Historia de dos mates. En recuerdo de Carlos Montes y de Ion Imanol Rementería
Se nos fueron demasiado prematuramente dos grandes jugadores de baloncesto y dos seres humanos excepcionales , hace unos años, en accidente de tráfico Carlos Montes, hace unos días tras batallar contra un tumor cerebral, Ion Rementería.
A Ion Rementería le solía ver por el barrio de Argüelles. Por allí tenía el Real Madrid la pensión de sus jugadores de categorías inferiores. Enorme para su corta edad, al poco tiempo tuve la ocasión de enfrentarme a él en un partido Real Madrid-Claret B (primer año juvenil). Recibí la mayor paliza de mi vida, 147-47, en el mítico viejo Pabellón de la Ciudad Deportiva. Recuerdo un contraataque del Madrid como si lo estuviese viendo: al genial base que era Paco Velasco, darle un pase por detrás a Ion que venía lanzado y nos hizo un brutal mate a una mano, que creo que le dio en la cabeza a uno de mis compañeros. A nosotros nos ganaron por 100 pero es que las finales de los Campeonatos de España, al Joventut o al FC Barcelona, las ganaban casi por 30. De hecho mi equipo estaba lejos de ser una banda, pues, dirigido por Arturo Ortega, un técnico que llegó a ser el entrenador más joven en debutar en ACB, fue capaz pocas semanas después de derrotar al Estudiantes A, donde militaban Jose Montero y Julio Torres.
En ese mismo año un poco más tarde jugué un encuentro contra un combinado de jugadores en el que había un chaval muy moreno y muy atlético que en una de las primeras jugadas, sin comerlo ni beberlo, también nos plantó un mate con, si cabe, más mérito que el de Rementería. En este caso rozaba el 1,90, lo hizo a dos manos y dejo un tiempo temblando el tablero.
Era Carlos Montes (“Saltamontes, según la Demencia, el del mítico torneo de mates de Don Benito). Pocos meses después me enfrenté a él en la primera jornada de la siguiente temporada juvenil. Le había fichado un equipo llamado Inmobanco , que tenía un equipo en Primera División y recuerdo que nos pegó también una soberana paliza. Ese combinado acabó también ganando el Campeonato de España. Les dirigía Miguel Ángel Martín “el Cura”, muy galardonado entrenador también reciente y tristemente fallecido.
Pasó el tiempo y tanto Ion Rementería como Carlos Montes se unieron a la Selección Española Junior que se congregó en Palma de Mallorca para un Mundial espectacular en el que había unas potentes selecciones como la que ganó, la de los EEUU y de la URSS que estaban Arvidas Sabonis, Marchulenis, Tikonenko o Volkov (oros olímpicos en Seúl uno años después). España consiguió un brillante cuarto puesto con un plantel que a parte de a Carlos Montes y Ion Rementería contaba con jugadores de la talla de los que luego fueron internacionales absolutos como Jordi Villacampa , Rafa Vecina , Jose Antonio Montero o Pepe Arcega.
El salto a la élite de dos chavales extraordinarios
El destino quiso que poco después me uniese deportivamente a la carrera de Montes y Rementería , fichado por el filial del Estudiante que militaba la segunda categoría del baloncesto. Debido a una desafortunada lesión de Ion Rementeria estuve a punto de jugar en el primer equipo, pero se decidió que sólo iba a entrenar iba y tendría minutos en una categoría inferior. Al año siguiente sí que me ficharon para el primer equipo colegial y ahí coincidí con Carlos Montes y con Ion, ambos jugadores excepcionales.
Aquel Estudiantes fue el mejor equipo en el que pude militar en mi vida, con poco tiempo de juego, esos sí pues el nivel de mis compañeros interiores era altísimo. Llegamos a ser quintos de España, a jugar la Copa Korac y la fase final de la Copa del Rey, aquella inolvidable edición en Tenerife a la que el club nos permitió acudir con nuestras parejas. Además de Carlos Montes y de Ion Rementería jugaban dos bases internacionales de la categoría de Vicente Gil y Antunez, Pedro Rodríguez, Javier García Coll (tan cercano a Ion en sus años de juventud, tan cercano también en los duros momentos de su enfermedad) así como dos americanos como John Pinone y David Russell. 30 o 40 años después aún se les recuerda con cariño y admiración. Era la base de un equipo que poco después conseguiría clasificarse a la Final a 4 de la Euroliga y que ganaría dos Copas del Rey.
Aparte de dos deportistas excepcionales se trataba de dos chavales estupendos que creaban muy buen ambiente en el equipo. Cada uno con su carácter pero con su sentido del humor particular pero siempre apoyando y aportando. Además, compatibilizaban la carrera deportiva alto nivel con estudios universitarios: informática en el caso de Ion e INEF en el caso de Carlos. Posteriormente, en varias ocasiones tuve la ocasión de enfrentarme a ellos y ya, después de retirados, se creó una Asociación de Veteranos del Estudiantes en la que nos pudimos reunir en bastantes ocasiones , mantener contacto y acudir a los partidos del primer equipo, así como jugar partidos de veteranos. Recuerdo uno que organizó Ion con el Club Deportivo Moratalaz porque era donde jugaban sus hijos y se celebraba el aniversario de dicho club madrileño.
Muy trágico destino
El trágico destino ha querido dejando muy jóvenes ambos dejando una familia excepcional, con unos chavales jóvenes con necesidad de un apoyo y una guía paterna se hayan dejado la vida demasiado antes de tiempo. En el caso de Carlos Montes fue en un túnel de la M-30 madrileña, en un brutal accidente de tráfico, cerca de donde también falleció, por desgracia, Fernando Martín. Recuerdo bien ese día porque teníamos un encuentro de veteranos del Club de Baloncesto Collado- Villalba de con motivo del 25 aniversario del ascenso ACB del club. Eso iba a ser una fiesta, con más de 30 jugadores del club entre los que estaba Ion Rementería, que también había jugado varios años en el club serrano, incluyendo el año “atletico” de cuando Jesús Gil y Gil se hizo al frente de aquello. Fue por lo menos para mí un día muy muy triste que recordaré no por aquel encuentro sino por el fallecimiento de Carlos Montes.
En ambos casos, a la hora de acudir a dar el pésame , en el caso de Ion Imanol hace unos pocos días, he tratado, hemos tratado sus compañeros de transmitir a sus seres queridos todo lo mucho que queríamos tanto a Carlos como a Ion. Lo buenos compañeros que eran. Les hemos contado anécdotas de estos años de convivencia y desde luego creo que pueden estar orgullosos de los padres, esposos y hermanos e hijos que tuvieron. Los que jugamos con ellos siempre los tendremos en el corazón y recordaremos la suerte que tuvimos de tenerlos como compañeros
Testimonios sobre Ion y Carlos
Me gustaría aportar aquí un texto del inseparable compañero de Ion Rementería, Pedro Rodríguez, que desde los 15 hasta los 25 años jugaron en el mismo equipo, con dos caracteres muy distintos y peleándose por mismo puesto de pívot. Sus emocionadas palabras al hilo del fallecimiento de Ion demuestran el enorme aprecio mutuo:
“Conocí bien a Ion Imanol,y desde hace mucho tiempo, tenía mi edad, los dos del 64, nació en febrero, el 29, especial hasta para eso y empezamos y crecimos juntos en el mundo del deporte. Entramos en el Madrid el mismo día, y convivimos 4 años, que en la sensación de tiempo que tiene un niño de 15 años es muchísimo.
Pasamos al Estudiantes a la vez, en una especie de lote donde también entraba Javier García Coll.
Era hijo de familia numerosa de las de antes, de las que te hacían falta dos manos para contar con los dedos a los hijos, creo que eran 7, no como ahora, metidos en un mundo paralelo a la realidad.
Él era un niño hombre, un niño hecho, y dejo la familia atrás viniendo a Madrid desde Guipúzcoa a por su destino. Sé que se habla bien siempre de la gente que se nos va. pero con Ion no queda mucho espacio para la subjetividad. La educación y la prudencia a máximo nivel, la moderación, el saber estar, el civismo, la fuerza de las personas con moral y principios, el compañerismo, la lealtad, la integridad, la bondad inquebrantable, la falta de adornos, de dobleces, de más de una cara. Lo mejor del mundo vasco fusionado con Madrid, que le hizo de sonrisa más fácil y palabra más pronta. Creo que es la persona que más he envidiado en mi vida, a mi siempre me habría gustado parecerme a el, y un día se lo dije directamente y mi sorpresa es que asombrosamente, el me dijo que quería parecerse a mi, y lo dijo de verdad.
Me quedé fuera de combate, me hizo pensar mucho, creo que es lo mejor que me han dicho en la vida. Es una gran pena no volver a disfrutar de él, siempre le estaré agradecido por haberme acompañado tantos años, los más importantes y haberle tenido como referencia a la que aspirar, aunque él se fijara en un inseguro madrileño de periferia”.
Para hablar de Carlos Montes valgan las palabras de Javier Ortiz, periodista del Periódico de Cáceres y gran experto en documentación de jugadores ACB de todos los tiempos. Coincidió bastante con Montes pues Carlos había jugado varias temporadas en ACB en el club cacereño. “La verdad es que no había manera de colgarle cuando se trataba de charlar de baloncesto. Me contaba cuando le entrevisté para Espacio Liga Endesa “Me gustaba mucho el baloncesto, me involucraba mucho en el proyecto de cada club en el que estaba. La gente necesita sentir eso cuando ve a un jugador, percibir que se parte el alma aunque no sea de la misma ciudad”. Y no era una cuestión de la élite, como cuando después de retirarse llegó a ser director deportivo del Estudiantes. Se trataba de canastas y de creer en ese juego de cinco contra cinco que intentaba inculcarle a sus chicos del Joyfe en Primera Nacional madrileña.
Obviamente, tenía que cultivar con devoción ese físico que le dio tantos años de comer. Probablemente hubiese podido seguir jugando tras su último año del Forum Valladolid. El cuerpo de uno es su herramienta de trabajo y tiene que cuidarla. Entrenaba en verano, algo que por entonces no se hacía mucho, para llegar por debajo de mi peso en las pretemporadas y que me costase menos. Todo era adaptarse y me especialicé en defender porque casi siempre había grandes jugadores ofensivos en los equipos por los que pasé, explicaba.
Todo sazonado por el gesto más maravilloso del mundo: una sonrisa tan contagiosa y constante que parecía de ciencia ficción. Era difícil verle enfadado, por muy competitivo que fuese el barniz de su baloncesto. La naturalidad, la felicidad por estar en un deporte que amaba, lo impregnaba todo. Le llamabas a la hora de la siesta, siempre sacrosanta para el jugador de basket, y te cogía el teléfono con buen humor”, comenta Ortiz, que tiene un capítulo dedicado a cada uno de nuestros héroes Carlos y Ion. Fue, precisamente, en la presentación de ese “80 de los 80”(1) la última vez que coincidí con Rementería que recibió un ejemplar firmado por Ortiz que quedó maravillado por la educación y simpatía de Ion Imanol, que aún gozaba de perfecta salud.
Con razón , forman parte de la historia reflejada por Javier Ortiz , tan recordada de aquellos 80s. Como a aquel baloncesto, nunca les olvidaremos.
(1) “80 de los 80, retratos de una década clave del baloncesto español”. Javier Ortiz (2021) Ediciones JC. En este libro hay un capítulo dedicado, en distintos epígrafes, tanto a Carlos Montes , como a Ion Rementería como al autor del artículo.