Un ascenso como una catedral: el regreso de San Pablo Burgos a la Liga Endesa

ASCENSO SAN PABLO BURGOS

Un brasileño llegado del ecosistema tropical de Goiânia acabó con tres años de duro invierno en la Primera FEB y devolvió al equipo burgalés al calor de la élite. El territorio donde el San Pablo firmó, entre 2017 y 2021, uno de los recorridos más trepidantes de la historia reciente del baloncesto español. Una temporada como una catedral para firmar un regreso al futuro.

“Hemos construido algo único porque hemos estado siempre unidos”,afirma Bruno Savignani para resumir una temporada de récord para el San Pablo Burgos, con 39 victorias en 42 partidos oficiales y 88,5 puntos de media por encuentro. “Ha sido tan importante lo emocional como lo táctico. La Primera FEB es una liga durísima, con un gran nivel de los rivales, y que se puede hacer muy larga. Por eso, era fundamental no solo mantener una consistencia física y táctica sino también mental”, subraya el técnico brasileño, de 43 años, antes de repasar las claves del ascenso.

“Muy pronto tomamos los hábitos correctos, desde la pretemporada, y eso nos endureció de principio a fin. Necesitábamos empezar fuerte porque teníamos un calendario muy complicado. Ganamos al Cantabria en el primer partido en casa; luego vencimos al Fuenlabrada a domicilio; después al Palencia en el Coliseum; y, en la cuarta jornada, al Obradoiro en Santiago de Compostela. Después de esas cuatro victorias ya noté que teníamos la capacidad mental y la solidez que íbamos a necesitar. Ahí nos dimos cuenta del gran grupo humano que habíamos formado”, desarrolla Savignani.

El bloque y el trabajo como cimientos del éxito. “Supimos crear un ambiente de seguridad donde cada miembro del equipo sabía que podía confiar ciegamente en su compañero. Teníamos la garantía de que todos iban a dar lo máximo en favor del colectivo. Esa seguridad es lo que forja el compromiso de todos con el proyecto. Si entrenas siempre al límite, estás preparado para competir siempre”, destaca el técnico brasileño.

El póster con Gonzalo Corbalán, Dani Díez, Luke Fischer, Jon Gudmundsson, Joe Cremo, Miha Lapornik, Gyorgy Golomán, Dídac Cuevas, Roberts Stumbris, Pablo Almazán, Emmanuel Wembi y Álex Barrera ya tiene un espacio de honor en el álbum burgalés. Ese álbum que no hace tanto recogió las hazañas de un equipo campeador impulsado por apellidos recordados como Bassas, Fitipaldo, Benite, McFadden, Lima, Apic, Rivero, Salvó, Aguilar y Vega. El ascenso fue una oda a la regularidad y una misión colectiva. “Esa ha sido nuestra gran fortaleza, que cada día aparecía un jugador distinto. No tenemos a nadie entre los 10 primeros anotadores del curso [el primero es Gonzalo Corbalán, 15o, con 13,2 puntos de media en 34 partidos], pero al tiempo tenemos a media plantilla sobre los 10 puntos de media por partido [Dani Díez, Luke Fischer, Jon Gudmundsson, Joe Cremo, Miha Lapornik…]. Esa cultura es la que nos ha hecho fuertes”, repasa con orgullo Savignani.

Patrimonio a preservar

Un reto cumplido en la pista. Una pasión sostenida en las gradas. “Nuestra afición es el gran patrimonio que tenemos, en las buenas y en las no tan buenas. Da igual que juguemos contra el Madrid o el Barça, o contra equipos de Primera FEB. La asistencia media esta temporada ha rondado los 9.000 espectadores. El proyecto se hace sostenible gracias a la afición. Apenas hubo una pequeña bajada de un 8% de abonados con el descenso y ahora volveremos a crecer”, cuenta Albano Martínez, director deportivo del club, que anuncia que la mitad de la plantilla del ascenso permanecerá la temporada que viene. “No se trata de hacer una revolución, contamos como mínimo con seis jugadores y necesitaremos fichar otros seis”, adelanta. “Es importante mantener una base de jugadores que ya se conozcan, que ayuden a los nuevos a entender el club y mi método de trabajo. La continuidad siempre es un valor y, después, trataremos de encajar las piezas nuevas con cuidado”, refrenda Savignani con vocación de estabilidad tras años de montaña rusa.

En tan solo una década de existencia, el club burgalés ha protagonizado una historia trepidante cargada de hitos. En esa enciclopedia aparecen dos ascensos a la Liga Endesa (2017 y 2025), dos títulos de la Basketball Champions League (2020 y 2021), un título (2021) y un subcampeonato (2022) de la Copa Intercontinental, una Copa de España (2025) y una semifinal acb (disputada ante el Barça en la Fase Final Extraordinaria de 2020). Una leyenda escrita a la carrera y contra pronóstico casi desde el día de nacimiento del proyecto. Una aventura a medio camino entre la herencia y el rescate del baloncesto en la ciudad.

Del Tizona al Miraflores

Asentado en la Leb Oro desde 2006, el antiguo CB Tizona tomó vuelo con el tiempo y llegó a encadenar tres ascensos consecutivos a la acb (2013, 2014 y 2015). Pero los méritos deportivos chocaron una y otra vez con las restrictivas condiciones de inscripción en la élite, para frustración de aficionados, jugadores y directivos. Al tercer intento fallido de culminar el ascenso, hastiada del conflicto político y económico con la Liga, la directiva presidida entonces por Miguel Ángel Benavente tiró la toalla y renunció a inscribir al equipo en la Leb Oro. Paradójicamente, la desconexión del CB Tizona fue la espuela para que un grupo de empresarios de la ciudad buscara soluciones para salvar el baloncesto a orillas del río Arlanzón.

Aquel verano de 2015, en agosto, sobre la bocina y con la invitación de la Federación para volver a competir, nació el CB Miraflores, San Pablo Burgos con el sustento patrocinador de la empresa inmobiliaria del presidente Félix Sancho. “Montamos el equipo en una semana. Todos los demás estaban acabando la pretemporada y nosotros no teníamos ni balones ni camisetas. En una tarde en un restaurante de Madrid hicimos seis fichajes”, cuenta Sancho cada vez que rememora aquellos días en los que recogió el testigo del Tizona. Esa temporada 2015-2016, a pesar de las urgencias, el San Pablo acabó tercero y cayó en semifinales del playoff. “Al año siguiente, sabíamos que se iban a flexibilizar el canon y las normas de acceso a la acb, dimos el empujón definitivo y llegamos por fin a la élite”, completa el presidente. A la cuarta fue la vencida.

Regreso a la acb al tercer intento

La aventura en la Liga Endesa comenzó en 2017, con Diego Epifanio, artífice del ascenso, en el banquillo del Coliseum –14o puesto el primer año (13 triunfos y 21 derrotas); 11o el segundo curso (15-19)–. En la temporada siguiente, la ambiciosa hoja de ruta marcada por Sancho pasó por la contratación de Joan Peñarroya, uno de los técnicos más pujantes de la categoría tras forjar una trayectoria de mérito primero en Andorra y después en Manresa. La apuesta salió perfecta y, en apenas dos temporadas, el San Pablo abrió tres veces las vitrinas y se dio sucesivos homenajes entre los mejores. El Coliseum se convirtió en una Bombonera de pasión. Pero la fabulosa era Peñarroya se acabó con la marcha del entrenador catalán al Valencia Basket y el plan colapsó entre la ansiedad y el vértigo.

Primero se perdió la hoja de ruta y después la categoría. Entre noviembre de 2021 y enero de 2022, el equipo tuvo cuatro entrenadores (Zan Tabak, Félix Alonso, Salva Maldonado y Paco Olmos), el doble que en los seis años anteriores. 21 jugadores vistieron la camiseta del equipo aquel curso. Y nada evitó la crónica de un descenso anunciado (con un balance de 10 victorias y 24 derrotas). El propio Paco Olmos y Curro Segura completaron el primer intento frustrado de regresar a la Liga Endesa, en la temporada 2022-2023. Y entre Lolo Encinas y Jota Cuspinera gestionaron el segundo quiero y no puedo para ascender, en la 23-24. “Tenemos que aprovechar los aprendizajes del pasado. La ambición es buena, pero hay que cimentarla siempre en el trabajo diario”, desarrolla Albano Martínez en su repaso a estos años. “Después de tener un crecimiento muy rápido y exitoso nos encontramos con esa temporada que no esperábamos. Pensábamos que podíamos con todo y no fue así, por eso ahora es clave no perder nunca de vista los objetivos a corto plazo. Tenemos que ir paso a paso, escalón a escalón. En aquel momento queríamos seguir ganando trofeos y jugando Copas, cuando el gran éxito habría sido mantener la categoría”, subraya el director deportivo burgalés.

Esta vez, al tercer intento llegó el ansiado ascenso. Una obra de ejecución impecable que ha llevado la firma de Bruno Savignani. El entrenador brasileño fue la primera piedra de un plan meditado. “Tuvimos que reflexionar si continuábamos con Jota Cuspinera, que había hecho un trabajo increíble en el tramo final de la temporada anterior. Pero decidimos ir a por Bruno”, retoma Martínez. “Nos fijamos en él por el gran trabajo que había realizado con el Betis. Nos hablaron maravillas de él a nivel personal y de gestión de grupo; de su mezcla de exigencia y empatía con los jugadores; y apostamos por su fichaje. Acumulábamos la presión de dos años sin ascender y pensamos que tenía la personalidad necesaria para poder gestionar esa presión y crear una burbuja en torno a los jugadores, para aislarles del ruido”, explica.

Al tercer intento llegó el ansiado ascenso. Una obra de ejecución impecable con 32 victorias

Un análisis compartido por el entrenador. “Desde la primera charla con el club y desde mis primeros días en la ciudad percibí esa mezcla de ambición, prudencia, ansiedad…”, cuenta Savignani. “Había que manejar con cuidado toda esa suma de sentimientos para que no se transformaran en una presión añadida para los jugadores. Y, para eso, era clave no mirar a largo plazo, si no centrarse en la construcción diaria, en prepararse semana a semana y partido a partido. Siendo conscientes de nuestra responsabilidad, pero también sabiendo que íbamos a estar juntos y preparados para responder a la exigencia del reto”, detalla el técnico, renovado hasta 2027 tras sellar el ascenso.

Savignani llegó a Burgos tras formar parte del cuerpo técnico de la Selección brasileña dirigida por Aleksandar Petrovic –junto a Tiago Splitter y Helio Rubens– en los Juegos Olímpicos de París. Y también se declara discípulo de Jasmin Repeša y Luca Banchi. “Aprendí mucho de todos y llevo una parte de ellos conmigo.

Después, mi viaje personal, desde Brasil a Italia, Francia y España, me ha forjado como una persona con la mente muy abierta. Al final, lo más importante de todo es ser auténtico. Intento ser la mejor versión de mí mismo y mejorar cada día”, detalla Savignani.

Un ideario con el que se ha asentado a la perfección en Burgos, lejos de su ecosistema natural. “Fui muy bien recibido desde el primer día. El invierno es muy duro, pero me adapté bien. Ese clima te lleva a estar más en el despacho y a trabajar más para tener todo bien planificado. Ya estoy pensando en la próxima temporada. Nos espera un año de ilusión y de pelea. Juntos vamos a construir algo sólido, para ser cada vez mejores, como se merece nuestra afición. Es impresionante la pasión que tienen por el equipo. Es una pasada la atmósfera que se crea en el Coliseum. Son una afición de primera categoría y el club está de vuelta”, cierra Savignani. El San Pablo regresa a la Liga Endesa. Burgos está de subidón.