Entrevista a Jaka Lakovic: renuncia a la Euroliga, evolución del basket, carácter…
Entrevista a Jaka Lakovic incluida dentro del número 1.541 de la revista Gigantes del Basket, ‘Copa del Rey: 40 años viviendo historias únicas‘
“Ahora ha llegado el momento de compartir y transferir mi saber y experiencia a las generaciones que vienen y que continuarán ganando para nosotros. Rara vez somos conscientes de que todos somos parte de un gran equipo que necesita un montón de buen espíritu, cohesión y alegría para jugar”, dejó escrito el día de su retirada, en verano de 2016, a los 38 años.
Su despedida de la camiseta de tirantes fue a la vez la carta de presentación del entrenador que estaba construyendo. Jaka Lakovic (Liubliana, Eslovenia, 1978) pasó sin transición de la pista a los banquillos para canalizar la pasión por el baloncesto que abrazó desde crío. Cuatro temporadas en el Panathinaikos de Zeljko Obradovic y cinco en el Barça, con Dusko Ivanovic y Xavi Pascual, forjaron su currículum y su carácter. Como jugador azulgrana conquistó la Euroliga en 2010. Y como técnico le han bastado cuatro temporadas para volver a coronarse en Europa. En su primer año al frente del Dreamland Gran Canaria logró la Eurocup y en su segundo curso en la isla ha clasificado al equipo como cabeza de serie para la Copa de Málaga.
Gigantes: Su Liubliana natal es un paraíso natural y Gran Canaria otro, ¿ya tiene una lista de rincones favoritos en la isla?
Jaka Lakovic: Todavía no. Es mi segunda temporada aquí, pero llevo una vida muy centrada en mi profesión y voy de casa al pabellón y del pabellón a casa. El resto son viajes y tiempo con mi familia. En los pocos días libres que me cojo tampoco quiero hacer grandes aventuras. Disfruto de Las Palmas, del sur de la isla, de la comida… pero todo muy tranquilo.
G: ¿Cómo recuerda su infancia y sus primeros recuerdos de baloncesto?
Jaka Lakovic: Crecí en una zona de Liubliana que estaba muy cerca del club de deporte de Slovan y eso me marcó. Allí comencé a practicar natación, esquí, fútbol… y al final me quedé con el baloncesto, desde primaria. Tenían una escuela muy importante. Mis primeros recuerdos son en una sala anexa al pabellón en la que no había canastas. Durante unos meses, cada entrenamiento consistía en aprender todos los detalles técnicos, pero sin poder tirar a canasta. Hacíamos mil pases, mil botes, mil salidas tras bote… hasta que, cuando ya estábamos aburridos, pasamos por fin a la pista que tenía canastas. Llegamos allí con una técnica individual muy perfeccionada, como era el sello de la escuela de la ex Yugoslavia.
G: ¿En qué momento descubrió que el baloncesto iba a ser su vida?
Jaka Lakovic: Siempre fui un niño atrevido, con confianza, soñador. Desde pequeño hablaba de mis aspiraciones de futuro, de todo lo que quería lograr. Tenía mucha motivación y también era muy cabezón. No era el más alto, ni el más fuerte, pero entrenaba como el que más para superarme. Con esa cabeza dura fui picando piedra, fueron llegando los resultados y vi que mi carrera podía ir en serio. Nunca dejé de estudiar. Pero confié y confié hasta hacer una carrera como jugador de la que estoy orgulloso.
G: Y después de una carrera importante… ¿Hay un día en el que uno descubre que va a hacerse entrenador?
Jaka Lakovic: Es un proceso a lo largo de los últimos años de carrera. Empiezas a pensar en el siguiente paso y comienzas a escuchar a tus entrenadores de otra manera. Analizas mucho el juego, te preguntas el porqué de las cosas… Mi transición fue muy fluida en eso porque en mi último año como jugador, en el Barça B, tuve casi el papel de mentor de los jóvenes, con Alfred Julbe como entrenador. Ahí me involucré en los entrenamientos, me quité progresivamente esas ganas de seguir jugando y me metí en el traje de entrenador.
G: Ha compartido cartel con Diamantidis, Spanoulis, Basile, Navarro, Ricky Rubio y siempre trató de hacer equipo. ¿Cómo se gestionan los egos?
J.L.: Fui muy afortunado, porque jugué en equipos grandes como Panathinaikos y Barça en los que el presupuesto y el talento de la plantilla no eran lo único que se miraba. Formé parte de equipos donde se daba valor a la parte humana del grupo. Y eso es fundamental. Las temporadas son muy largas y están llenas de altibajos, hay que sobrevivir a los momentos malos y ahí es fundamental la calidad humana del vestuario. Para los buenos momentos vale todo el mundo, para los malos no.
G: Decía Zeljko Obradovic que cuando se hizo entrenador pasó un mes sin dormir para tener respuesta para todo lo que le preguntaran los jugadores. ¿Cuánto durmió en aquel Eurobasket de 2017 para ayudar a Igor Kokoškov en la conquista del oro?
J.L.: En general, la vida del entrenador es mucho más difícil y estresante que la del jugador. Esas palabras de Zeljko las viví como jugador. Él me decía: ‘La autoridad del entrenador y el respeto de los jugadores no se gana chillando, aunque yo chille mucho. Se gana sabiendo responder a todo lo que te pregunte los jugadores. Porque a veces no preguntan para saber si no para ponerte a prueba’. Por eso hay muchas noches muy cortas en esta profesión.
G: Dice también Obradovic, que “el éxito de un entrenador es que sus jugadores le crean”. ¿Está de acuerdo? ¿Qué es el éxito?
J.L.: Estoy de acuerdo. El éxito es que te crean y que crean todo lo que propones. Cuando Aito entrenaba al Alba le pregunté: ¿Cómo consigues que se vea tu estilo nada más llegar al equipo? Y el me dijo: ‘El estilo y la idea pueden se maravillosos, pero solo sale bien si el equipo se lo cree. Si no se lo creen nada saldrá bien’. La relación entre entrenador y jugadores es fundamental. Que ellos entiendan tu manera de ser, que sepan porque dices las cosas y no se lo tomen mal. Que entiendan de dónde vienen las órdenes. Siempre quieres implementar tu filosofía, pero tienes que adaptarte a sus características.
G: ¿Existe el entrenador perfecto?
J.L.: Trabajé con entrenadores top en Europa… Obradovic, Maljkovic, Ivanovic, Xavi Pascual, Spahija… Kokoskov. Y de cada uno aprendí cosas. El entrenador ideal tendría características de cada uno de ellos. Me influyó mucho Xavi Pascual en mi última etapa como jugador. Por su obsesión por tener controlado hasta el último detalle del plan de partido.
G: Después de dos temporadas de asistente en la Liga Endesa decidió empezar su carrera como entrenador jefe en Alemania, en el Ratiopharm Ulm ¿Cómo fue ese salto?
J.L.: Kokoskov me decía que cuante te sientas medio metro más a la derecha te cambia la vida y es verdad. Ser entrenador principal es un cambio extremo. Ya lo comprobé en Bilbao cuando cogí el equipo durante cuatro partidos tras la salida de Veljko Mršić. Como ayudante propones muchas ideas, como entrenador tienes que tomar decisiones concretas. Al llegar al Ulm recibí mucho apoyo de los jefes y con mucho trabajo salieron las cosas bien. Di el paso adecuado.
G: Fueron tres temporadas allí condicionadas por la pandemia, pero también estaba germinando la semilla de la Alemania campeona del mundo de 2023.
Jaka Lakovic: Sí. La liga alemana ha crecido mucho desde esos años. El mismo Aito trajo una filosofía desde España que muchos intentaron implementar. La apuesta por los jóvenes, el estilo de juego… esa influencia de Aito, de Pedro Calles, la mía… la estructura de la competición, todo eso hizo evolucionar el torneo y ese camino ha tenido el hito culminante con el Mundial.
G: ¿Cómo surge después la opción del Gran Canaria? ¿Qué se encontró al llegar y que hoja de ruta se marcó en el proyecto con Sitapha Savané en la presidencia?
J.L.: Era un paso adelante venir a la mejor liga del mundo y con la posibilidad de competir en la Eurocup y por estar en la Copa y en los playoffs de la Liga Endesa. Gran Canaria es un club muy serio y estable, con muy buenas condiciones para trabajar. Era la decisión adecuada. Buscamos la mejor configuración de la plantilla, de la manera más cercana a mi visión de juego y a mi filosofía pero contando con los jugadores que llevaban aquí varios años.
G: ¿Cómo definiría su filosofía de baloncesto?
J.L.: Lo primero es la ética de trabajo. El trabajo duro para buscar la excelencia. Luego, en ataque, intentar jugar con ritmo y en equipo, moviendo el balón y buscando los espacios para encontrar el mejor tiro. Y, en defensa, ser agresivos y solidarios, cumpliendo las normas, y esforzándose por ayudar. Esto es el ideal de todos los entrenadores.
G: ¿Y cómo arma un equipo en tan poco tiempo y consigue ganar una competición europea en su primer año?
Jaka Lakovic: Hay que incidir en la comunicación con el grupo, trabajar la psicología del vestuario, dar responsabilidad a los jugadores. Siempre les digo al principio de la temporada que el equipo no es mío, ni del presidente, ni del director deportivo. El equipo es de los jugadores y el equipo será lo que ellos quieran. Los entrenadores somo herramientas para ayudar, para empujar, para señalar el camino. Pero los jugadores tienen que sentir que el equipo es suyo. Así se involucran en la responsabilidad de trabajar cada día para buscar lo mejor. Así se establecen las mejores dinámicas de trabajo, se crea un espacio sano, productivo y competitivo. Lo principal es crear ese sentido de equipo. Y, el año pasado, lograr tantas victorias de inicio, nos ayudó a dar sentido a todo.

G: ¿Cómo se vivió en el club y usted como entrenador la renuncia del club a disputar la Euroliga por motivos económicos?
J.L.: Se tardó un mes en tomar la decisión y, aunque poco a poco se fue intuyendo el resultado, fue un shock. Cuando la decisión fue formal todos sentimos el impacto y la decepción. Los deportistas aspiramos a competir al máximo nivel y eso es la Euroliga. Incluso sabiendo que era una decisión razonable fue muy difícil de asumir.
G: ¿Cómo debe ser la relación entre el entrenador y los jugadores? Los que han sufrido a entrenadores duros, luego aprecian mucho esa firmeza cuando se convierten en entrenadores.
J.L.: Exacto. Trabajar con entrenadores duros me hizo entender la exigencia como un hábito. Y eso consolidó mi personalidad. Mi camino siempre fue de picar piedra. De ganarme todo con trabajo. Nada me vino dado. Y ahora intento transmitir y exigir esa entrega diaria. No he conocido otra manera de llegar al éxito.
G: ¿Cuál es el mejor equipo en el que ha jugado y el mejor equipo que ha visto desde que tiene uso de razón?
J.L.: Nunca jugué en un equipo más dominante que aquel Barça de 2010. Teníamos un juego dinámico, intenso, de ritmo muy alto… un estilo que entonces no era normal. Nos adelantamos en el tiempo. Y el equipo que nos impactó a todos los de mi generación fue el Dream Team de Barcelona, pero la selección yugoslava de Kukoc, Petrovic, Paspalj, Divac… dominó el mundo antes. Petrovic me marcó por su mezcla de talento natural y ética de trabajo.
G: ¿Qué siente un esloveno viendo a Doncic ser protagonista en la NBA?
J.L.: Mucho orgullo. Luka se ha hecho una estrella mundial de una forma que parece natural para los que lo conocemos y le hemos visto crecer. Pero, poniéndolo en perspectiva, lo que ha logrado y está logrando está muy lejos de ser normal y natural. Es extraordinario. Es un orgullo ver dónde ha llegado y pensar dónde va a llegar.
G: ¿Existe el jugador perfecto?
J.L.: El que tiene capacidad liderazgo, carácter ganador, capacidad de comunicar, una alta ética del trabajo, y calidad y talento, por supuesto. Me gustan los jugadores que lideran con el ejemplo. Con las ganas de ser el primero en cada entrenamiento.
G: ¿Hacia dónde va el baloncesto?
J.L.: El baloncesto va hacia la idea de más rápido, más alto, más fuerte… pero siempre hay que buscar espacio para la técnica y táctica individual y colectiva. La pena es que cuando un jugador en Europa une todo eso es muy probablemente que se vaya a la NBA y eso no es bueno para el futuro de nuestro baloncesto. Los jóvenes se van demasiado pronto a la NBA o las universidades. Ojalá encontremos maneras de contrarrestar esta dinámica.
G: ¿Cuándo hablan de sus equipos, qué es lo que más le gusta que aprecien: el ataque, la defensa, el estilo, la intensidad?
J.L.: Me gusta que digan que mi equipo juega bien, pero sobre todo que valoren la defensa. Lo que todos queremos es ganar títulos y medallas y a ese camino solo se llega desde la defensa. La mezcla perfecta es poner sacrificio al talento. Cuando juegas en equipos de máxima exigencia y presión entiendes que sin defensa no se gana. He crecido con esa exigencia y la llevo en la sangre. Soy trabajador, muy competidor y ganador.
G: ¿El tiro decisivo se lo tiene que jugar el bueno o el que esté solo?
J.L.: Hay que lograr que el bueno esté en la mejor posición posible.
G: Es su quinta temporada como primer entrenador ¿dónde se ve dentro de cinco años?
J.L.: Esta es una profesión inestable, soy padre de tres niños y no tengo tiempo de pensar mucho más allá del próximo partido. Veremos lo que trae el futuro. De momento, estoy feliz con cómo van las cosas.
acb Photo / M. Henriquez & Getty Images
