25 años de la Copa de Pau Gasol: El bautizo de un extraterrestre que nadie supo predecir
Un cuarto de siglo de la mayor eclosión nunca vista en el baloncesto, la de Pau Gasol en la Copa del Rey de Málaga 2001.
El 18 de marzo del 2001 un meteorito impactó en el mundo del baloncesto y de él salió un extraterrestre que cambió la historia de nuestro deporte para siempre. La Copa del Rey de Málaga fue la primera gran exhibición de Pau Gasol, un jugador diferente que se volvió determinante contra el Fuenlabrada, el Pamesa Valencia y, sobre todo, el Real Madrid. Ahora que se cumplen 25 años de aquel bautismo, es un buen momento para viajar en el tiempo y descubrir algunos de los entresijos de aquella hazaña que será explicada de generación en generación.
La final de Copa 2001, partido completo
Gasol se estrenó en el Martín Carpena sumando 16 puntos y 8 rebotes contra el Jabones Pardo Fuenlabrada. “Es muy bueno. Si quieren que tenga minutos, que nos lo cedan. Le prometo 30 o 35 minutos”, dijo Óscar Quintana. El entrenador tan sólo necesitó 27 minutos para tener claro el potencial de aquel joven espigado que apenas tenía 20 años. El Pamesa Valencia tampoco pudo detener a Gasol, que acabó con 13 puntos y 5 rebotes ante Bernand Kopkins y Derrick Alston.
“Recuerdo muy bien la Copa del Rey de Málaga 2001 porque para mí fue muy especial. Yo había fichado por el Barça un par de años antes. Siendo de Málaga y habiendo jugado allí, era muy emotiva. Tenía muy buena relación con Pau Gasol y me alegré mucho por su torneo. Fue su puesta en escena. Luego ganamos la final de la Liga por 3-0 e incluso jugó mejor, pero aquella fue su primer gran exhibición. Es por eso que guardo aquellos recuerdos de manera especial”, explica Nacho Rodríguez, excompañero de Gasol.

El exjugador malagueño resume lo vivido en Málaga sin tapujos. “Aquella Copa del Rey sirvió para advertir la trayectoria que Gasol tuvo a continuación. Fue un jugador diferencial y determinante. A pesar de su juventud, demostró una gran confianza en sí mismo. La final de la Copa del Rey de Málaga tuvo mucha repercusión por ganarla contra el Madrid. Si el rival hubiera sido el Estudiantes o el Joventut, no hubiera sido lo mismo. Su exhibición llegó contra el Madrid de Sergio Scariolo y, además, asumiendo mucho protagonismo en el partido por el título”. Gasol, que sumó 25 puntos y 6 rebotes, acabó desquiciando a la defensa del Madrid, que le hizo 8 faltas personales.
El vestuario del Barça tenía jugadores del prestigio de Sarunas Jasikevicius o Arturas Karnisovas, pero Gasol encajó muy bien desde el primer día. “La relación de Pau con el grupo de jugadores más consagrados era muy buena. Una de las claves del éxito de aquel equipo es que hacíamos mucha vida en común fuera de la pista. Eso nos ayudó a crear una química muy buena. Tanto él como Juan Carlos Navarro entraron con muy buen pie en el grupo. Además de su calidad como jugadores, eran unos chicos excepcionales que se dejaban aconsejar. Cuando todavía no habían demostrado nada ya tenían una gran confianza en sus posibilidades. ‘¿Contra quién jugamos?’, preguntaban. Cuando escuchaban la respuesta, no tenían dudas. ‘Ganaremos seguro’, avanzaban. Gasol tenía una gran confianza en sí mismo. Los veteranos intentábamos bajarle los humos, pero su educación personal y deportiva era excelente. Aceptaba cualquier recomendación que le hiciéramos”, asegura Rodríguez.
“Pau Gasol era un chaval que nunca buscaba conflictos y eso le permitió llevarse muy bien con sus compañeros más veteranos. Roberto Dueñas, por ejemplo, lo trataba muy bien porque se aprovechaba de sus pases. Él era abierto y la química con el equipo era muy buena. Cuando el calendario lo permitía, tras algún partido, incluso salían juntos”, reconoce Joan Montes, entrenador ayudante de aquel Barça y una persona clave en la evolución de Pau.
Pau Gasol había protagonizado buenos partidos en la Liga, pero sus compañeros todavía no intuían la dimensión que iba a coger. “Nosotros veíamos que era un jugador diferente. Medía 2,16 y era muy delgado. Siempre le decíamos que tenía que pisar más el gimnasio, pero en aquella época todavía no le gustaba demasiado. Veíamos que era un jugador diferente, que era capaz de subir el balón o tirar de tres puntos. Ahora lo vemos en más jugadores, pero en aquella época no era común verlo. Nadie esperaba que pudiera a ser un jugador tan determinante incluso en la NBA, pero ya veíamos que era especial”, analiza Rodríguez.
Unos meses antes de aquella Copa del Rey, el Barça rescindió el contrato de Rony Seikaly. El pívot norteamericano devolvió al club azulgrana 100 de los 175 millones de pesetas que se le habían pagado como adelanto y dos meses de sueldo. “Seikaly no estaba en la forma que nosotros esperábamos. Lo que mucha gente no recuerda es que el Barça le buscó un sustituto. Lo había encontrado en Grecia, donde un club acumulaba impagos. La operación con aquel jugador, que tenía mucho prestigio en Europa, parecía hecha, pero al final se torció porque su club le acabó pagando. Luego también se negoció con Dean Thomas. Tras ver la confianza con la que podía jugar Pau Gasol, todo cambió. Tras la Copa del Rey de Málaga, todo el mundo lo tuvo claro”, resume Montes.
“Nosotros estábamos seguros de que Pau iba a aprovechar los minutos. Cuando pasó a ser titular, su confianza creció mucho y demostró que era un jugador diferencial”, analiza Montes, que conocía a Pau desde años antes. “Gasol hacía cosas diferentes desde que era un chaval. Cuando estaba en el Barça B, ya era capaz de protagonizar jugadas espectaculares. Recibía en la línea de tres puntos, daba dos pasos y se colgaba del aro. Hacía mates impresionantes, pero nadie podía imaginar la progresión que tuvo luego. Ni siquiera él mismo. Tenía cosas diferentes y era muy inteligente, pero otros jugadores han tenido muchas condiciones y ni se han acercado a su nivel. El carácter que tenía impulsó sus habilidades”, advierte Montes.
El técnico destaca el esfuerzo físico de Gasol. “Él trabajaba, pero su cuerpo iba a un ritmo diferente al de otros jugadores de su edad. Se le hizo un plan de alimentación y se le puso un preparador físico, Pepinho Casal. Cuando pasó del júnior al Barça B la diferencia ya era notable. Guardo fotos en las que la evolución es evidente”, advierte.

La explosión de Gasol fue rápida, pero la cocción, lenta. “Cuando todavía estaba en el equipo, Seikaly hizo un esfuerzo por ponerse en forma y se quedaba a trabajar con Gasol después de los entrenos. Hacían unos contra unos. Esas sesiones extra le fueron muy bien a Pau, que supo aprovechar cada minuto junto a toda una estrella de la NBA”, asegura Montes. Gasol era bueno y, además, muy inteligente. “Entendía muy bien el juego. A nosotros nos gustaba hacer preguntas en la sala de vídeos. Cuando era fácil, contestaban todos. Cuando era difícil, cuando preguntabas desde donde tenía que llegar la segunda ayuda defensiva en una situación específica, respondía él”.
En ataque dominaba. En defensa era determinante. “Su envergadura de brazos le permitía llegar a todos lados. Aíto implantó una defensa zonal que se hizo muy famosa. Era una 2-3, pero colocaba a Gasol en una esquina, a Arturas Karnisovas en la otra y a Roberto Dueñas en el centro. Los dos pequeños que estábamos arriba podíamos presionar mucho porque con ellos tres abajo no quedaban espacios libres”, recuerda Rodríguez.
El papel de Aíto García Reneses fue determinante para pulir a Pau Gasol. “Aíto es un entrenador que nunca te doraba la píldora. Si jugabas bien, no te decía nada. Si jugabas mal, te ponía vídeos individuales. Su objetivo era que el jugador siempre tuviera los pies en el suelo. Él hablaba mucho con Pau y se esforzaba para que tuviera la cabeza despejada con los estudios o con actividades culturales. Si viajábamos a Burgos, le obligaba a visitar la catedral. En el campo, le corregía detalles específicos. Fuera, incentivaba mucho su formación”, dice Rodríguez.
Tras ganar el título, Aíto acudió con Gasol a la rueda de prensa. El técnico le ofreció una cerveza y el jugador la rechazo, pensado que era una de las muchas trampas a las que el madrileño le exponía. Mientras, en el vestuario, sus compañeros imitaban a gritos a Andrés Montes. “ET, jugón, sinvergüenza…”.
“No entiendo que haya gente que piensa que no está listo para jugar en la NBA”, reconoció Sergio Scariolo. “No infléis el globo de Gasol”, pidió Aíto a los periodistas acreditados en Málaga. La demanda del entrenador no tuvo éxito y la prensa utilizó todos los adjetivos del mundo para encumbrar al catalán. “La era Gasol ha empezado”, tituló el diario Sport. El resto tampoco escatimó en elogios para describir una actuación que sorprendió a todo el mundo. “Cuando vimos jugar a Hanno Möttölä en la liga universitaria norteamericana, Aíto fantaseó: ‘Si tuviésemos a éste…’. Apenas unos meses después nos dimos cuenta que Pau iba a ser mucho mejor. Le dimos la oportunidad y nos quedamos cortos”, concluye Montes.
Y Pau Gasol qué decía. Pues aprovechó la aglomeración de micrófonos para pedir que pusieran cines en Sant Boi de Llobregat, su localidad natal. “No tenemos”, sentenció con la misma incredulidad que tenían quienes lo vieron jugar en directo aquella fase final en Málaga.
Fotos: Archivo Gigantes del Basket