Anicet Lavodrama: «Un deportista es un ser humano con mucho que decir»
Anicet Lavodrama (Bangui, República Centroafricana, 4 de julio de 1963) es uno de los personajes más reflexivos del ‘planeta basket’. Con él se puede hablar casi de todo, y nunca de forma banal. Su visión como ex jugador -fue todo un ídolo en Ferrol durante los años 80- y ahora representante y captador de talentos es imprescindible para entender muchas cosas del basket actual.
La muerte de Lalo García, con el que coincidió varios años en el Fórum, le afectó mucho…
Para mí ha sido una tremenda pérdida. Fue compañero, amigo… Le quería. Lalo era un referente en Valladolid. Cuando se pierde alguien así, a su edad, es un mensaje que tenemos que captar, un grito, una llamada a la que tenemos que responder. Un deportista no es solo para verlo cuando estás en el pabellón o en la televisión: es un ser humano que tiene mucho que decir. Todos los involucrados tenemos que asumir ese legado para que beneficie a los jóvenes.
¿Es un caso aislado?
Tenemos tanta información en televisión, en webs, en redes sociales… Hay que tener en cuenta la evolución del joven que practica deporte, que debe ir ligada a muchas cosas: su formación, la educación que recibe y el recorrido de la propia carrera. No es un caso aislado. Hay muchas frases hechas, tópicos, pero no prestamos atención. Hay mucho jugador que no es famoso que tiene que hacer una transición trágica o muy dura.
¿Su transición fue fácil?
Mis padres no basaron la educación de sus hijos en convertirnos en deportistas. Lo importante era la formación, ir al instituto y la universidad, que era lo que te convertía en alguien en la sociedad. En 1981 fui a Estados Unidos sin pensar en jugar al baloncesto a nivel profesional. Se me daban bien los idiomas. Mis hermanos también estudiaron fuera de Centroáfrica. Mi padre era embajador y pensó que Estados Unidos era un buen país. Entré en el baloncesto, pero hice mi licenciatura.
¿Cuál cree que es el lado oscuro del baloncesto?
En España cada año hay medio millón de licencias, pero muy pocos llegan a ser profesionales. Muchos juniors, pese a que tienen una gran ilusión, se pierden porque no hay espacio. Para mí el sistema idóneo es el americano: la evolución del joven se hace a través de la universidad. Mi transición fue fácil porque estaba preparado para trabajar. He ido madurando, pero soy la educación que he recibido.
¿Por qué un jugador con conciencia social como Sitapha Savane se considera extraordinario?
El jugador actual es el producto de cómo se le ha incitado y motivado a ser lo que es. El caso de Sitapha siempre he dicho que es ejemplar, excepcional, un modelo. Somos ciudadanos globales: a mí me duele igual cuando pasa algo en Senegal, en Nepal o en Ferrol, donde se ha hundido la economía. No eres un robot.
¿Cómo se ha sentido en el mundo de las agencias de representación?
Es una industria, una parte de la sociedad. Los agentes ayudan a la distribución del café, de los diamantes… Debe haber una forma distribución legal. Ayudan a los jugadores. Quizás grandes estrellas no los necesitan, pero otros sí. Deben tener gente que esté peinando el mercado para asesorar al deportista como orientar su carrera.
¿Qué papel jugó en la llegada a España de Serge Ibaka?
Trabajaba como ojeador de Cleveland Cavaliers. Fue un campeonato sub-18 en Durban (Sudáfrica) e identifiqué un talentazo joven de la selección de Congo. Le vi, como seguro que hicieron otros, pero yo tenía un vínculo con España. Pasé el informe a los Cavaliers, pero a Serge había que terminar de formarlo para que fuese lo que es hoy. Jordi Ardevol también fue importante para él en el Hospitalet.
Cada año vemos muchos africanos en los campeonatos de España de categorías inferiores, pero pocos llegan a la élite…
El fallo es no ver que no solo se quedan fuera de la élite jugadores negros, sino también muchos blancos, balcánicos o sudamericanos, y de éstos vienen más que africanos. Hay que tener mejores formadores para que puedan llegar. Si todos fueran como Aíto García Reneses, Ivo Simovic (Torrelodones), Paco Redondo (Real Madrid) o Paco Alonso (Unicaja), sí llegarían. Ojalá fuera así.
¿Es tan habitual como se dice que sus fechas de nacimiento sean falsas?
Es un tópico. En otros países, aunque parezcan atrasados, las personas tienen otra morfología, son más altos, más musculosos. Eso no quiere decir que los jóvenes que vienen de África hayan falseado su edad porque son más altos que los españoles. No, hombre. Es que tus abuelos medían 1,52.
¿Qué piensa cuando ve a inmigrantes ahogados en el Mediterráneo?
Mucha gente ha tenido que emigrar a lo largo de la historia para buscar una vida mejor. Muchos lo han hecho engañados. Los países tienen que gestionarse y desarrollarse mejor. Los cayucos que vemos son una vergüenza para la humanidad entera, pero a alguien le beneficia a nivel económico y social que nos responsabiliza a todos.