“Y Gasol en la última playa”, por Piti Hurtado

“Y Gasol en la última playa”, por Piti Hurtado

Y Gasol en la última playa, cuando su pie pisaba la arena desde Redondo Beach a Palo Alto. Y sus pensamientos.

Y Gasol en la última cancha, cuando sus botas pisaban desde la pintura hasta el poste alto. Y sus canastas.

Y Gasol en la última playa, un ganador que siempre ha creído en la victoria. Aunque los demás no creyéramos. Y volvió a ganar.

Desde el partido definitivo contra Zenit has visto a Pau Gasol apretar el puño y la mandíbula tras jugadas importantes, las que ayudan a ganar. Una buena defensa, un 2+1.

Desde que se supo que volvía al Barça has dudado, como yo, de su nivel físico, de la parte de su imagen que se pudiera comprometer. De lo que podía ganar su equipo pero de lo que podía perder.

Desde que perdieron la final de Euroliga por escaso margen esa duda no se resolverá. El cambio de rotación interior y el tobillo de Calathes nos dejará esa duda, así como las noches de desvelo de Saras seguirá pensado en Hanga y en Bolmaro.

Jasikevicius prefiere pívots móviles pero su inteligencia de jugador listo le hizo entender qué pasaba, desde que Navarro le dijo que Pau tenía que volver.

Desde que debutó como titular contra Bayern las conjeturas estaban ahí, pero los grandes competidores se agarran a la cancha cuando más duro está el partido. Y su partido era demostrar que sí ayudaría a ganar. Que no se iba a arrastrar estaba en la cabeza de los otros, no de él. Inmensa inteligencia emocional para llegar con ganas pero con sensibilidad con sus compañeros. Cariñoso, consciente de las velocidades que traía él y la que tenía el equipo.  Juicioso sabiendo qué efecto podía provocar su llegada, muy cercano y prudente con sus primeros esfuerzos.

Navarro entrando como General Manager en la parte final de la temporada, otro reto, cubrir a su compañero de vida. Su labor como mentor de Mirotic y sus dudas, poder ayudar a que levantara finalmente un MVP el día de ganar título, otro reto.

Tapones para llegar a la F4, triples para conectar al equipo en las semifinales de Colonia, respeto ante cada partido en ACB ya fuera competido o paliza. Rango de tiro para dañar a Tavares en la final, pases de jugador faro. Un poco de todo, en minutajes cercanos a los 15 para aportar siempre cosas positivas.

Pau Gasol en Lisboa, Pau Gasol en Saitama, Pau Gasol en Los Ángeles. Pau Gasol en la última playa. Las patas de gallo, las canas en la barba, las articulaciones doloridas y el nervio competitivo que le hizo venir sin pedir dinero porque su estímulo era conseguir lo imposible, retirarse en la cancha y ganando. Vio a su Kobe Bryant volver con el cuerpo destrozado para salir por su propio pie tras anotar 60 puntos en un partido sin trascendencia competitiva. Él quería salir del Palau por su propio pie y alzando una Copa. Y lo ha hecho.

Consciente desde muy joven de su imagen, de lo que podía ser su legado, la última determinación de un deportista sentado a la mesa de Rafa Nadal y el resto de grandes iconos españoles es pisar la arena olímpica, que el fuego de Prometeo se refleje en su pupila por quinta vez, por última vez. Y que esa llama interior le haga jugar en Tokyo también para ganar, no solo por desfilar.

Y Gasol volverá a la última playa. Sintiéndose en paz consigo mismo.

Ganador con el Barça, ganador con España, ganador con los Lakers. Un legado inolvidable.

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La leyenda de Pau Gasol continúa. Partidazo, ovación y título

Foto: D.Grau / acbPhoto