Dani Pérez: “Los jugadores que piensan en el colectivo son todavía necesarios”
La Liga Endesa no ha tenido un jugador que reparta tantas asistencias como Dani Pérez en años, pero seguramente muchos de los lectores no lo reconocerían si coinciden con él en un ascensor. Su liderazgo humilde es una de las claves para entender la buena temporada que está protagonizando el Baxi Manresa. Un tipo normal, un base excepcional.
No sé si vosotros esperabais un inicio tan positivo con el Baxi Manresa.
El inicio de temporada ha sido sorprendente. Cuando empezamos la temporada, ya hubiéramos firmado estar donde estamos a estas alturas del campeonato. En el club llevan tiempo haciendo bien las cosas, optimizando los recursos que tienen. Este año no ha sido diferente. El club consiguió mantener un buen bloque de la temporada pasada y logró la continuidad de Pedro Martínez, que es una figura importantísima. Se han hecho apuestas que han funcionado desde el principio y que han generado buena química en el vestuario. La buena trayectoria es la suma de muchas cosas bien hechas.
Es un proyecto humilde. En el sentido de honesto, digo.
Sí, todos somos conscientes del equipo que tenemos, del presupuesto y del objetivo. Cuanto antes podamos conseguir la permanencia, mejor. A partir de ahí, todo lo que venga será bienvenido. Si la clasificación nos da la oportunidad de estar más arriba, lucharemos, pero tenemos los pies en el suelo.
¿Qué has aprendido con Pedro Martínez en el banquillo?
Mucho. No diré nada que no se haya dicho ya, pero es un entrenador que cuida muy bien los detalles, que es exigente y que hace que los jugadores den el máximo de sus posibilidades. Su ética de trabajo es inmensa y es una de las explicaciones de por qué estoy teniendo el mejor año de mi carrera.
Lo estás bordando.
Estoy en el mejor momento. Por mi manera de jugar y por la posición que ocupo, sumar experiencia es bueno para mi juego. Estoy en un buen momento y me siento bien físicamente. Además, conozco mejor la liga y eso me permite jugar más tranquilo y con más confianza.
Siempre has destacado por repartir muchas asistencias, pero lo de esta temporada es un escándalo.
Sí, no es que me fije mucho en los números, pero este año son muy llamativos. Ésa es mi manera de jugar y se adapta bien al estilo del equipo. Somos uno de los conjuntos que más asistencias da de la liga y tenemos una forma de jugar en la que compartimos mucho la pelota. Yo soy el que más tiempo la tiene en la mano y eso me permite sumar muchas asistencias.
No sólo eres el líder en asistencias esta temporada. Si ponderamos la cifra a 40 minutos, también lideras la clasificación de los últimos 15 años.
¡Tela! No sabría qué decirte, pero la verdad es que el número de asistencias está siendo muy llamativo. Todavía queda mucha liga, así que ojalá pueda seguir luchando ahí cuando acabe la competición, que está llena de buenos bases. Eso sí, lo que importa es el juego del equipo. Las asistencias no son el objetivo sino un método para conseguir que el equipo juegue bien.
¿Está en extinción el base puro?
Sí, no sé si quedan pocos bases clásicos, pero cada vez hay más del otro estilo, de los anotadores, con más físico, que apuestan por el uno contra uno. Es un poco la evolución del basket. Cuando yo era pequeño, mis ídolos eran jugadores como Steve Nash, Jason Kidd o Gary Payton. Si miras ahora la NBA, los bases anotan 40 puntos y tiran de ocho metros. Yo sigo creyendo que los jugadores que no piensan en el beneficio propio sino en el colectivo son todavía necesarios.
¿El estilo de juego va ligado a la personalidad?
Sí, tiene que ver con la forma de ver el baloncesto que tiene cada uno. Para mí esto siempre ha sido un juego de equipo. Así es como siempre me lo han enseñado desde que era pequeño. Va con mi forma de ser, me gusta que la gente que está a mi alrededor esté a gusto y eso lo traslado a la parquet.
Más ritmo, tíos más altos, tiros lejanos… ¿A qué es lo que más te ha costado adaptarte?
Seguramente al nivel físico. He ido pasando de la LEB Plata a la LEB Oro y a la Liga Endesa, donde te encuentras con gente que físicamente está un paso por encima. Es otro nivel.
¿Cuáles son tus primeros recuerdos con el basket?
Lo mío fue por imitación. Tengo un hermano cinco años mayor que yo que jugaba a basket. Cuando yo tenía siete u ocho años, él empezó a jugar. Yo cogía la pelota, me ponía en la pista de al lado e intentaba imitar lo que ellos hacían. Poco a poco se me fue dando bien, hasta que un entrenador del colegio se me acercó y me propuso entrenar con el equipo. Siempre había jugado a fútbol y así empezó todo.
Para llegar a la elite hay muchos caminos, tú accediste por los secundarios. Has picado mucha piedra.
Hay diferentes vías para llegar a la élite. Sólo unos pocos privilegiados tienen el talento y la suerte de tener minutos en la ACB desde el primer momento. Yo me formé en la cantera del Barça, donde trabajan muy bien, pero donde es muy difícil que te den confianza para dar el salto al primer equipo. Me tuve que buscar la vida en las categorías FEB, pero ese camino sirvió para convertirme en el jugador que soy ahora. Creo que al final me he ganado la confianza y el reconocimiento de compañeros y entrenadores.
Compartiste generación con Ricky Rubio, que es el caso opuesto. ¿Alguna vez te desmotivaron las comparaciones?
No, ni una vez. Tuve la suerte de empezar a coincidir con Ricky en la selección mini y en la infantil y ya se le veía que tenía un don especial. Era un chico con magia. Yo era muy consciente de eso y no traté de compararme con él.
¿Mucha carretera y mucho bocadillo en la LEB?
Son categorías que tienen mucha exigencia y pocos medios. Yo era joven y jugaba contra gente que tenía el culo pelado, que se conocía la categoría al dedillo y que no te daba ni media. Fue como hacer la mili. Hay gente que sabe jugar muy bien y para mí fue un gran aprendizaje. Hay cosas que no son buenas, como viajes en autobús de 12 o 13 horas y el regreso al acabar el partido, pero guardo un recuerdo buenísimo y muchas anécdotas. A mí, por suerte, no me tocó compartir piso nunca.
¿Llegaste a pasar momentos malos?
El bache más grande que tuve fue durante mi segundo año en Fuenlabrada. La primera temporada había sido buena. Yo era debutante y tenía como compañero a Carlos Cabezas, que me quitaba mucha presión y responsabilidad. El segundo año tenía que dar un paso hacia delante y compartir puesto con Alberto Díaz, que era muy joven. A las pocas semanas tuve una lesión de tobillo y me perdí tres meses y medio de competición. A la vuelta no cogí la confianza ni el ritmo para poder ayudar al equipo. Ese verano no tuve ofertas y me tocó dar un paso atrás y volver a la LEB. Ese momento fue complicado porque sentí que había perdido una oportunidad.
Los equipos que tienen éxito suelen tener una base sólida de jugadores nacionales, pero los clubes siguen apostando por fichar muchos extranjeros de nivel discutible cuando diseñan la plantilla. ¿Tienes la misma sensación?
Lo has definido perfectamente. Continuamos pensando que lo que viene de fuera es mejor que lo que tenemos en casa, que no tiene tanto nombre, y eso no siempre es así. Se acaban perdiendo jugadores que rendirían igual o mejor y que acabarían haciendo más piña en el vestuario. Es un problema que parece enquistado desde hace muchos años. Está demostrando que los equipos que apuestan por gente de la casa acaban funcionando. Es como la eterna guerra.
Ahora que ya no juegas en ella, ¿continúas manteniendo el interés por la LEB?
Intento seguir la competición, aunque con los dos grupos cuesta un poco más. Me gusta seguirla porque tengo mucha gente que conozco que todavía juega en ella y me parece una competición muy atractiva. Hay gente con mucho talento que está preparada para jugar en la ACB. Creo que no se le da la promoción que se le debería.
¿Qué recuerdo tienes de tu paso por las selecciones inferiores?
Buenísimo. Los veranos con la selección eran uno de los mejores momentos del año. Trabajar durante el año con la vista puesta en la selección era una motivación muy importante. He tenido la suerte de ganar medallas y eso se queda ahí para siempre.
¿Cambia mucho la dinámica de un club a la de la selección?
Sí, cambia bastante. Cuando estás en el club, tienes tu vida y vas a entrenar y a jugar el partido. Cuando estás con una selección, la convivencia es total y no hay vida fuera del baloncesto. Lo compartes todo y eso genera una química especial que hace que vivas momentos increíbles.
La absoluta sería la guinda…
Sí, claro. Sería como cerrar el círculo. He tenido la suerte de estar en todas las categorías inferiores. Si algún día me llega la oportunidad de la absoluta, sería increíble. Una experiencia que nunca olvidaría, seguro.
¿Crees que te penaliza tu carácter discreto?
No lo sé, no lo creo. No sé si podría llamar más la atención si me comportara de otra manera. Yo siempre digo que he llegado donde he llegado siendo como soy y estoy muy orgulloso. No creo que tenga que cambiar nada para seguir mi camino y mi carrera. Si en algún momento me llega la oportunidad, la cogeré con muchas ganas. Si no, seguiré estando igual de orgulloso.
Cuando preparas los partidos, ¿eres de los obsesivos?
No. Me gusta mucho ver basket, pero no soy de los que se obsesiona con la preparación de un partido determinado. Me fijo en otros jugadores y en su forma de jugar, pero no me gusta repasar mil estadísticas o reforzar el scouting.
Graduado en ADE, ¿cómo te lo montaste?
Estudié a distancia. Mi intención era estudiar una ingeniería en la UPC de Barcelona, pero jugando era muy complicado y me tuve que saltar muchas clases y muchas prácticas. Entrenar mañana y tarde lo hacía imposible. Al final opté por estudiar a distancia en a UOC. Cada año me fui sacando una parte y al final me saqué la carrera.
En el baloncesto hay gente que ha ganado mucha pasta, pero tú eres de los que tendrá que trabajar cuando se retire.
Van pasando los años y empiezo a darle vueltas. Como entrenador no me veo y no sé si podré estar ligado con alguna función en los despachos. He estudiado ADE y me gustaría dedicarme a algo relacionado con las finanzas.
¿Has tenido mucho compañero cabra loca con el dinero?
He visto un poco de todo. Normalmente los españoles siempre son un poco más racionales. Alguna vez me he encontrado con algún jugador de fuera que vivía el momento y no pensaba en el futuro, por decirlo de una manera suave.
¿Cómo llevas lo de la pandemia?
Reconozco que lo llevo mal. Me gustaría que la situación mejorara y pudiera volver el público a los pabellones, que es un poco lo que le da sentido a todo. Al principio la sensación era muy rara porque parecía que los partidos eran amistosos. Con el paso del tiempo, hasta eso hemos normalizado. No es agradable y espero que pronto podamos tener público. La sensación es desangelada. La temporada pasada vivimos algún partido increíble en el Nou Congost y ya tengo ganas de repetir la comunión con el público. La sensación de ganar no es la misma cuando no hay gente en las gradas.
*Contenido publicado en la revista Gigantes de febrero de 2021
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