Gigantes entrevista a Kevin Punter: «Debemos pensar en grande»

Kevin Punter lleva marcada la dureza del Bronx en su semblante. Es un hombre seco, frío y de aspecto duro y desconfiado. No le gustan demasiado ni las entrevistas ni los medios de comunicación.

Entrevista originalmente publicada en el número 1565 de Gigantes del Basket en febrero de 2026

“El Bronx te obliga a ser duro. Sea en el colegio, sea en una pista de baloncesto o incluso yendo a comprar a la tienda de la esquina, no puedes permitirte ser blando. Si lo eres, «probablemente te van a pillar”, cuenta Punter. La estrella del Barcelona repasa su trayectoria en una larga entrevista para Gigantes del Basket.

Gigantes del Basket: Usted es del Bronx… Pero curiosamente estudió fuera del Bronx.

Kevin Punter: Mi madre me quería fuera del Bronx. Le gustaban mucho los Salesianos, en New Rochelle, y pensó que sería tendría más oportunidades y una mejor educación si estudiaba allí. Durante cuatro años, estuve haciendo un viaje de 45 o 50 minutos por trayecto todos los días.

G: ¿El Bronx marca mucho?

KP: Estoy muy orgulloso de mis padres. Jugaron un papel importante en quién soy, en mi personalidad y en la manera como afronto las cosas. 

G: El baloncesto de High-School nos queda muy lejos, pero en el Bronx hay buenos equipos como Mount Saint Michael o Cardinal Hayes.

KP: En Estados Unidos, juegas en el Instituto en el que estudias. No hay fichajes cómo tal. En realidad, no fui aceptado en el colegio. Hice una entrevista y cuando la pasé, hice la prueba para entrar en el equipo de baloncesto.

G:¿Siempre quiso ser jugador de balocesto?

KP: Sí. Totalmente. Quería ser un jugador NBA. Era lo único que tenía en la cabeza. 

G: El Bronx tiene fama de mucha personalidad. ¿Usted era aficionadoi de los Knicks?

KP:Crecí siendo fan de los Knicks, yo y toda mi familia. Eran los años de Latrell Sprewell, Stephon Marbury, Jamal Crawford… Pero yo admiraba a Kobe Bryant, por mentalidad. 

G: Tras terminar su etapa de High-School como segundo máximo anotador de la historia en Salesian, empezó un largo viaje que le llevó al Gran Sur. Primero, un curso pre-universitario en North Carolina, después dos años en State Fair y dos en Tenessee. Echando la atrás, ¿está satisfecho en cómo hizo las cosas, o el Kevin Punter de hoy lo habría hecho distinto?

KP: Para ser sincero, pensaba que sería diferente. No esperaba que las cosas tomaran este rumbo en absoluto, de verdad. Creía que iba a ir a la universidad por un camino más fácil, más sencilla, pero todo fue totalmente lo contrario. Pensaba que iba a llegar a la NBA. La vida es muy curiosa:tienes un plan dibujado en tu cabeza, y de repente surgen dificultades. Sí, yo tenía mi mente puesta sólo en la NBA como profesional, y luego crecer dentro de ella. 

G: Pero usted tenía nivel para estar en una ‘Power Five’ de la NCAA desde el principio, no sólo los dos últimos años. 

KP: No, no estaba preparado para dar el salto a una Universidad potente después del Instituto. No dominé el baloncesto universitario hasta mi año de Sophomore. Allí supe que podía ser dominante en una de las ‘Power Five’. Me ha llevado algunos años hasta ser realmente el jugador que soy. Muchas veces hay jugadores a quienes la ilusión les puede, o se engañan a sí mismos. Se dicen: «Oh, puedo hacerlo, puedo llegar allí». Pero a la hora de la verdad, no pueden. Yo fui realista conmigo mismo. Supe reconocerlo. Todavía no estaba listo. Y creo que di todos los pasos que había que dar. 

G: ¿En qué tuvo que mejorar?

KP: En todo: físicamente, técnicamente, mentalmente… En todo en lo que realmente envuelve el mundo del baloncesto. Pero sabía que podía hacerlo. Pero sabía también que en ese mismo instante no estaba lo suficientemente preparado. 

G: Tuvo dos entrenadores distintos en sus dos años en Tennessee. No debió ser sencillo. 

KP: Realmente no lo fue, no fue sencillo en absoluto. Pero mis entrenadores trataron hacerme fácil la adaptación. Así que para mi fue bueno. Después he jugado para muchos entrenadores en mi vida.

G: En su segunda temporada en Tennessee, llegó un momento en que usted era el segundo máximo anotador en la SEC y el duodécimo a nivel nacional. Pero una fractura por stress en el pie le hace perder los últimos ocho partidos. ¿Siente que esa lesión le arruinó las posibilidades de ser drafteado?

KP: Sin duda. Todas las previsiones me situaban en una primera ronda baja del draft. Me rompí el pie y a partir de ahí, todo se complicó. Con 22 años, fue el primer golpe duro de verdad que me llevé. Estaba muy cerca de ser un jugador NBA. La gente me decía: «Ya lo tienes, serás jugador NBA». Lo único que tenía que hacer era seguir con lo que estaba haciendo.

G: Pudo hacer algunos work-outs y la Summer League con Minnessota. Pero no recibió ninguna oferta. Y entonces, apareció la posibilidad de irse a Grecia. ¿Cuál es la historia? Su cabeza debió estallar. 

KP: ¡Y lo hizo! (ríe) Cuando firmé mi primer contrato profesional, ni siquiera tenía pasaporte. Faltaban dos partidos para terminar la Liga de Verano, y mi agente me dice:«tienes que sacarte el pasaporte. Tienes que estar allí en dos semanas». Todos sabemos que no es un proceso sencillo. Hay mucho papeleo, trámites, visados, permisos de trabajo… Me iba llevar más de dos semanas. Pero por arte de magia, lo sacamos a tiempo dos o tres días antes del límite. Cuando tuve los billetes en la mano, no tenía ni idea de qué esperar. No sabía nada de Europa. Fue un viaje larguísimo, el más largo que había hecho en toda mi vida. Era todo muy raro. Mi teléfono no funcionaba, la cama del hotel era pequeña… Todo era: «¡Por Dios!”. Y además, sólo. Aquello no podía estar pasándome Hacía sólo unos meses yo iba a ser un primera ronda de draft. ¿Está pasando de verdad? 

G: Una aventura.

KP: Fue un choque cultural. No sabía nada. Estaba la barrera idiomática, la comida era diferente, los enchufes para cargar el móvil eran diferentes… Nadie me dijo nada. Todo esto me estresó mucho. Y después, estaba el baloncesto en Europa. El proceso de adaptación fue duro. Mi entrenador fue Christos Serelis, que ahora está de asistente en el Panathinaikos. Me ayudó muchísimo.

G: Es la ruleta de la fortuna:si caes en el lugar correcto o no. Es una cuestión de suerte. 

KP: Exacto. Y le estoy muy agradecido por cómo me ayudó. Muchísimo. Mucha gente no sabe que me casi me echan del equipo, ese año. Estuvieron a punto. Yo estaba pasando por muchas cosas. Todo era demasiado. Pero Serelis me ayudó muchísimo, de verdad… incluso a día de hoy. A ese hombre lo quiero mucho y seguimos hablando, seguimos en contacto. Pero mi año de rookie en Europa me puso los pies en el suelo. Me humilló en el buen sentido, me abrió mucho los ojos… me hizo mucho más humilde. 

G: Me está dejando un titular, ahí.

KP: Yo era un ignorante. Extremadamente ignorante. No sabía nada de Europa y tenía la mente completamente cerrada. 

G: Pues probablemente para Europa y para la vida. 

KP: Tal cual. Me enseñó muchísimo. 

G: ¿Qué es lo que más le sorprendió de ese primer año en Lavrio?

KP: Para mí, simplemente aguantar toda la temporada. Llegar hasta marzo ya fue un logro. De eso es de lo que más orgulloso estoy, porque estuve a punto de dejarlo. Le dije a mi agente que quería irme a la G-League en ese momento, que no quería seguir así. Pero al final aguanté y seguí adelante. De lo que más orgulloso estoy es de no haberme rendido.

G: Usted debió marcar mucho en el baloncesto griego, porque volvió dos veces a hacer la post-temproada. Primero con el AEK y después con el Olympiakos. 

KP: Grecia es un país que me trató increíblemente bien. Me encanta Grecia. Mi primer año fue muy duro. Pero cuando fiché por el AEK, ja conocía Atenas y tenía más experiencia en Europa. Eso me ayudó muchísimo. Solía ir mucho a Atenas, cuando estaba en Lavrio. Me sentí muy cómodo y fue increíble. 

G: ¿En qué momento se dio usted cuenta que había elevado el nivel de su juego y que podía ganarse bien la vida en Europa?

KP: Probablemente después de mi año en la Virtus, en la temporada 2018-19. Me dije: «muy bien, puedo hacerlo». Tuve que trabajar. Ese año terminé en el Olympiakos, pero fue una de mis peores experiencias. Fue la primera vez que sentí lo que era no jugar, siendo un jugador de élite. Había llegado hasta arriba y no jugaba nada. Pasé del éxito a una etapa muy complicada. Por eso digo que lo que tengo me lo he tenido que ganar. 

G: ¿Qué encontró en Belgrado que le hizo sentir tan bien?

KP: Encontré tiempo. No fue sólo los años que estuve en Partizán, si no también en el Estrella Roja. Fueron cuatro años en los que me sentí realmente cómodo. Llegó a ser como estar en casa. 

G: Hasta el punto de adquirir la nacionalidad serbia. 

KP: Hay veces que tienes suerte. 

G: Usted entró en el imaginario colectivo del baloncesto en España en aquella famosa pelea del Real Madrid-Partizán. ¿Lo ocurrido, cambió tanto la eliminatoria? 

KP: Lo cambió todo. No te quepa ninguna duda. Todo lo que podía cambiar, lo cambió. 

G: Después, usted se ha enfrentado muchas veces con Sergi Llull. ¿Ha hablado alguna vez de todo aquello? 

KP: No. Hablamos después del partido, cuando ocurrió. Y eso fue todo. Hay respeto. Al fin y al cabo, es baloncesto.  Nadie va a hacer nada fuera de esto. Todo el mundo compite al máximo, intentando jugar para su equipo y ganar. Y ya está.

G: ¿Cómo es Barcelona a los ojos de un newyorkino con tantos años de experiencia en el Viejo Continente?

KP: Es increíble. Aquí tienes prácticamente todo lo que necesitas. El tiempo es fantástico, la comida, cosas por hacer… Todo lo que se te ocurra, lo tienes. Estoy muy bien, aquí.

G: Usted ha trabajado con gente muy potente: David Blatt, Sasa Obradovic, Ettore Messina, Zeljko Obradovic… hábleme de Xavi Pascual, por favor. ¿Qué en destacaría?

KP: Para mi, trabajar con Xavi fue algo más fácil. Yo ya había jugado contra él estando en Milán y él en el Zenit. Su equipo siempre era duro, muy trabajado. Siempre eran buenos. Enseguida entendí que era un entrenador muy bueno. 

G: Sin desmerecer el trabajo de Joan Peñarroya

KP: Vivo el presente. Veo que todo el mundo quiere hablar del pasado y compararles. No me gusta hacerlo. No creo que sea justo para nadie.  

G: ¿Cuál ha sido el gran cambio?

KP: Todos los entrenadores tienen su filosofía. Todos tienen su método de trabajo y lo que les funciona. Plantean los partidos a su manera, del mismo modo que también lo hacen los jugadores. Tenemos opciones. Tenemos muchas opciones. 

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