Chris Duarte: “No importa cuantas piedras me tires; si Dios está conmigo, voy a seguir cumpliendo metas”

Entrevista con el dominicano, uno de los referentes de Unicaja en esta primera vuelta de la Liga Endesa

Chris Duarte

El Unicaja acometió este verano una reconstrucción a la que no acostumbraba desde que comenzara su ciclo ganador con Ibon Navarro. Entre las piezas aterrizadas en la Costa del Sol, el nombre de Chris Duarte destaca sobremanera, pero como era de prever, los inicios del caribeño no están siendo cómodos en el ‘plan’. “He chocado con la pared… pero llegará el día en el que todo va a fluir bien”, avisa alguien que sabe lo que es cambiar las cosas. He aquí su historia.

Artículo publicado originalmente en la revista de diciembre de 2025 que puedes conseguir aquí

“No me puedo quejar, mis sueños se han cumplido”, agradece Chris Duarte, quien asegura ser “feliz, como mi familia”, en Málaga, en su primer curso fuera de la NBA. El de Puerto Plata aún se emociona recordando cuando, no hace tanto, su futuro en el baloncesto distaba de estar asegurado. “Hubo un cazatalentos que, cuando tenía quince años, vino a mi ciudad y reclutó a uno de mis mejores amigos. Desde entonces, yo cada noche, cuando llegaba a casa de entrenar a las diez, me sentaba en la computadora y le escribía. Fui muy insistente: todas las noches. Quería una oportunidad, y aquel hombre acabaría cansado de ver todas las noches mi nombre en su teléfono, o dondequiera que le llegaran los mensajes. Pero al fin, conseguí el año siguiente poder irme a un campamento, por primera vez a Estados Unidos. Fui sin familia, sin dinero, sin teléfono … pero así fue como empezó todo”, arranca el alero del Unicaja.

¿Con qué soñaba ese chaval ante el ordenador?

Mi sueño era jugar con los mejores y yo pensaba que eso pasaba por Estados Unidos. Quería vivir el proceso de ir a high school, universidad y, al final, la NBA. Sabía que, para llegar a la NB tenía que pasar todo eso… Era un niño que soñaba, que deseaba una oportunidad. Gracias a Dios, se me dio.

¿Cómo era su vida en Puerto Plata?

Obviamente no fácil. Mi padre murió cuando yo apenas tenía seis meses… y eso lo cambió todo. Mi madre tenía dos trabajos y yo pasaba casi todo el tiempo con mi abuela. Somos una familia muy unida, pero éramos muchos. Ocho niños, mi abuela, mis dos tías, mi madre… Muchos altibajos, pero cuando venían las malas, siempre quedaba el hogar.

El baloncesto tardó en llegar.

Leonardo Sánchez, a quien llamo mi padre, siempre estuvo conmigo, dándome ese apoyo y cariño de la figura paterna. Él me introdujo al béisbol, porque su sueño era el de todo dominicano, que yo llegara a las grandes ligas, que es lo que llevamos en la sangre. Jugué varios años, pero a los trece, como me aburría de la misma rutina, decidí cambiar al baloncesto.

Y llegó la oportunidad, aunque sin líneas rectas.

Tras tres años jugando me fui al campamento en Miami… y fui el mejor tirador. Así que me ofrecieron una beca de secundaria. La acepté, pero al poco volví a casa porque no me gustaron algunas cosas. Después, me fui a Filadelfia y más tarde a Northfield, Massachussetts, donde pasé dos años en Redemption Christian Academy, un prep school muy pequeño, con apenas ochenta estudiantes. De ahí otros dos años a Northwest Florida State, que aún era un ‘JuCo’ (junior college) y luego, al fin, a la Universidad de Oregon.

Tras tantas ideas y venidas, en Oregon alucinarías con las instalaciones, ¿no?

(sonríe). Es un lugar muy especial para mí. Sigo hablando con mucha gente, porque me ayudaron mucho. En el ‘JuCo’ me prepararon como jugador y persona y en Oregon terminaron el trabajo. Es una escuela Nike y es una locura lo que te ofrecen. Tienes todo lo que necesitas, pero sobre todo a grandes personas, que es lo que más aprecio. Pasé dos años, fueron muy honestos conmigo, trabajamos muy duro y llegué a ser un NBA player, que era mi sueño.

Te presentas al draft a los veinticuatro, ¿Era imaginable siendo tan ‘mayor’ ser el 13?

Tal y como están las cosas en la NBA, que quieren tanta juventud, nadie imaginaba que iba a serlo… más que yo. Yo tenía fe, sabía que tenía las cualidades y el talento para ser un jugador importante en la NBA. Siempre me mantuve con mi mente en alto, trabajando duro día y noche. Y mientras el momento se acercaba me sentía cada vez más seguro de que el sueño se iba a cumplir. En mis declaraciones previas al draft siempre hablaba con firmeza, decía que iba a ser un lottery pick, que le iba a callar la boca al mundo… y así pasó. Tuve una gran carrera en Oregon, y estaba tan seguro de mí, que decidí no ir al combine. No fui, hice mis entrenamientos con equipos y… fui el 13 a los veinticuatro. La gente tuvo que tragar y verme brillar (sonríe).

Se te ve testarudo…

Esto es un ejemplo más de que no importa lo que digan de ti si perseveras. Cuando vivía en Dominicana, me levantaba a las 5h y entrenaba hasta las 7h, luego iba a clase hasta las 13h, descansaba hasta las 16h y entrenaba otra vez hasta las 22h… pero en mi barrio muchos conocidos me decían que estaba loco. La mayoría eran comentarios negativos. Yo les ignoraba y seguía. Lo mismo pasó en el proceso NBA… y bueno, sigue pasando (sonríe), eso no va a parar. No importa cuantas piedras me tires: si Dios está conmigo, voy a seguir cumpliendo metas.

Con veintiocho años, ¿por qué crees que no sigues en la NBA? ¿Qué balance haces?

Son decisiones de ellos. Tuve ofertas, pero no me gustó lo que ofrecían. Yo creo que podría seguir allí, con un buen rol y siendo importante en cualquier equipo. Pero no lo estoy por cosas que están fuera de mi alcance. Allí pasé por cosas que tenía que vivir, que me ayudaron a crecer fuera y dentro de la cancha… Y te aseguro que no me arrepiento de nada. Así que no hay nada que balancear.

Sé que esta pregunta no te gusta, pero es la del millón. ¿Cómo son los rigores tácticos del Unicaja para alguien con tu perfil?

(sonríe). Obviamente son mundos diferentes. En la vida y en la cancha. Necesito una adaptación, tiempo. Que la gente me entienda y yo les entienda. Pero creo que vamos bien. Estoy aprendiendo. He chocado con la pared, pero tengo buenas personas a mi alrededor que me están ayudando para hacerlo más fácil. Si Dios quiere, llegará el día en el que todo va a fluir bien y seré el jugador que soy para ayudar al equipo a ganar.

Si por algo destaca tu equipo, es por el valor colectivo por el encima del individual.

Exacto, así lo veo yo también. Tengo que encajar en el sistema de Ibon Navarro y tratar de hacer lo que me piden de la mejor manera para ayudar a mantener el éxito del equipo en los últimos tres años.

¿Y que está siendo lo más difícil?

Tener que dejar de hacer las cosas que a mí me gustan. Por ejemplo, el control de los minutos. Todo el mundo sabe que Chris Duarte ha dejado de jugar en ciertas partes por problemas de minutos: yo trabajo día y noche, sin descanso, no estoy en la calle haciendo nada malo. Me enfoco en mi familia y en el baloncesto, nada más. Trabajo duro para estar bien físicamente y poder jugar a alto nivel. Siento que cuando eso me lo quitan un poco, me hace daño, porque es lo que amo. Creo que eso es lo más difícil: poder encontrar ese punto de ‘ok, tú quieres esto, aquí lo tienes, pero dame tú también lo que quiero’. Eso es lo más difícil para mí en este momento.

¿Cuál es tu reto en el Unicaja?

Ganar. Ese es el objetivo y a lo que he venido. Buscaba estabilidad, pero también competir y disfrutar con lo que hago en un buen grupo. Para eso estoy en Málaga.

El sueño quisqueyano y el affaire Tyson Pérez

Pocas selecciones han evolucionado más en los últimos años que la de República Dominicana. Atrás queda el tiempo en el que el cuadro caribeño era una comparsa internacional, pero aún, pese a tener a jugadores de renombre a uno y otro lado del Atlántico, el último paso quisqueyano sigue sin darse. “Todo el mundo sabe que hay talento en el país”, defiende Duarte. “Hemos aprendido de errores y ahora nos toca entender lo que se necesita de cada cuál para poder estabilizarnos en un nivel muy alto, en el que creemos que podemos estar. Pero con la ayuda del ‘Che’ García y su cuerpo técnico vamos bien”, reflexiona.

En la isla anhelan su primera participación olímpica, y es evidente que con el técnico argentino mejoraron su capacidad competitiva. “Tiene un alma alegre y la transmite al grupo. Te da confianza porque está ahí para ayudarte siempre y cuando te lo merezcas. Se ha ganado el amor de todo el país”, defiende el puertoplateño, actualmente una de las caras visibles de un combinado sobre el que siempre pesará ese what if por no haber visto nunca a Al Horford y Karl Anthony-Towns junto a los Duarte, Montero o Feliz. Al respecto, admite que no se sentía “capaz de decirle a Horford que viniera a ayudarnos. Es un veterano con muchos años y grandes logros en la NBA y la NCAA, y si no podía venir, tengo que respetarlo y más con su familia, porque ahora va a tener seis hijos”. Una tarea que sí cumple con otros compatriotas “a los que yo entiendo que les va a beneficiar venir con la selección. Con esos lo veo diferente y sí hablo de lo que supone jugar en la selección y los planes que tenemos”, admite.

Es ahí donde entra en juego el nombre de su compañero en Málaga, ‘Tyson’ Pérez, no convocado por Chus Mateo en su primera lista pese al interés del madrileño en el ala-pívot, quien parece decidido a jugar con su país de origen… si la FIBA termina aceptándolo, lo que no parece sencillo a corto plazo. Un caso sobre el que Duarte es contundente: “No tengo mucho conocimiento de la norma, pero claro que nos gustaría que viniera, pues sería una gran pieza para nosotros: un ‘4’ que necesitamos y que sabe lo que hace falta para ganar”, valora. “Él es dominicano full, nacido y criado allí. Dice que medio gallego (risas), y a veces se le escapa un poquito, pero él anhela su país. Allí queremos verle y él quiere jugar para Dominicana, sentir el orgullo que nosotros tenemos al jugar para algo que es más grande que nosotros y darle así oportunidades a nuestra tierra. ‘Tyson’ entiende que es el momento, pero lamentablemente este es un caso un poco triste… e injusto”, zanja.

Fotografía: Mariano Pozo

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