El pie de Sabonis: «Haz lo que quieras conmigo, pero yo quiero seguir jugando al baloncesto»
Viajamos a 1989, a uno de los momentos que pudieron cambiar la historia del baloncesto europeo. El pie de Arvydas Sabonis era un asunto internacional, trascendental. Hablamos con el médico español que le rehabilitó entonces
Cuando Arvydas Sabonis fichó por el Fórum Valladolid en la 89/90, había muchas dudas en torno al estado de su pie derecho. Venía de someterse a dos operaciones en el mismo tendón de Aquiles, una de las peores lesiones que podía sufrir un deportista profesional.
El lituano había pasado por las manos de multitud de doctores, que le habían sometido a profundos reconocimientos médicos para intentar solventar el problema que arrastraba. Encontrarse en Pucela con Javier Alonso, el médico del Fórum, fue una bendición para el propio Sabas y para todos los aficionados al baloncesto en general.
El doctor Alonso, que ha sido durante 40 años el médico oficial del club, fue fundamental para su recuperación. Parecía que el talón de Aquiles de Sabonis era su doble lesión en el tendón de Aquiles. Sin embargo, Javier Alonso detectó que había algo más en aquel pie que le impedía jugar al baloncesto en óptimas condiciones.
Artículo publicado originalmente en la revista de diciembre de 2025 que puedes conseguir aquí
Aunque han pasado muchos años de aquello, el doctor Alonso lo sigue recordando a la perfección: “Es importante que se sepa bien porque hasta ahora solo había dado pinceladas de esto”. Hablamos en profundidad con Javier Alonso sobre el pie de Sabonis.
Las dos lesiones en el tendón de Aquiles
La primera vez que se lesionó el Aquiles le operaron en Oslo. Después, mientras estaba haciendo la rehabilitación en Lituania, se puso a subir una escalera de madera, con tan mala suerte que se rompe la escalera y le secciona el tendón de Aquiles que le habían operado. Fíjate qué putada. Antes, normalmente, las recuperaciones las hacíamos con escalera, tirando mucho del tendón para ir mejorando su funcionalidad. En lugar de hacer excéntricos como se hacen ahora con gomas, estabilidades, propiocepción… antes todo eso no existía, por lo que se trabajaba a lo bestia. Al día siguiente de aquello, le operaron en Lituania con microcirugía, por cierto, lo hicieron bastante bien. De hecho, cuando Sabas estaba en Valladolid, les quiso hacer un regalo a los cirujanos de ese hospital, y les mandamos un montón de cosas quirúrgicas que ellos no tenían allí.
¿En qué estado te encuentras su pie cuando llega a Valladolid?
El presidente del club en ese momento, el señor Gonzalo Gonzalo, me llama un día y me dice que ha fichado a una estrella. Y cuando me dice que es Arvydas Sabonis, me pongo en contacto con el doctor Cook, el traumatólogo de Portland. Hablando un poco con él, lo típico, a ver lo que tenía, qué es lo que estaban haciendo… la respuesta del doctor fue un poco ambigua. Me dijo que había sido operado del tendón de Aquiles, pero no me dijo mucho más. Nosotros pensábamos que, como había sido operado dos o tres años antes: “Más o menos estará ya recuperado”. Sin embargo, cuando llega a Valladolid es cuando vemos que evidentemente no es así, que no tiene movilidad en el pie y había una fibrosis bestial en el Aquiles. Hablo también con un médico en Bélgica que le había hecho un estudio podológico, y me dijo que llevaba unas plantillas, no me dijo nada más. Yo le pregunté por la patología que tenía, y me dice que era todo por el Aquiles.
Cuando viene aquí decido hacerle un estudio completo y, cuál es mi sorpresa, veo una fractura de escafoides tarsada del pie, que ha provocado una pseudoartrosis con un desplazamiento bestial del escafoides y del cuboides. En definitiva, todo lo que es la articulación subastragalina estaba hecha una patata, es decir, había una bestial psesudoartrosis con una artrosis de todas las articulaciones de alrededor. Claro, esa es una zona de carga del pie, cuando tú apoyas y haces la mecánica de la pisada o del despegue, todo pasa por ahí.
El Aquiles tenía la fibrosis, pero estaba bien, era funcionante. Recuerdo que Sabas me decía que no sabía que tenía eso. Y yo le expliqué: “No puedes apoyar bien el pie por esto, ¿ok?”. Él venía con un vendaje que le hacían en Portland que era una bestialidad, ya que era un vendaje de protección exclusivamente del Aquiles. Yo le explicaba que el Aquiles era lo menos que tenía, que lo más que tenía era el antepie, la zona media tarsal, escafoides, cuboides y la articulación subastragalina.
Cuando se lesionó por segunda vez el Aquiles, como Portland tenía sus derechos, fue a rehabilitarse allí. Pero claro, cuando operas un Aquiles tienes que hacer una inmovilización de esa zona en una flexión máxima, con el pie en equino, para que no fuerces nada el Aquiles. Y cada mes o mes y medio se van cambiando los ángulos para darle un poquito de mayor movilidad al Aquiles, y que los demás huesos no tengan una fractura por estrés, que es lo que le pasó a Sabas al tenerle como seis u ocho meses con el pie totalmente en equino, y eso le hizo una fractura de estrés del escafoides, que es lo que tenía al final. En realidad, la culpa de todo lo que tiene ese pie es un poco el no haber tenido la precaución de haber hecho las cosas bien en su momento. No digo que sea exclusivamente por este motivo, pero entiendo que si tú lo hubieras hecho más o menos bien, el pie hubiera quedado mucho mejor.
El primer año en Valladolid.
Me fui con él a una clínica de San Francisco, y tuvimos una cita con un traumatólogo americano que le dijo que le iba a operar. A pesar de que me llevé todas las pruebas que le hicimos, incluso traducidas al inglés por si acaso, se las repitieron porque no se fiaban. Me enfadé muchísimo porque no me hicieron ni puñetero caso, me trataron como si fuera tonto. Así que repitieron las pruebas y dijeron le iban a operar. Yo les dije: “Juega al baloncesto, es un jugador de baloncesto”. Y allí argumentaron que no estaba para jugar al baloncesto. Sabas me dijo: “Haz lo que quieras conmigo, pero yo quiero seguir jugando al baloncesto”.
¿Qué hubiera pasado si le llegan a operar? ¿Hubiese seguido jugando al baloncesto?
Nada, nada, nada. Yo le dije a Sabas: “Mira, cuando te retires, si te sigue doliendo mucho te operas”. De hecho, ahora no sé si se ha operado, creo que no, no me ha dicho nunca que lo haya hecho porque no le molesta mucho. Se ha hecho una artrodesis fisiológica y va a quedar como si se hubieran operado.
A partir de ahí decidimos cambiarle el vendaje, le hicimos uno más funcional y trabajamos funcionalmente el pie, sabiendo que esa pseudoartrosis que existía era incurable. No se podía tratar porque si operas tienes que hacer una osteotomía del escafoides y del cuboides, o sea, ponerle un clavo, juntar y hacer un lazo con la subastragalina, y te quedas para contar las entradas del pabellón, no te quedas para jugar al baloncesto. Empezamos a hacer un tratamiento, pero el primer año fue fatal porque no podía apoyar, el apoyo era ir cojo perdido. De todos modos, cojo perdido era el mejor de la liga. Ese primer año lo pasamos mal porque todo eran críticas, se le veía que no podía correr bien. Iba todos los días dolorido.
Nosotros fuimos haciendo nuestras cositas, el fisio y yo le tocábamos el pie todos los días. Además, le realizamos un nuevo estudio podológico en Barcelona con Martín Rueda, un magnífico podólogo, de los que más saben del pie del mundo. Martín Rueda era un fenómeno, de hecho, cuando Sabonis estuvo en la NBA también le pedía las plantillas directamente a él.
El segundo año en Valladolid
Durante el segundo año me reúno con el presidente y le digo: “Este proceso está yendo mejor porque va haciendo una artrodesis, es decir, una fijación de la articulación subastragalina de manera fisiológica. La movilidad va a ser un poquito mejor porque va a tener menos dolor”.
Pero antes de esto le querían echar porque estaba cojo, toda la prensa: “Lo han traído cojo, juega muy bien, es muy bueno, pero está cojo… y está cojo y está cojo”. Yo le dije al presidente: “No te preocupes que en unos meses va a estar muchísimo mejor”. De hecho, el contrato siguiente se hizo así, si por ejemplo cobraba 150 millones de pesetas, le daban 100, y luego 20, 20 y 10 por ser el mejor jugador, el máximo reboteador, por no descender, etc. Y consiguió todo, ese año fue la leche, jugamos la Copa Korac y llegamos a las semifinales en la 91/92, su tercer año en Valladolid. También tenía una cláusula que consistía en que si se iba al Madrid nos daban un dinerito al club, como así fue.
Pasaste muchas horas con él. ¿Cómo era Sabonis fuera de las canchas? Fuiste de los pocos que llegaste a conocer a la persona que había detrás del jugador de baloncesto.
Buah… es un cielo de tío, muy amigo de sus amigos, familiar a tope, o sea, su familia y sus amigos son intocables. También es divertido, yo le contaba un chiste y el tío lo contaba en lituano y todos se descojonaban de la risa. Un chiste tiene ese truquillo español, que a lo mejor alguien de otro país no lo pilla, pero Sabonis lo cogía todo y lo traducía al lituano, y lo contaba en su idioma a sus amigos y se meaban de risa. Lo que no le gustaba era estar muy al aire, que le viera la gente, porque la gente era: “Una foto, fírmame…”. Todo el día así. Es que hemos ido a Estados Unidos y también era así.
Supongo que el impacto de Sabonis en Valladolid fue brutal.
Sí, pero es que era así en cualquier lado. Te ibas a Madrid y estaba la gente esperándole para hacerse una foto con él. Ibas a Israel, Roma… cuando jugamos la Korac, a cualquier sitio que íbamos publicaban dos páginas en el periódico local sobre Sabonis. No era el Valladolid el que iba a jugar allí, era Sabonis.
No era de los que se abrían mucho a la gente.
Era muy cortado, muy cortante además, menos con los niños, a los niños los adoraba. Pero claro, como venía el niño y también venía el padre, el padre era el que daba el coñazo. Y decía: “Fuera, fuera, fuera”. Pero era gracioso, muy gracioso.
¿Recuerdas anécdotas con él?
Te cuento una anécdota muy buena, estábamos el fisio, Sabas y yo. Los sábados también le hacíamos tratamiento y, al acabar, bajamos a tomar una cervecita. Nos sentamos y vienen unas niñas a pedirle un autógrafo, se lo firma y llega una señora y dice: “¿Quién de ustedes tres es el deportista? Que me firme”. Sabas se moría de risa. Claro, si no le conoces y es Rafa Nadal, pues vale, pero es que este mide 2,20. Estando sentado las rodillas eran más altas que la señora. Y va y dice: “¿Quién de ustedes es el deportista?”. Se moría de risa, le dio un beso y todo a la señora (risas). Y muchas más porque tenía anécdotas para todos. Yo estuve en su boda en Lituania, estuve allí una semana. El viaje de novios lo hizo por Lituania porque quería recorrer toda la nación para saludar a toda la gente, a los niños…
Fotografía: Archivo Gigantes