Entrevista con Svetislav Pesic: «Cada día tengo la necesidad de pensar en baloncesto»
Cuando nació Gigantes, Svetislav Pesic ya estaba allí. En la élite. Entrenaba al mismo Bosna Sarajevo con el que fue campeón de Europa como jugador en 1979 y estaba a punto de revolucionar el baloncesto continental con, acaso, la mejor generación de su historia. Pocos testigos mejores para radiografiar las cuatro décadas que lleva esta publicación contando historias de un fenómeno global.
El enorme Hotel Crowne Plaza de Belgrado es un hervidero incluso un miércoles cualquiera. Por la recepción se deja ver Jabari Parker, aún en sus primeros días en la capital serbia como jugador del Partizan. Gigantes llega pronto a su cita con Svetislav Pesic, quien se hace de rogar unos minutos. Al pedir una ubicación tranquila para la entrevista, la respuesta ya deja pistas del calado del personaje. “El señor Pesic sabrá dónde llevarle”, replica la responsable del establecimiento. No hace falta pedir favores; para ‘Kari’ –como se le conoce desde niño en su Pirot natal, junto a la frontera búlgara, causa de su particularísimo acento–, lo que haga falta. De pronto, uno de los grandes maestros de los banquillos europeos irrumpe en la escena y anima al periodista a acompañarle en un camino en el que, por supuesto, nadie se priva de saludar a la leyenda. Al fin, comienza la entrevista, expreso largo mediante. “Ya no pienso tanto en el futuro como antes, ahora lo hago más en dónde puedo tomar un café como este y en hablar con gente que me motive. Y por supuesto, el primer y último tema siempre será el baloncesto”, admite, antes de hincarle el bisturí al estado del deporte que ama. Para él, estos cuarenta años empezaron fuertes: en 1987, se encargó de dirigir la que, para muchos, es la mejor Selección de formación de la historia: aquella Yugoslavia del Mundial U19 de Bormio con Kukoc, Djordjevic, Divac, Avdic, Koprivica, Ilic, o Alibegovic, capaz de ganar dos veces a una Estados Unidos potentísima, con Larry Johnson, Gary Payton o Stacey Augmon en sus filas. “Creo que es la mejor generación en la historia del baloncesto, junto a los ‘Júniors de Oro’ de España”, afirma, categórico.
El serbio no puede evitar una sonrisa, a medio camino entre el orgullo y la añoranza yugoslava, al recordar aquel torneo: “Tras los dos primeros partidos (126-79 contra China, 126-82 ante Nigeria), con el pabellón casi vacío, un periodista italiano escribió que en Bormio estaban jugando los ‘Harlem Globetrotters Blancos’, y que era una pena que no hubiera aficionados. Dos días después, estaba lleno”, desempolva. “Eran muchos talentos especiales, hoy todo el mundo sabe lo buenos que fueron… pero yo ya lo sabía entonces”, presume, socarrón. “Más allá del talento, estos chicos vivieron en Yugoslavia una de las mejores ligas de Europa: Jugoplastika, Partizan, Bosna, Cibona, Olimpija, Estrella Roja… Pero es que ibas a jugar a Zadar, Cacak o Skopje y no sabías quien iba a ganar. Era una competición única y hasta mediados de los ochenta, sin extranjeros. ¡Cómo no iban a salir jugadores!”, abunda.
En todo caso, pese a aquella supernova plavi, Pesic no se ata a eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor. “El baloncesto como juego ha mejorado mucho, eso es incuestionable: todo lo que hay en la pista es mejor. Cada vez hay más calidad, y no solo en los Mundiales, Juegos Olímpicos o en la Euroliga, sino en general. Campeonatos que crecen como el turco o el alemán, y por supuesto la Liga Endesa, que como todo el mundo sabe, yo también lo creo, es la mejor fuera de la NBA. Siempre he disfrutado mucho cuando he estado en ella, por su gran organización y el nivel de sus entrenadores y de sus árbitros. Te obliga a dar el máximo como entrenador”, sostiene.
Con 76 años cumplidos el pasado mes de agosto en pleno EuroBasket, su último torneo al frente de la Selección serbia, Pesic sigue irradiando energía y ganas de buscar el próximo gran paso de su deporte, tan diferente de aquel en el que él comenzó. “No sé qué pasará mañana, pero yo creo que no he acabado todavía”, avisa. “Cada día tengo la necesidad de pensar en baloncesto. En qué se puede hacer mejor, en cómo influir en nuestro deporte. Por ejemplo, mejorar la forma de ejecutar el pick and roll en ataque, o su defensa. La moda ahora es cambiar en defensa. Se dice que un jugador es bueno en defensa si puede cambiar. Pero a mí me interesa la idea: ‘¿qué vendrá después de cambiar?’ Encontrar la nueva mejora. Esto es lo que me ocupa”, explica.
Un triunfador cosmopolita
Una Copa del Mundo (2002), dos EuroBasket (1993, 2001), una Euroliga (2003), ocho títulos de Liga y seis de Copa engalanan un currículo que quita el hipo. Especialmente impactante fue el triunfo continental con Alemania, sorpresa entonces, dominante hoy. “Los alemanes siempre dicen, ‘langsam, langsam, aber sicher’ (lento, lento, pero seguro). No se ponen expectativas grandes, primero trazan el plan y luego mejoran. Cuando yo fui seleccionador, estaban obsesionados con el baloncesto americano. Sus jóvenes se iban a college, tenían gente en la NBA como Schrempf, Blab o Welp, pero no entendían que era muy importante defender a la Selección”, recuerda. “Tras ganar el EuroBasket me fui al Alba, porque me dijeron que Berlín necesitaba un equipo. Acepté, pero puse como condición jugar en Europa, y de hecho el primer título del club es la Copa Korac de 1995”, aclara. Pesic, residente en Múnich, es testigo de excepción de una eclosión del baloncesto teutón muy lejos de ser casual. “En 2011 decidieron que en la Bundesliga jugarían seis alemanes y seis extranjeros por equipo, y se estableció una pirámide de competiciones, con una Liga U16 y otra U19. Por esas ligas han pasado los hermanos Wagner, Schröder, Bonga, Theis… ¡todos! Antes de pasar por la Bundesliga y saltar a la NBA o a Europa. El resultado, ya lo vemos: el baloncesto moderno es suyo”, afirma. Por ello, el reputado técnico serbio se atreve a recomendar una hoja de ruta similar a España, con el debate sobre el nivel del jugador nacional más vivo que nunca. “Ahora está la Liga U22. ¿Pero cuál debería ser el futuro? Si puedo dar mi opinión, cambiar las normas y que jueguen cinco extranjeros y siete españoles. Porque España tiene problemas, los jóvenes se van a Estados Unidos y no solo por dinero. Algunos lo harán por eso, pero otros porque no pueden jugar en su equipo”, analiza. Se podrá estar más o menos de acuerdo, pero cuanto menos hay que escuchar a alguien que habla con cariño de España. “Siempre que estuve allí, mis equipos jugaron un gran baloncesto. También en Girona y Valencia”, matiza.
Porque resulta imposible desligar a ‘Kari’ del Barça, al que logró hacer al fin campeón de Europa en 2003, con aquel plantel descomunal con Bodiroga, Navarro, Jasikevicius o Dueñas. Allí regresó en 2018 en un escenario mucho más complejo –“no fue como antes, pero sí una gran motivación porque la primera vez el objetivo era ganar la Euroliga y la segunda llegué siendo penúltimos”– para, solo unos días después, ganar la Copa del Rey en Gran Canaria, tras darle la vuelta como un calcetín al equipo blaugrana. La Ciudad Condal es especial para Pesic y los suyos: “Si le digo a mi mujer de irnos a vivir a Barcelona, ¡está preparada para salir corriendo!”, bromea.
Desde la visión de la experiencia –“de algo tiene que servir llevar tanto tiempo aquí”, recuerda–, el técnico serbio observa con preocupación la actual geopolítica de la canasta en el Viejo Continente. “Después de Estados Unidos, donde más interesa el baloncesto es en Europa… pero nos cuesta hacer negocio de ello. Por ejemplo, me preguntó por qué ahora el Eurobasket es cada cuatro años, y no cada dos. ¡No son los Juegos Olímpicos, debería ser cada dos años!”, reivindica. “Pero el gran problema es la falta de acuerdo entre la FIBA y la Euroliga”, sigue. “Uno dice que el otro no quiere. El otro, que no quiere el uno. Y como siempre, como pasa en política o en economía, ahora vienen los americanos y dicen: ‘¿Tenéis problemas?’ ‘Sí, es que no podemos ponernos de acuerdo’. ‘No pasa nada, no os preocupéis, nosotros os enseñaremos la solución al baloncesto europeo’. Y esto… es una catástrofe”, diagnostica.
A Pesic no le gusta el proteccionismo americano y, por ello, pide una solución puramente europea. “Lo he hablado con Bodiroga —presidente de la Euroliga—, le he dicho que, si el gran negocio en Europa es la Champions League, hablemos con la UEFA para construir sinergias. Deberíamos tener mentalidad alemana: ellos dicen ‘no hay problemas, solo soluciones’. Y los responsables del baloncesto europeo deben saber que tienen una responsabilidad a futuro. Aquí la acb tiene sus normas y sus balones, la FIBA los suyos, la Euroliga los suyos… Y los americanos, mientras, se preguntan cómo es posible esto”, cierra. Luego, marcha escaleras abajo para darse otro baño de multitudes en el hotel. Y es que cuarenta años de Pesic valen su peso en oro.
Uno de ‘Los últimos de Filipinas’
No es sencillo encontrar nombres que, como el de Svetislav Pesic, estuvieran ejerciendo como entrenadores jefes en el primer nivel cuando nació Gigantes y se mantengan actualmente en activo. Zeljko Obradovic aún jugaba en el mismo Partizan que hoy entrena, al igual que hacía Rimas Kurtinaitis, seleccionador lituano y entonces triplista empedernido del Zalgiris Kaunas. En la NBA encontramos la figura de Rick Carlisle, técnico de los Indiana Pacers y en 1985 modesto base de segundo año de los Boston Celtics. De mucho más prestigio gozaba Glenn ‘Doc’ Rivers, uno de los líderes de los Atlanta Hawks, hoy sentado en el banquillo de los Milwaukee Bucks. Aunque con la incertidumbre existente sobre el futuro de Pesic una vez que ha dejado la Selección serbia, quizá la palma se la tenga que llevar otro de los ‘dinosaurios’ del baloncesto exyugoslavo: Dragan Sakota. El belgradense comenzó en 1983 como técnico en el KK Atlas, donde había hecho toda su carrera como jugador, y 42 temporadas más tarde, sigue en el tajo a los mandos del AEK de Atenas. Ahí es nada.
Foto: Gigantes
Especial 40 años de Gigantes del Basket (Nº 1.562 noviembre 2025)
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