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El ‘flu game’ de Jordan: en la salud y en la enfermedad, por Andrés Monje

El ‘flu game’ de Jordan: en la salud y en la enfermedad, por Andrés Monje

¿Fue realmente gripe lo que afectó a Michael Jordan en el 'flu game' o se trató de una intoxicación alimenticia por una pizza?

Lo ocurrido el 11 de junio de 1997 representa, posiblemente, la cima deportiva de Michael Jordan. Podría resultar paradójico que ese pico, dentro de una carrera además plagada de ellos, llegase estando visiblemente enfermo. Sin embargo es precisamente ese hecho, la enfermedad, lo que más adecuadamente revela la magnitud de su obra. Porque muestra, mejor que ningún otro caso, cómo ni siquiera unas circunstancias tan adversas podían vencerle. Su lado casi inmortal. El famoso flu game.

Aquella noche se disputó el quinto partido de las Finales de la NBA, que medían a los Bulls con los Jazz. La cita, a la que se llegaba con 2-2 en la eliminatoria, se disputaría en el Delta Center de Utah, un fortín de ambiente infernal en el que el equipo de Jerry Sloan, con John Stockton y Karl Malone como líderes, había vencido a Chicago dos veces consecutivas.

Apenas 80 minutos antes del inicio de aquel encuentro, trascendental para el desenlace de la temporada, Jordan aún seguía en la cama del hotel, convaleciente. Se desconocía si podría jugar, ya que aún padecía fiebre y por momentos tiritaba. ¿El motivo? Una intoxicación alimentaria sufrida la noche anterior.

24 horas antes del partido, los Bulls tenían entrenamiento. Una sesión en la que Jordan se acabó quedando solo, practicando el tiro. A su vuelta al hotel, pasadas ya las diez de la noche, el servicio de comidas del alojamiento había cerrado, por lo que Jordan, que estaba hambriento, ordenó a Tim Grover, su preparador personal, que le buscase e hiciese llegar la cena a la habitación. Así fue.

Jordan devoró unas pizzas, no se llegó a saber cuántas ni con qué ingredientes, en apenas un pestañeo. Y después, agotado y consciente de lo tarde que era, se echó de inmediato a dormir. Poco más de dos horas después, el teléfono de la habitación de Grover sonaba sin parar. Era Jordan. “Ven Tim, es urgente”. A su entrada al cuarto, Grover vio a Jordan en posición fetal, dolorido y sudando. Grover maldecía la escena a gritos, entendiendo que el momento para enfermar no podía ser peor.

Jordan apenas se levantó de la cama –difícilmente podía- hasta que acudió al pabellón. En absoluto estaba en condiciones para jugar pero, deshidratado y con problemas incluso para respirar, disputó 44 minutos de aquel duelo, ante un rival poderosísimo y un escenario terriblemente hostil. Su equipo le necesitaba.

Anotó 38 puntos, capturó 7 rebotes, repartió 5 asistencias, recuperó 3 balones y metió un triple decisivo a 25 segundos del final. Al acabar el encuentro, uno que su equipo ganó (88-90), apenas podía mantenerse en pie mientras era abrazado por Scottie Pippen.

Chicago cerró el título dos días más tarde, ya en casa, con otros 39 puntos de Michael. Pero fue la noche del quinto partido, en la que incluso enfermo dominó en unas Finales, la que mejor dibujó que Jordan estaba hecho de otra pasta. La que mejor explicó que en lo competitivo nunca tuvo rival.

Desde la pizzería desmienten la historia

Después de que Jordan y Grover hablasen sin tapujos de intoxicación alimenticia en The Last Dance, el exitoso documental sobre el jugador, llegó el turno de palabra a Craig Frite, la persona que preparó y entregó las pizzas que se comió el escolta antes del famoso flu game.

«Hice la pizza y le dije al conductor que me llevara al hotel. Jordan pidió una pizza grande de masa fina y crujiente con extra de pepperoni. Todos los ingredientes eran frescos. No había nada más«, cuenta Frite en The Big Show. Cuando el empleado de la pizzería entregó el pedido a Grover, le preguntó si podía ver a Michael Jordan y se encontró a éste en su habitación, con el torso descubierto y fumando un puro con la ventana de la habitación abierta. «A esa hora, sin sol en Salt Lake City, hace frío. Pudo ser gripe. O pudo pedir comida a otros sitios después. Pero esa pizza estaba bien hecha», se justifica el implicado. «Todas esas estupideces que dijo… que había cinco personas… ¡ni siquiera había tanta gente trabajando en el el restaurante! Éramos sólo dos».

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