Análisis: El Barça de la intensidad, de Higgins y el rodillo, pudo con las cartas de Laso, por David Sardinero

Análisis: El Barça de la intensidad, de Higgins y el rodillo, pudo con las cartas de Laso, por David Sardinero

La primera de Saras. La primera, con la sensación de que no será la última de este equipo. El Barça tiene un equipazo y algo que no tenía la pasada temporada, el convencimiento de serlo. Mi compañero Piti Hurtado habla de eso en su artículo y en la cancha lo hemos visto. Especialmente durante la primera parte, han exprimido el ADN y han sido el equipo que quieren ser. Y eso les da para ser los mejores, seguramente, de Europa en esos tramos. Defensa asfixiante al rival en estático, intensidad y físico para dominar el rebote y no rehuir el contraataque. Con esas tres premisas, el Barça se convirtió en un rodillo que pasó por encima del Real Madrid en la primera parte (31-52 al descanso).

Sin necesidad de un Mirotic heroico y repartiendo anotación y tiros, el Barça dio una sensación de solidez altísima. De ser inabordable por el Real Madrid. Al menos por este Real Madrid, un equipo que, respecto al que empezó la temporada, estaba en esta final sin Campazzo, Randolph, Rudy Fernández y Jeffery Taylor. Con Usman Garuba tocado y con varios jugadores, Tyus y Laprovittola, sin el convencimiento de pertenecer a este proyecto. Los formatos que puede poner en cancha este Barça establecen un nivel físico en los partidos al que los rivales no llegan y jugadores como Álex Abrines brillan en este ecosistema Saras, que demanda intensidad constante y contagia desde la banda. De veras, escucharle a unos metros durante cuatro días seguidos, en partidos a puerta cerrada, sirve para comprender su estandar. Ni un respiro. Ni un error concedido. Pura intensidad. Y un asesino en serie como Cory Higgins. Dinero bien pagado para partidos y torneos así. MVP innegociable.

Enfrente, Pablo Laso jugó todas sus cartas. Lo intentó con Abalde, con Llull de salida, con Alocén, con Carroll, con Causeur… Fue probando cambios, variantes. Dio con la tecla con la última que le quedaba. Usman Garuba, tocado físicamente, saltó a la pista en el tercer cuarto y con su energía transformó al Real Madrid defendiendo a Nick Calathes para intentar cortocircuitar el ataque del Barça, recordando a Marcus Slaughter. Un partido que, de cara a su posible futuro NBA, refuerza su candidatura al draft por lo que ha mostrado y cuándo. Era la última carta, y seguramente la más remota, pero por unos minutos funcionó y el Real Madrid se asomó a la fe en un partido imposible. Las faltas de Tavares acabaron por enterrar cualquier opción de reacción, pese a llegar a situarse a 11 a falta de 5 minutos

En perspectiva, este título deja al Barça reforzado, demostrando que a un partido puede convivir con las pérdidas de concentración que todavía acusa en algunos tramos. Y que, enchufados, son los mejores de Europa. Les sigue faltando ese punto de consistencia que en una Final Four cuesta mantener, pero que un metrónomo como Calathes les ayuda a serenar en momentos determinados. Y en series largas, parecen inabordables. Y lo que puede ser clave de cara al futuro: han demostrado que no necesitan a un Mirotic superlativo para ganar los grandes duelos.

El proyecto Laso sumó nuevos soldados con la Vieja Guardia clásica del Lasismo en un segundo plano (mal día de Thompkins y Carroll, Llull no encontró ritmo y sin Rudy Fernández). El descaro de Alocén, la responsabilidad asumida por Abalde en muchos tramos del encuentro y la energía de Garuba son buenas noticias en un día de agonía y supervivencia. En cualquier caso, el panorama no es sencillo para el Real Madrid, que llevaba varias semanas en el alambre. La esperanza blanca pasa por saber que con competitivos en cualquier contexto, que con Rudy están en otra dimensión defensiva y que Taylor les da un punto físico que hoy no han tenido. Su orgullo y su casta siguen intactas y tendrán oportunidades de volver a mostrarla.