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Mama Dembele: “La gente me mira raro cuando ven que disfruto defendiendo”

Mama Dembele: “La gente me mira raro cuando ven que disfruto defendiendo”

El perfil de Mama Dembele, forjado a base de cabezonería y trabajo, es tan poco habitual como valioso. Tras colgarse el oro en el Europeo U20, nos sentamos con la joven base española para conocerla mejor. Así es una de las grandes jugadoras de este exitoso verano.

Gigantes: ¿Con qué te quedas de este oro europeo?

Mama Dembele: Como era el último, había un poco de nervios porque queríamos ganar una medalla. En la U16 no lo conseguimos y, además, nos faltaban jugadoras. Necesitábamos poner la guinda al pastel, por lo que la motivación era mayor. 

G: Junto al Europeo U16, ¿ha sido tu torneo más completo y con mayor protagonismo?

MD: A nivel personal, en la U16 tenía un gran impacto en defensa. Anotar no entraba demasiado en mi juego. La diferencia entre ambas ha sido eso, asumir más en ataque.

G: Además, eras una de las 5 veteranas, ya que el resto era 2003 y 2004. ¿Lo has vivido de manera diferente?

MD: Es la primera vez que soy de las mayores. Me sentía como una madre, a las del 2002 nos miraban más. Sentíamos un poco la presión de tener que rendir y poner el nivel para que ellas (las pequeñas) nos siguieran. Pero con este grupo ha sido muy fácil.

G: La sensación desde fuera es que no solo defiendes, sino que disfrutas haciéndolo.

MD: Sí, yo me lo paso muy bien. Sobre todo cuando robo balones. Aunque cansa y no siempre te lo permiten los árbitros. Pero no es lo habitual, de hecho la gente me mira raro cuando ven que disfruto defendiendo (risas).

«De pequeña no me gustaba nada el baloncesto. Solo corría e iba a sacar, me gustaba tener el balón en las manos»

G: ¿Siempre ha sido así?

MD: De pequeña no me gustaba nada el baloncesto. Solo corría e iba a sacar, me gustaba tener el balón en las manos. Ahí pensé que si robaba balones, también lo iba a tener. Por eso empecé de pequeña a jugar así. La gente me empezó a conocer por eso y de tanto hacerlo, acabé disfrutándolo.

G: Dicen que no solo contagias las ganas en defensa, también alegría en el vestuario.

MD: Tengo la parte seria y veterana, más en pista. Pero esa Mama que está más loca también existe (risas).

G: Sin embargo, has tenido también un significativo peso ofensivo en tus manos en partidos como el de Hungría. ¿Esto es nuevo para ti?

MD: Sí, también es la confianza. El staff me la ha dado desde el principio y yo llegaba con mucha desde Estados Unidos. Ahora me toca dar un paso adelante en fase ofensiva.

G: En las semis, os ponéis 22-30 abajo ante Italia. Desde ahí, el parcial es de 26-0. ¿Qué cambió?

MD: Es lo que dijimos en el vestuario. Sabíamos que, si nos poníamos en defensa y nos ganaban, era porque serían mejores que nosotras. Empezamos a construir desde ahí, tuvimos paciencia y los tiros empezaron a entrar. Teníamos la confianza para poder decirnos las cosas y comentamos que teníamos que ponernos a defender. Después, Rubén nos dijo lo mismo en su charla.

G: La final fue al revés. Empezáis por delante, la República Checa os aprieta y acabáis ganando.

MD: Yo estaba muy nerviosa desde el principio de partido. Me pasó lo mismo en cuartos, semis y final. Pero había vivido mi partido en la NCAA contra South Carolina (victoria ante el mejor equipo del país), por lo que tenía esa cierta tranquilidad de haber jugado encuentros así. Eso sí, cuando se nos ponen a uno o incluso arriba, nos entró un poco el mal de altura. República Checa era un equipazo. Al final del partido hablé con ellas y les dije que me habría parecido justo que hubieran ganado ellas, porque había sido el equipo que más difícil nos lo había puesto. Era un perfil similar al nuestro, que defiende mucho y todas aportan un poco.

G: Los nervios no impidieron que anotaras una canasta clave en los últimos segundos.

MD: Fue un alivio. Dije, ‘buah, lo tenemos’. Venía de botarme el balón en el pie y llegaba a esa acción con esos nervios de decir, ‘Mama, ¿de verdad quieres ese balón?’. Había que asumirlo y tenía la confianza del staff y compañeras.

G: ¿Es positivo el balance de todos estos años de torneos de formación?

MD: Este año hemos ganado el oro, pero en mi primer torneo perdimos la semifinal de 2. Son cosas que marcan y te hacen aprender. Lo valoro un montón. Recuerdo el Mundial U19, donde era la más pequeña, ese fue de los más duros a nivel psicológico. Me di cuenta de que debía comenzar a tirar porque me empezaron a flotar. Eso a una niña de 16 o 17 años le cuesta asumirlo. Me han cuidado muchísimo y salgo siendo una Mama totalmente distinta.

G: Tras este boom de jugadoras españolas en la NCAA, se está viendo que muchas al terminar están teniendo hueco en España. Esther Castedo, Nicole Cardaño-Hillary, Ane Olaeta… ¿Te fijas en todo eso?

MD: Me pone contenta porque uno de mis planes cuando acabé allí es jugar en España. La idea es volver, no sé en qué categoría. El juego estadounidense es muy distinto, pero ver que las jugadoras regresan y se adaptan me alegra bastante.

 

 

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