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Niko y los decibelios. ¿Qué conclusiones nos deja el Barça-Madrid de Euroliga? Por Piti Hurtado

Niko y los decibelios. ¿Qué conclusiones nos deja el Barça-Madrid de Euroliga? Por Piti Hurtado

No hay grial más santo en el basket de ahora que los espacios dentro pero mirando fuera. Buscar en el fondo del bolso para encontrar lo perdido delante de tus ojos, en el exterior.

El Palau Blaugrana es un teatro cuando acuden los equipos pequeños, el Palau es una caja de ruidos cuando llegan los grandes, el Palau se disfraza de psicódromo cuando el bus del Real Madrid aparca en la rampa. 50 años de decibelios, 50 años de ajustar la ganancia.

Aunque vestimos el basket europeo con los grandes líderes del banquillo, este deporte va de meter canastas. Real Madrid (sus jugadores) no anotó desde el tiro libre, con porcentajes dignos de competir en la cancha blaugrana. Y en esos tiros no hay defensa física, solo sonora. Es la capacidad de abstracción que el jugador haya conseguido juntar. Y el equipo catalán anotó muchísimo de 3 y de 2, incluso en tiros punteados. Aquí debería acabar el artículo, pero me pagan por algo más.

La gran virtud de Laso es no esparcir lo negativo, es el filtro de todo lo que sucede, su cuerpo sufre pero su boca no dice. Eso seguramente no es bueno para su salud a corto pero es bueno para sus jugadores a medio. Y mejor para la sección y para su palmarés a largo plazo.

Tavares fue desactivado por las dos personales muy tempranas y porque el libro de jugadas del Barça fue diseñado para arrastrar a los pívots fuera. El 4/5 de triples de Sanli en Estambul es el absoluto factor diferencial para todos los equipos que a partir de ahora se enfrenten a los de Jasikevicius con un 5 intimidador. La primera de Edy fue saliendo de un bloqueo de Laprovittola y la segunda para ayudar a Yabusele que se había equivocado de posicionamiento defensivo y llegó tarde a parar a Mirotic.

Real Madrid, por primera vez en toda la temporada no dominaba rebote, vivía del acierto exterior de Causeur y su base de salida era Llull, dejando Laso a Heurtel en el banco, quizás entendiendo que el ruido se apagaría tras las presentaciones y primeras posesiones. La vida es eso que sucede mientras los humanos hacemos planes.

Brandon Davies es un jugador afroamericano criado en el estado más blanco de EEUU, Utah, bajo la estricta religión mormona. La relación baloncestística Saras-Davies se cimenta en la seguridad por parte del jugador de que si sigue los preceptos del entrenador le va a ir muy bien sin que la tentación de entrar en el debate de cómo y cuándo le dice las cosas. Al pívot parece solo interesarle qué le dice. Tras dos malos partidos post-ventanas y post-odisea de regreso de Uganda, la durísima rueda de prensa tras la derrota del Barça-Baskonia parecía dirigida a él. La respuesta del jugador fue crecerse el día que más necesitaban de su puntería. Entre Brandon Davies y Niko Mirotic al descanso habían lanzado 16 tiros y los habían convertido todos, de todos los rangos. Inaudito.

Tácticamente los minutos defensivos de Poirier y Wiliams Goss permitieron a Davies y a Laprovittola lanzar con espacios. Los dos jugadores blancos no seguían las normas dadas y no había la comunicación defensiva suficiente. Los decibelios se metían en los cerebros y distorsionaban las decisiones colectivas.

Si la venganza deportiva es un combustible que llena el tanque de la motivación cuando juegas contra los que fueron tus compañeros, hay veces que la mala gestión de dichos sentimientos te pueden llevar a perder la concentración y no fijarte en qué surtidor estás eligiendo. Mirotic y Lapro estaban llenos de energía y puntería mientras Thomas Heurtel salía a la cancha y lo primero que hacía era perder un balón en medio campo.

El francés fue conminado a usar su mano izquierda constantemente en los bloqueos frontales, negando el bloqueo directo, el plan azulgrana con alguien que conocen muy bien era que no ganara su derecha para el tiro y para implicar a sus compañeros, desactivado Heurtel, fue desactivado Yabusele y sus recepciones de ventajas. Los Pirineos que modeló Saras dejaron a los franceses más lejos, más incomunicados.

Tampoco Heurtel supo implicar a Llull y a Rudy, los héroes de las remontadas, demasiado uso del bote y los campeones que estaban a su lado no encontraban su momento. Llull defendido desde el principio por un Sergi Martínez que cada semana que pasa más se le va poniendo cara de Carlos Jiménez, de Víctor Claver, de un alero multiusos con muchos años de Selección Española y Barça por delante.

Niko Mirotic y los decibelios de cariño. Listo el hispano-montenegrino, trata de conectar con la grada cada vez que hay una oportunidad deportiva de escala suficiente. Sus guiños al Palau tras remontar contra el CSKA fue volver al cortejo postpandemia y ayer ofreció 39 de valoración, su mejor partido de siempre contra el mayor rival de siempre. El amor, el odio, el sarcasmo, la frustración, la ira, la risa floja, la alegría, la venganza y las cuentas pendientes pasadas de bando a bando, todo esto acontecía de fondo mientras Mirotic seguía conectando triples y yendo a la línea de tiro libre.

Los triples del líder del Barça llegaron de despistes en defensa de transición, en relevos faltos de comunicación y en fintas de ayuda a compañeros al poste como en la imagen que vemos con Martínez sobre Llull. Tavares está fuera pendiente de Sanli (nunca un 0/5 en triples dio tantos espacios y atrajo tanta defensa) y Yabusele tira una finta defensiva para desposicionarse y Mirotic le gana espalda y mete desde el logo de la Euroliga, en una suerte de acción icónica, el hombre que quiere reinar disparando desde sus dominios. Nikola Mirotic ha jugado tres finales de Euroliga y las tres las ha perdido pudiendo ganarlas, dos con el Madrid (Olimpiacos y la última con el Barça. Que todo el ruido y los decibelios, que todas las declaraciones que buscan dormir la evidencia no nos camuflen la evidencia, el ala-pívot está en una misión muy concreta, que es ganar el máximo título continental. Ligas y Copas se ganan en el Barça y en el Madrid a la que te prolongas varios años, la Copa de Europa es el reto más complicado y que puede no darse.

Yabusele ha sido la gran sensación de los primeros partidos de Euroliga pero ayer no pudo defender contrapíes, o estuvo muy cerca o demasiado lejos. No fue el killer del perímetro, los aguijonazos no los dio el francés, los recibió.

El partido de las declaraciones post partido se condujo hacia la relativización consciente de la poca importancia clasificatoria del partido pero todas las protestas, técnicas, indignaciones y arengas al público nos dan mucha información de que a nivel de marca, de imagen pública y de construcción de confianzas el partido de ayer importa más que 10 partidos de liga regular de ACB o Euroliga contra rivales que nunca estarán en finales. Saras y Laso saben que se verán en la final de la Copa del Rey (salvo imprevisto de los grandes), saben que se verán en la final de Liga (ídem) y este año viendo las trayectorias sólidas de ambos, se pueden ver en Final 4 perfectamente, en semifinales como ya pasó varias veces o en la Final que no sucedió nunca y que sería la guerra de los mundos.

Pero en el deporte, tras una orgía o tras besar la lona, hay que levantarse al día siguiente sabiendo que lo de ayer ya pasó y en dos días hay tribus ocultas cerca del río esperando que los niveles de motivación fluctúen para meterte mano.

Mirotic y Laprovittola subieron todos los niveles de audio en el Palau más ruidoso que se conocía desde antes de la pandemia, desde los tiempos de Navarro. Nadie en el Madrid pudo bajar ese “fader”, los decibelios y los espacios ofensivos exteriores de los postes del Barça condicionaron todo.

¿Le interesa deportivamente al Barça cambiar de instalación?

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