De Palermo a lo más alto. El salto de Laia Flores y Markeisha Gatling en la Liga Femenina

De Palermo a lo más alto. El salto de Laia Flores y Markeisha Gatling en la Liga Femenina

Palermo, Sicilia. Una de las áreas metropolitanas más grandes de Italia y una ciudad muy ligada al mundo del deporte. Allí, en el Sicily By Car Palermo Basket, una pareja de extranjeras que conectaron desde el primer momento se sumaba al grupo de italianas ya presente: Laia Flores y Markeisha Gatling. Movimientos que propiciaron que la campaña 19-20 se antojara ilusionante. No por unas grandes expectativas, sino por ese propio placer de competir que tanto echamos de menos meses más tarde.

«Al llegar no conocía a Markeisha, pero el hecho de que yo jugase 4 años en EEUU siempre hace que con las americanas mi relación sea próxima. Por el idioma y la cultura. Desde el principio tuvimos un muy buen feeling. Con las italianas había buena química, pero con ella, tanto dentro como fuera de la pista, tuve muy buena relación», afirma Laia sobre la que, tras aquellos meses, ya considera su amiga. Una relación que no pudo completar sus objetivos, ya que el covid acabó con la temporada y con el propio equipo. Un grupo que iba a más en el mes de marzo.

El Sicily By Car Palermo Basket, que no gozaba de la mejor economía posible, tuvo que decir adiós a Laia y a Markeisha, pero también a toda la estructura de su primer equipo. El club no fue capaz de salir en la 20-21 ni en primera, ni en segunda, ni en tercera división. Tan solo las más pequeñas de la cantera mantienen viva la llama de una entidad que logró el ascenso a la Serie A en 2019, 29 años después de su última vez.

Sin embargo, a pesar de no conocerse por aquel entonces, lo cierto es que el camino de Flores y Gatling había sido bien similar desde hace, al menos, dos temporadas. Markeisha firmó con Landes en Francia en la 18-19, un lugar en el que no terminó de contar con el peso deseado en el equipo y promedió 6.6 puntos y 3.3 rebotes. En el caso de Laia, su primera experiencia en la Liga Femenina Endesa no fue tampoco del todo satisfactoria, principalmente en el aspecto anotador. En el Mann-Filter Casablanca, anotó 5 puntos por partido con 29% en T2 y 19% en T3. Unas tendencias que cambiaron por completo en Palermo, ciudad que marcó un antes y un después para las dos.

«Veníamos de dos ligas potentes, pero sin tener tanto peso en el equipo como en Palermo. Al haber un límite de extranjeras, nos dieron mucha responsabilidad. Éramos las que teníamos que ganar los partidos. Si lo llevas bien, te puede ayudar a crecer. Ese fue nuestro caso. Dimos un paso adelante individualmente. Al estar fuera de España otra vez, volví a valorar mucho todo y me centré en el tema baloncesto. Creo que ahora se nota todo eso», explica Flores.

El covid cambió las expectativas de la base catalana y su amor por Palermo se convirtió en un imposible. No le habría disgustado quedarse un año más, pero la opción de la Liga Femenina Endesa se convirtió en prioritaria. Por la distancia con su familia en un momento complicado y, en segundo lugar, por el nivel de la competición. Una liga a la que ha vuelto de la mano de Campus Promete siendo una versión mejorada de sí misma gracias a, como ella misma cuenta, su trabajo veraniego: «Después de Mann-Filter, empecé a entrenar con Jordi Ventura. Es de Mataró y también entrena a Rosó Buch. Me centré mucho en el tiro. Sabía que, para dar un paso adelante, además de la defensa, tenía que mejorar cuando tenía tiros liberados. Aun siendo base, debía meter más. También cogí un preparador físico, Jan Segura. En verano intenté trabajar todo lo que necesitaba, porque durante la temporada el equipo se centra en ganar partidos y no en ti. Ya llevo dos veranos haciéndolo, fue un paso adelante para mí y es lo que me ha dado el salto».

Ese mismo camino fue el tomado por Markeisha Gatling. La estadounidense, con pasaporte de Montenegro, firmó con Casademont Zaragoza (a tan solo 170 kilómetros de Logroño) en un intento de demostrar que está a la altura de las grandes ligas europeas y que puede dominar en ellas. Una meta que, tras varios meses de encuentros, está cumpliendo con creces. Sus 21.9 de valoración media actual es una cifra que no se veía desde Debbie Ibekwe (23.76), MVP en la 14-15 con Girona, y Bernice Mosby (22.19), presente en Gernika aquella misma campaña. Unos números que sostienen la impresión transmitida cada fin de semana: ninguna interior puede frenarla en ataque.

A pesar de todo, a Laia no le termina de sorprender el nivel de su amiga, puesto que ella estaba convencida de que Gatling iba a triunfar en España: «A mí me preguntaron a principio de temporada y yo dije que no había visto nunca una pívot así. Es muy grande, gana bien la posición, tiene rango de tiro… Sabía que iba a dominar. Mucha gente no la conocía y se sorprendía, pero ahora que todo el mundo la conoce y que las defensas se centran en ella, sigue dominando».

Además de su vital trabajo en la sombra, otros dos condicionantes importantes en el cambio de Laia Flores han sido su experiencia y César Aneas. Sin esa mezcla, sus 13.9 de valoración y 13.2 puntos de media serían una utopía. El técnico de Promete ya había contado en sus filas con Laia cuando ella tenía 12 años. La entrenó durante casi un lustro y marcó a la base, al igual que estos últimos meses en Logroño: «Conectamos siempre muy bien, desde pequeña. Su estilo de juego me va bien. César trabaja bastante el tema de la técnica individual, su estilo de juego es muy dinámico, deja mucha libertad y me ha dado la confianza desde el minuto uno».

En cuanto a su experiencia, Laia habla claro y con una pasión que se transmite de manera evidente en sus palabras. No es la misma jugadora que cuando llegó por su mejora con Jordi o Jan, pero tampoco por su conocimiento de la competición. Un aspecto totalmente clave. «Cuando llegué al Mann-Filter no conocía la liga. Venía de un sitio muy diferente. Conocer la liga, estudiar el scouting, la exigencia de la competición, los árbitros… se nota mucho. Ahora me trago todos los partidos de cada jornada si puedo. Me intento centrar en las bases, sobre todo en las que llevan muchos años o son internacionales: Silvia Domínguez, Laia Palau o Cristina Ouviña. También Maite Cazorla. Me encanta ver partidos y es una manera de, cuando juego contra ellas, saber a lo que juegan», relata.

La pregunta tras mencionar a Ouviña, Palau, Dominguez o Cazorla se hace evidente en un año de Europeo y JJOO. Su nombre ya fue motivo de debate meses atrás, debido a su presencia en la convocatoria 3×3 y no en la absoluta. En la actualidad, Flores es la tercera nacional más valorada de la competición y la segunda base empatada con Stanacev, solo por detrás de Roselis Silva, aunque con el asterisco de que la venezolana ha disputado únicamente 10 partidos hasta ahora. Una situación que, al menos, convierte las dudas sobre una posible convocatoria en algo natural. «Jugar con la Selección es el sueño de cualquier deportista. El estilo de 3×3 me gusta mucho. Si no puedo con la del 5×5 y sí al 3×3, me encantaría. En el 5×5 hay jugadoras que llevan muchos años ahí, hasta que no haya un cambio generacional va a ser difícil entrar y competir en Europeos o Mundiales. Yo me centro en seguir trabajando y ojalá algún día me llegue la llamada», concluye.

Ahora, con la recta final de la temporada en el horizonte, Laia Flores y Markeisha Gatling deberán seguir tirando del carro en sus equipos para no sufrir a final de temporada. Una responsabilidad que no es nueva para ambas, porque ninguna de las dos olvida Palermo. Aunque lo que sí deberán dejar a un lado el próximo día 24 es su amistad. Al menos, durante 40 minutos. Porque lo que unió la tierra siciliana no hay partido que lo cambie, pero la sed de victoria de ambas reside por encima de todo.

Foto: Esther Casas & Campus Promete


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