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Intrahistorias y cuentos de los torneos de Navidad. Cuando España se paraba a ver el baloncesto…

Intrahistorias y cuentos de los torneos de Navidad. Cuando España se paraba a ver el baloncesto…

Torneos Navidad Baloncesto. ¿Se acuerdan?

¿Se imaginan a la selección campeona olímpica, a una potente universidad estadounidense y a dos equipos españoles disputando un torneo con poco de amistoso del 23 al 25 de diciembre? Hubo una época en la que el resultado de sumar baloncesto y Navidad no eran cinco partidazos de la NBA, ni un clásico de la ACB, ni ventanas FIBA o dobles jornadas de Euroliga. Hubo un tiempo en el que España entera se paraba de golpe para ver baloncesto.

Lolo Sainz, Wayne Brabender, Juan Antonio Corbalán, Vicente Paniagua, Alfonso del Corral o el periodista Nacho Calvo suman más de cien presencias en el mítico Torneo de Navidad que FIBA y Real Madrid crearon en 1967. Pocos mejor que ellos para dar voz a las historias de una competición, también conocida como Trofeo Raimundo Saporta, que a partir de 1981 fue íntegramente organizada por el club blanco hasta rebautizarse como Memorial Fernando Martín y terminar desapareciendo en 2004 tras 38 ediciones al no poder encontrar fechas ni rivales de la entidad de los que fundaron “el mejor torneo amistoso del mundo”.  Un evento en el que participaron universidades como North Carolina, Tennessee o Arizona State, Selecciones como la URSS, Yugoslavia, Grecia y otras más exóticas como Puerto Rico, Uruguay, Cuba o Australia. Acompañados por el Real Madrid y otro representante español para ofrecer a la afición tres días de baloncesto encuadrados en el corazón de las fiestas de Navidad.

UNA IDEA REDONDA

“Había otros países que celebraban este tipo de torneos, como el de Nueva York, al que iban grandes equipos universitarios. De ahí pudo Raimundo Saporta la idea inicial. No preguntó si lo podíamos hacer, dijo: ‘Vamos a hacer esto’. Y le salió muy bien”, recuerda un Lolo Sainz que puede presumir ser uno de los pocos que disfrutó el torneo como jugador y como entrenador. “Fue un hito para el impulso del baloncesto. A lo largo de la competición nacional y europea los entrenadores venían a decirte que nos acordásemos de ellos para invitarles al torneo. Me acuerdo de que Aleksandr Gómelski (entrenador durante más de 20 temporadas de CSKA de Moscú) quería venir a todos. Te daban la vara continuamente. A mí, a la gente del club, a Saporta, que no daba abasto, dos meses antes estaba con el teléfono todo el día con presidentes de clubes que querían venir”.

La mezcla inicial entre equipos nacionales, sudamericanos y miembros de las federaciones del Pacífico dio un salto en 1971 con la llegada de la primera universidad norteamericana. North Carolina desembarcó en el antiguo pabellón de la Ciudad Deportiva del Real Madrid para dejar su huella. Fue el primer equipo extranjero en llevarse el trofeo y lo hizo de la mano de hasta diez jugadores que terminaron en la NBA. Desde el número dos del draft de 1972, Bob McAdoo, hasta el que fuera entrenador posteriormente del Real Madrid, George Karl.  Dos años más tarde los Tar Heels regresaron a disputar el Torneo y el equipo blanco se cobró la revancha. “En USA había una regla por la que las universidades salían fuera a jugar y hasta los cuatro años no podían volver. North Carolina consiguió venir dos veces porque estaban entusiasmados. Es una idea del prestigio que tenía el torneo”.

REUNIDOS ANTE LA TELE

“El Pabellón”, situado donde ahora lucen las Cuatro Torres, comenzó a quedarse pequeño. Las 5.000 localidades se vendían en cuestión de horas y era misión imposible conseguir entradas hasta para los jugadores. Aficionados con gorros de Papá Noel, cantando villancicos y animando disfrutando de algo único en el mundo. Un evento potenciado por su emisión en televisión. Sólo dos canales emitían en España y TVE apostó fuerte por este formato. “Era un mito, una fiesta”, relata Vicente Paniagua (jugador del Real Madrid de 1966 a 1977). “Los partidos se televisaban en directo, no había otra cosa y los veía todo el mundo. El sorteo era un poco manejado para que el 23 fuera un partido difícil, el 24, un día tranquilo, y jugar la final el día de Navidad. El partido de Nochebuena lo solíamos disputar los jugadores que menos minutos participábamos normalmente. Era el más visto, antes de la cena familiar y al terminar el partido empezaba el discurso de Franco. Nos conocían más a nosotros que a los jugadores titulares”.

Juan Antonio Corblán (jugador del Real Madrid de 1971 a 1988) lo recuerda como una tradición como “la cabalgata de Reyes o una exposición de adornos navideños. Era un regalo, justo antes de la cena de Nochebuena. El pabellón lleno y fuera se quedaban casi 5.000 personas. Para nosotros era un gran escaparate por la magnitud de los rivales. Eran partidos a cara de perro, amistosos, pero ahí estaba lo mejor de lo mejor y a nadie le gusta perder”.  A pesar del nivel de sus rivales, el Real Madrid fue el claro dominador del torneo que levantó en 26 ocasiones. Detrás, las Selecciones de las extintas URSS y Yugoslavia, es decir, Arvydas Sabonis, Rimas Kurtinaitis, Drazen Petrovic o Toni Kukoc. Precisamente Sabonis fue protagonista del único partido en la historia de este torneo que no pudo terminarse. “Vi que iba a meterla y yo, joven, alocado y que me comía el mundo, fui a intentar taponarle”, describe con una sonrisa Alfonso del Corral (jugador Real Madrid de 1984 a 1988). “Puso toda su fuerza, machacó y rompió el tablero. El cristal me cayó encima. Se rompió en mil pedazos, pero no me hizo nada”. A falta de dos minutos y con los soviéticos ganando con claridad se decidió dar por finalizado el encuentro. “Cuando (Sabonis) me invitaba a su casa por Navidad se reía mucho, me abrazaba y me decía ‘tú, loco, tú, loco. ¡Cómo me ibas a taponar!’. Es un tipo cariñoso y realmente encantador”. A pie de pista, entrevistando al mito del baloncesto lituano, Nacho Calvo debutó en las retransmisiones de TVE del Torneo de Navidad. Testigo directo del enfado del público que, en protesta por la suspensión del encuentro, lanzó las almohadillas de los asientos al parqué. “Fue el primero que cubrí, luego narré los partidos hasta su desaparición. Mi gran recuerdo es haber visto a jugadores de la talla de Sabonis, McAdoo, Petrovic, Kukoc, Gallis, Oscar Schmidt… Venían relajados y se podría hablar con ellos. Recuerdo que cuando vino Petrovic, pude hablar incluso con su madre y fue Marc Ostarcevic (ex jugador de baloncesto conocido por su relación Norma Duval) quien me ayudó para traducir lo que decía”. Momentos curiosos y otros más solemnes: “Un momento importante fue la edición posterior al fallecimiento de Fernando Martín (3 de diciembre de 1989). El torneo pasó a llamarse memorial Fernando Martín y siempre empezaba con una ofrenda floral del presidente del Real Madrid a la madre de Fernando. Era muy emotivo en cada torneo”.

AL TANTO DE LA COCINA

El Torneo de Navidad no sólo es especial por los equipos y los jugadores que lo hicieron tan relevante, sino también por la huella que dejó en quienes lo disputaron. Por ejemplo a Wayne Brabender (jugador del Real Madrid de 1967 a 1983), que ya no concede entrevistas, y que, sin embargo, recuerda encantado cómo tenía que dividirse para rendir en la pista y en la cocina. “Fueron muchas Navidades pasándolo bien jugando al baloncesto. La verdad es que era como una tradición navideña en unas fechas que son para disfrutar con familiares y amigos. Yo tenía que preparar el pavo de Nochebuena. Siempre lo hacía yo. Así que, además de jugar los partidos, también estaba pendiente de que saliese bien la comida para todos los que venían a casa”. Unas comidas y cenas que muchos no disfrutaban por la cercanía con los partidos, no así en casa de los Brabender. “Yo cenaba pavo. En mi casa comíamos el pavo, el relleno y otras muchas cosas”. Del Corral tiene otro recuerdo. “Estábamos como de guardia, concentrados, como en la UVI, comíamos algo de arroz, algo ligero, para poder rendir. Estabas con la cabeza tan concentrada que no comías como los demás, ni tampoco bebías. No se nos pasaba por la cabeza”. El que fuera posteriormente médico del club ganó este título también con el Inmobanco (equipo afiliado al Real Madrid) protagonizando una de las grandes sorpresas de la historia de la competición.  “Éramos el invitado de última hora y ganamos el torneo sorprendentemente. Fue una cosa extraordinaria. Delibasic, Brabender… tenían un equipo de ensueño y les ganamos. Desde que estábamos en la cantera del Real Madrid lo veíamos como un sueño, como ir a Disneylandia. Era lo máximo y tenía una repercusión que te asustaba, porque te reconocía por la calle todo el mundo”.

Todos, menos uno. Al menos al entrenador Lolo Sainz. “Entrábamos por la puerta de atrás y al ser fiestas, los guardias de seguridad de la entrada no eran los habituales. Al llegar un portero no me dejó entrar si no le enseñaba la identificación. Ni con el DNI pude entrar. No me iba a enfadar, era Navidad, así que le dije: ‘si yo no entro, no se juega el torneo, porque soy el entrenador’. Al final un empleado de toda la vida se dio cuenta y lo solucionó, aunque los jugadores hubieran estado encantados si no me hubieran dejado entrar”, bromea antes de recordar que “más de un jugador llegaba con la comida en la garganta y algún vinito de haberlo mojado. No venían mal, eran profesionales, pero alguno sí venía comiendo el turrón. Ese día se perdonaba todo”.

MUCHO HUMO Y MAQUINILLAS DE AFEITAR

Era otra época, otro baloncesto, otras normas tanto en la pista como a nivel cultural. Por ejemplo, se permitía fumar en el recinto y al estar todo conectado con la pista el humo que se formaba en el segundo tiempo se hacía notar hasta tal punto que hacía difícil encontrar el aro rival. “Con la niebla que casi no se veía la canasta”, comenta Paniagua y añade: “Los rivales no podían correr porque estaban asfixiados, nosotros lo llevábamos algo mejor”. La influencia del tabaco en el deporte también tuvo que ver en que varias marcas de cigarrillos patrocinasen equipos de descartes de la NBA que se juntaban para mostrarse en Europa en un escenario como era el Torneo de Navidad.

Vicente Paniagua era uno de esos jugadores que al no ser de Madrid pasaba las fiestas solo en la pensión en la que residía. Algo que cambió gracias al Torneo de Navidad y a la cena que se organizaba en el Hotel Victoria para los tres equipos rivales del Real Madrid. “Era jugador, soltero y vivía en una pensión por lo que Nochebuena era sinónimo de soledad. Así que te ibas a cenar con los equipos contrarios aunque prácticamente terminaba la cena y los extranjeros se marchaban a acostar porque no había nada, como mucho la Misa del Gallo”. Aunque había algo que, en cierta manera, compensaba el esfuerzo. “Tengo 10 o 12 maquinillas de afeitar porque Philips, patrocinador del torneo, nos las regalaba. A los extranjeros les permitían mandar un telegrama de unas 20 palabras a sus familiares para que hablasen con ellos durante esas fechas”.

Estas Navidades el torneo sumaría ya 50 ediciones. Un “escaparate” para el baloncesto, un “sueño” para unos, “Disneyland” para otros y “el mejor torneo amistoso internacional de la historia” para la mayoría. El sacrificio de unos pocos jugadores que en lugar de plantear huelgas o quejas, disfrutaban y hacían disfrutar a la gente de un espacio en el que el baloncesto nacional e internacional era el absoluto protagonista. Algo que hoy en día es imposible de imaginar gracias a unos calendarios más saturados que una mesa en la comida de Navidad. Si la Selección no puede contar con sus mejores jugadores, ¿cómo recuperar un torneo tan especial?

https://www.youtube.com/watch?v=auyoy5bbQjU

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