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Entrenadores en apuros

Cada equipo un mundo, cada caso respondiendo a una coyuntura singular e incomparable. Incluso cada perfil del que hablemos representando a generaciones, estilos y filosofías diferentes pero todos, sin excepción, implicados en una realidad con la que conviven los entrenadores y que va directamente relacionada con los resultados, con los malos resultados.

Los recortes presupuestarios han provocado “plantillas trampa” para muchos entrenadores. Se han compuesto equipos en base a jugadores de buen nivel pero sin elementos diferenciales que resolvieran individualmente situaciones de crisis colectivas. Los “buenos” del año pasado han volado a equipos mejores y sus relevos han respondido a perfiles más baratos y en consecuencia menos efectivos. Nadie, pocos, dudan de la calidad de dos entrenadores al alza como Sito Alonso o Jaume Ponsarnau, el primero nombrado mejor técnico de la pasada temporada y el segundo convertido en referente de nuevas generaciones por su capacidad para optimizar recursos. Y sin embargo ambos están en una situación límite con aterradores balances de 1-7 y 0-8. Pocos dudaban también de la calidad de Fisac – exitosas temporadas en Valladolid y Fuenlabrada – pero cesado la pasada semana por culpa de los malos resultados. Si nombramos a Aíto García Reneses estamos hablando de uno de los técnicos más laureados de nuestro baloncesto, maestros de muchos, y sin embargo vive con un balance de 1-7 ofreciendo el Cajasol una imagen de equipo incapaz de competir. Si recordamos la historia exitosa del Caja Laboral nos referimos a Ivanovic – destituido hace unas horas – como uno de sus artífices siendo capaz de con sus virtudes y defectos de convertir al Baskonia en un permanente candidato a títulos.

Pero tal y como recordaba recientemente Xavi Pascual, el deporte tiene poca memoria y en consecuencia manda un presente que sitúa a entrenadores de indiscutible calidad al borde del abismo cuestionados por el entorno del club – aficionados, prensa -, incluso dentro del propio club y, más peligroso todavía, por sus propios jugadores. ¿En qué han cambiado estos entrenadores respecto a pasadas temporadas? Seguramente en nada con lo que al final se confirma una máxima que responde a la idea de que – partiendo de un lógico nivel alto de un entrenador de élite – los equipos son mejores o peores en función a los jugadores que dispongan. Los éxitos de las temporadas se fraguan en verano, cuando los directores deportivos junto a sus entrenadores, componen las plantillas de las siguientes temporadas.

El riesgo de las derrotas continuadas suelen ser los daños colaterales enfocados hacia el progresivo desgaste de unas relaciones que se van deteriorando con el paso de las semanas. Los estados de ánimo deprimidos por la crisis afectan las relaciones dentro de las plantillas al igual que los problemas económicos pueden afectar los matrimonios, las familias. No es fácil convivir con la adversidad y mucho menos para quien no está acostumbrado a ello. Ya han caído dos entrenadores en la Liga Endesa. Veremos cómo se desarrollan los acontecimientos en las próximas semanas…

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