba muy obsesionada con mejorar las estructuras internas. Creo que se debe invertir en baloncesto femenino e invertir más allá de las pistas, hay que tener unas patas sólidas. Luego, el presupuesto y el margen de acción es estrecho pero quiero profesionalizar mi lugar de trabajo. Además, me gustaría, tanto en Girona como en la selección, ser el aceite que engrasa la estructura y ayudar a la gente a que esté mejor haciendo su trabajo y tenga un buen rendimiento. En definitiva, facilitar la vida a la gente que es algo que he intentado hacer en mis equipos.

La voz se torna melancólica en la despedida a la jugadora. Sabe que el Tsunami emocional de las primeras semanas irá apaciguándose. Tras la primavera de las emociones llegará el momento para la pausa y para comprender la dimensión del mundo en el que acaba de echar a andar. Entonces quedará la persona, la mujer que siempre busca la sonrisa ajena, la que facilita la vida de los demás y busca su propia felicidad en pequeños detalles del día a día. Por delante queda el reto de seguir creciendo con los nuevos desafíos que el baloncesto le ponga por delante. Un espíritu libre como es ella jamás podrá contenerse, pero su capacidad está fuera de lugar y, por conocimiento y personalidad, el éxito está garantizado en cada área de la vida que Laia pretenda abordar. Laia seguirá aprendiendo a ver el baloncesto y el mundo con otros ojos, aquellos que no entienden de convencionalismos pero miran alto y vuelan lejos. En esta vida hay gente con luz, ella la tiene y le seguirá allá donde vaya.