Ricky Rubio regresa al Joventut para escribir su legado como jugador. Pinceladas para entender cómo se ha producido ese regreso

Ricky Rubio está de vuelta. El base del Masnou jugará, como mínimo, un año más en el Joventut de Badalona en la que es -sin duda- una de las noticias del verano. El jugador catalán firma el contrato que le ata con la Penya hasta junio de 2026, con la voluntad de que sea prorrogable año a año y su última estación antes de su retirada definitiva. “La Penya será mi último club, sin duda”, aseveró el día de su presentación. Aunque si bien es cierto que se reservó el derecho de cambiar de idea en un momento dado, el jugador catalán cerrará en el Olímpic un círculo que empezó cuando debutó en 2005 cuando sólo tenía catorce años.

El suyo ha sido un viaje largo, muy intenso y -por momentos- angustioso. A nadie se le escapa su condición de ‘niño prodigio’ del baloncesto, que supuso el inicio de una carrera vertiginosa y que le llevó a convertirse en el fichaje más caro de la historia del baloncesto en España -3’7 millones de euros en 2009, hoy serían algo más de 5 millones aplicando el IPC real-. Todo el mundo le quería. Ricky tenía ángel. Su historia es de sobra conocida: campeón de la Euroliga, número 5 del draft y doce temporadas en la NBA, doble medallista olímpico y Campeón del Mundo en 2019 siendo el MVP.

Pero esa carrera meteórica y brillante -casi idílica- tuvo un enorme peaje personal y emocional: un colapso mental hizo que se le fundieran los plomos justo antes de los Juegos de París y se replanteara su vida de arriba a abajo. Ricky cayó en un pozo muy oscuro, un lugar muy complejo del que es complicado salir indemne. Incluso, en una reciente entrevista con Jordi Évole, Ricky reconoció públicamente que en un momento muy concreto “había pensado en quitarme la vida”. Por eso es tan importante su vuelta: porque es la prueba de que está sano.

“Vuelvo a jugar desde la diversión”, contó el nuevo jugador verdinegro el día de su presentación, en una auténtica declaración de intenciones. En este regreso, no hay metas, ni títulos en absoluto. Sólo el baloncesto más puro. “He aprendido a escucharme a mi mismo, a la vida y a las cosas que me pasan. He aprendido a diferenciar la persona del ego y me he dado tiempo. Sólo con esto, ya he ganado”.

Su regreso al Barça en 2023 no fue el deseado. Las cosas no salieron tal y como él quiso, ni tampoco el club azulgrana encontró en Ricky aquello que buscaba. Tal vez, ambas partes corrieron demasiado, algo que provocó que el yugo de la retirada haya estado enormemente cerca hasta no hace mucho. La exigencia del baloncesto y el hastío del mundo profesional le habían llevado al límite del hartazgo. La salud mental no es algo que deba tomarse a la ligera. Ha sido un año de mucha terapia, mucha lectura y mucha reflexión. La entrevista a Jordi Évole -grabada a principios de abril- también formó parte de todo el proceso. Durante todo este tiempo, Ricky ha podido pensar mucho sobre sí mismo, sobre su vida y sobre lo que quiere hacer con ella, con lo que le apetecía hacer y lo que no. Hasta que, por fin, dio con la tecla buena: construir su legado.

“Ha entrado en mi una pequeña semilla”, contó ante una abarrotada sala de prensa. “Una de las cosas que más me motiva al volver es dejar una huella positiva. Volver a un club donde la clave son los jóvenes y se necesita ayudarles a partir de unos valores positivos. La idea es que los chicos se sientan en casa. Y aquellos que hayan venido de fuera, que se sientan como en casa”.

Él mismo ya había sido depositario en su momento de conocimiento, guía y protección de otros jugadores mayores que él en sus primeros equipos: Elmer Bennett en la Penya, Jordi Trías en el Barça o Kevin Love en Minessotta, cada uno en su estilo particular. También Pau y Marc Gasol le ejercieron una enorme influencia, así como Raül López que, una vez retirado, se incorporó a su staff personal de trabajo. Pero a medida que el tiempo fue transcurriendo, los papeles se intercambiaron y Ricky asumió ese papel de gurú con futuras estrellas en Estados Unidos. Devin Booker y Donovan Mitchell han reconocido la huella del base del Masnou en sus temporadas de rookie, hasta más allá de los terrenos de juego. Incluso Cleveland Cavaliers llegaron a contratarle para moldear a Darius Garland.

Pero una cosa son los Estados Unidos y otra cosa es el Joventut. Porque si algo ha tenido claro Ricky es que quería ver crecer a sus hijos en casa de la misma manera que lo hizo él, y ese legado sólo tenía sentido en Badalona. Cualquier otra cosa habría sido más de lo mismo. Es la razón por la que puso punto y final a su carrera en América. Es verdad que la NBA es el máximo exponente de la industria del baloncesto, para lo bueno y para lo malo. Pero para Ricky Rubio, en lo emocional, Badalona es imbatible. Es el ‘Bressol’, la cuna, una ciudad campeona de Europa que respira baloncesto por los cuatro costados con 11 clubes y 195 equipos de todas las edades. El Masnou está justo al lado, a 7 minutos en coche des de su casa, una sola parada de tren.

Ser guía, referencia y transmisor de esos valores para los jóvenes es lo que mueve a Ricky para volver con este último baile. Para que la Penya siga siendo lo que siempre ha sido. En mayo, la decisión estaba tomada. Empezó a preparar el terreno para su vuelta, viéndose con los actuales propietarios del Joventut y consultando a personas de su máxima confianza la mejor manera de proceder. Los meses de Junio y Julio sirvieron para definir el organigrama y terminar de ponerse en forma de la mano de Toni Caparrós. La presentación fue el 23 de julio, en una sala de prensa en el Olímpic llena como no se recordaba antes. El inicio de la pretemporada será a mediados de agosto, su primer partido en Sant Julià de Vilatorta y el debut en partido oficial, en la Lliga Catalana de Tarragona en septiembre.

Si la vuelta de Ricky Rubio ha generado una enorme expectativa en el mundo ACB, en Badalona no se habla de otra cosa. La ciudad hierve. Las publicaciones en redes sociales durante los días de la campaña previa al anuncio de su vuelta son las más vistas en la historia del Joventut. No es para menos: Ricky conecta con la generación que creció con él en el Olímpic, y ahora lo hará con otra que no le ha visto jugar nunca en directo. Pero ese sentimiento es mutuo.

“Siento que he vuelto a ilusionarme”, reconocía hace unos días a su círculo más íntimo. “En el momento de firmar el contrato, me emocioné, lo sentí. En otro momento lo hubiera vivido como un robot”, confesó antes los medios de comunicación. La prueba definitiva de que esto es sincero y es de verdad. «Le veo feliz, y eso lo es todo», cuenta una persona muy cercana a él. No es para menos. Su pose el día de su presentación era de auténtico júbilo, con la cara completamente iluminada y unos ojos brillantes. Era como si aquel ángel que un día tuvo, de repente, hubiera vuelto para quedarse.

Récords de repercusión

La expectación por el regreso de Ricky Rubio al Joventut es enorme. Así lo atestiguan los números de tráfico en las redes sociales del club. Sin ir más lejos, el anuncio de su fichaje fue el post más visto desde que la Penya creo su cuenta de Instagram. La sala de prensa estaba llena hasta la bandera: familiares, amigos, el entrenador Dani Miret y todo su Staff, representantes de los máximos accionistas y antiguos compañeros como Pau Ribas, que tampoco se lo quiso perder. Hubo varios medios de comunicación que dieron la rueda de prensa en directo, e incluso, se contó con la presencia de un equipo de rodaje de los Brooklyn Nets, que estos días están grabando un reportaje con Jordi Fernandez. El club adelantó ya la nueva equipación para este próximo curso y puso la camiseta del jugador a la venta (70 euros) el mismo día de la presentación. y espera que el gancho de Ricky sea decisivo en la campaña de socios y abonados para esta próxima temporada.

Sin presión por el futuro

El gran interrogante es qué va a hacer Ricky Rubio y cuál va a ser su vinculación con el Joventut, una vez se retire. Ricky fue requerido sobre esta cuestión, pero su respuesta fue esquiva: «Por ahora me centro sólo en jugar». La idea es la de ir año a año y ver cuál es su motivación para seguir vistiendo de corto. Pero a nadie se le escapa -por ejemplo- cómo Marc Gasol gestionó el final de su carrera deportiva: de la pista pasó directamente al despacho. Eso no quiere decir -en absoluto- que Ricky vaya a ser algún día el presidente de la Penya. Pero sí que la vinculación del base del Masnou con el Joventut vaya más allá del parqué. En perspectiva está el centenario del club en 2030, un proyecto que -según fuentes cercanas- «le es enormemente atractivo».

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