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Final Four 2022: Contracrónica de la final a pie de pista. Lo que no se vio por televisión

Final Four 2022: Contracrónica de la final a pie de pista. Lo que no se vio por televisión

«I told you, we will win the title again» («Te lo dije, ganaremos el título otra vez»). Ataman, genio y figura, dirigiéndose a su mujer tras ganar el título.

En las semifinales, tras la canasta decisiva de Micic, Ergin Ataman entró a pista, miró a la grada y saludó a su familia antes de abrazarse con Misko Raznatovic. En la final, justo después de revalidar el cetro continental, el técnico turco cruzó las filas VIP para besarse con su mujer, sus dos hijas y recoger a su hijo Sarp, de nuevo protagonista. Con una impepinable sonrisa y haciendo la V con los dedos en señal de victoria.

El Anadolu Efes logró el back-to-back, algo que solo Maccabi Tel Aviv (2003-2004) y Olympiacos (2012-2013) habían conseguido en este siglo. Un mérito tremebundo, sobre todo teniendo en cuenta que el equipo turco había perdido 8 de los primeros 14 partidos de la temporada y que en la Jornada 26 estaba fuera de los puestos de Playoffs. Efes levantó su segunda Euroliga consecutiva tras disputar su tercera final consecutiva (¿serían cuatro sin pandemia?). La dinastía de Ataman con Micic y Larkin como estiletes.

El estadounidense, menos brillante que en anteriores ocasiones, se abrazó con Hedo Turkoglu, presidente de la Federación de Baloncesto turca, antes de acercar el trofeo de la Euroliga a la grada, donde dejó tocar el título a todo el mundo, dándose un baño de masas cual estrella del rock. Más atrevido fue el capitán Dogus Balbay, que subió hasta la tribuna para festejarlo con los aficionados más veteranos.

El MVP Vasilije Micic, bandera de Serbia a cuestas, apenas podía dar dos pasos sin que le pidieran una foto. Voluntarios, amigos, organización, aficionados… y hasta periodistas. Charló con Evan Fournier, se chocó la mano con Dusan Alimpijevic, mejor entrenador del Eurocup, y se fundió en un largo abrazo con su agente Misko.

La otra cara de la moneda fue el Real Madrid, que se quedó a las puertas de la undécima en un mal partido ofensivo decidido por pequeños detalles. Tras esperar a la entrega de trofeos, los jugadores madridistas enfilaron los vestuarios desolados, abatidos, con la sensación de haber desaprovechado una gran oportunidad tras dejar a Efes por debajo de los 60 puntos. Rudy, con la toalla en la cabeza, reflejó la tristeza de todo el equipo.

Las lágrimas de Printezis y la adoración a Bartzokas

El Barça ganó el partido por el tercer puesto a un Olympiacos que marchó de Belgrado sin premio, tras perder los dos partidos, pero con el orgullo de una afición entregada a su equipo y Georgios Bartzokas. El entrenador heleno recibió una sonora ovación antes, durante y después del encuentro, gesto que devolvió con aplausos y golpecitos en el corazón. La misma afición que hace unos años le forzó a irse, en Belgrado le agradeció que haya devuelto al club de El Pireo a la élite europea.

Más emotivo fue el desenlace para Printezis, icono del Olympiacos, mito de la Euroliga, que muy probablemente pudo haber jugado su último partido continental. El griego, entre lágrimas, era incapaz de mirar a la grada sin aumentar su emoción. Compungido, ‘Pri’ chocó las manos a unos jóvenes aficionados mientras Papanikolaou incitaba a los aplausos. El último baile de un gigante.

El carisma de Lamonica

Luigi Lamonica, que este sábado arbitró su último partido de Euroliga, fue un protagonista más de la final. El italiano saludó antes del partido a varias de las personalidades presentes en las filas preferentes, sacándose incluso alguna que otra foto. Un árbitro pintoresco y carismático al que echaremos de menos.

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