Badalona, ciudad de Basket: Por qué es la cuna del baloncesto

Badalona es la cuna del baloncesto no por ser la primera, si no por haber construido aldedeor de este deporte un ecosistema único. Pocas ciudades en el Viejo Continente respiran tanta tradición. Se pueden contar con los dedos de una mano: Kaunas, Belgrado y tal vez Bolonia están a la altura de la ciudad costeña catalana.

Badalona

«No existe un único responsable de la introducción del Baloncesto en España», cuenta Lluís Puyaltó, durante años director del Centre d’Estudis del Bàsquet Català y la máxima autoridad historio-gráfica del baloncesto en España. «Desde la primera aparición en prensa de la palabra ‘basket-ball’ en 1897 en el diario La Vanguardia hasta la Fundación de las Federaciones Catalana y Española en 1923, fueron muchos actores los que intervinieron en el área de Barcelona para poner pequeñas semillas en este deporte. El primer partido en Badalona se jugó allá por 1925, cuando el Campeonato de Cataluña ya llevaba tres ediciones en marcha».

Artículo publicado originalmente en en el número 1568 de Gigantes del Basket en agosto de 2025

El término ‘cuna’ -bressol, en catalán- se acuñó por primera vez en 1957. Por aquel entonces, Badalona vivía una explosión demográfica fruto de la inmigración interior llegada a la Cataluña industrial, con miles de familias procedentes del sur de España que transformaron la ciudad en pocos años. La fiebre estaba en pleno apogeo. El Joventut había ganado cinco campeonatos de Cataluña y otros cinco subcampeonatos en las diez últimas temporadas. Su dominio se había extendido incluso por toda España coronándose con cuatro Copas del Generalísimo en siete finales disputadas en ese lapso de tiempo.

Pero la Penya no era el único equipo que destacaba. Tres clubes badalonenses más competían también al máximo nivel: dos en la Primera Categoría del Campeonato de Cataluña -Círcol Catòlic y Sant Josep de Badalona- y la UGE Badalona en Segunda. «La rivalidad entre ellos ya era altísima en aquellos años, especialmente entre el Joventut y el Círcol», cuenta el historiador Pep Solà. “Los partidos eran extremadamente duros y el ambiente, muy caldeado”. La afición por las canastas iba claramente en augmento y, en una época de grandes cambios urbanísticos, la cuestión llegó al Ayuntamiento.

En septiembre de ese año, el alcalde Santiago March buscaba unos terrenos para dar respuesta a la demanda ciudadana por el baloncesto. Durante la celebración de la comisión municipal argumentó la necesidad de encontrarlos «porque somos la cuna del baloncesto». Esa expresión hizo fortuna y quedó como una marca de ciudad. Hasta hoy.

El ‘Huracán verd-i-negre’ y el caso ‘Kucharsky’

El inicio de esa fiebre hay que situarla mucho antes, en los años cuarenta. “Allí se forjó la rivalidad entre Barça y el Joventut que ha llegado hasta nuestros días”, cuenta el periodista e historiador Francesc Fernández. “El Barcelona era el equipo dominante, los equipos de Badalona tenían fama de jugar muy duro, y a los de la capital no les gustaba jugar allí”.

En 1947, la gran estrella del baloncesto catalán y español era el azulgrana Eduard Kucharsky. El baloncesto de entonces poco tenía que ver con los contratos profesionales: bastaba con la firma de la ficha federativa para vincular a un jugador a un club. “Directivos del Joventut detectaron que el Barcelona había olvidado renovar a Kucharsky”, explica Fernández, “y no dudaron en aprovechar la oportunidad para llevárselo a Badalona”. Así nació el Huracán verd-i-negre, un equipo legendario liderado por el propio ‘Kuchy’ y reforzado por figuras de la época como Marcel·lí Maneja y Andreu Oller, que acabaría conquistando su primer título de Campeón de España en Burgos frente al Real Madrid.

Al año siguiente, el club azulgrana se valió de que el alero catalán debía cumplir con el servicio militar para atacar una estrategia de retorno. “Por aquel entonces, el padre de Kucharsky estaba muy delicado de salud y el jugador temía que le destinaran al Sáhara” -relata Fernández-. “Pero como Kuchy ya había firmado su nueva ficha con el Joventut, no había manera de echarse atrás”. El Barcelona consiguió convencer que Kucharsky finalmente se declarara en rebeldía con la Penya, estuviera un año entero sin jugar y luego volviera a jugar con el Barcelona. Los medios de comunicación de las dos ciudades siguieron el caso muy de cerca, avivando si cabe aún más la polémica entre los dos clubes. Pero el viento soplaba de cara en la Penya y en diez temporadas consiguió cinco Campeonatos de Cataluña, otros cinco subcampeonatos y tres Copas de España más en seis finales. El Huracán Verdinegro fue una de las primeras grandes dinastías de nuestro baloncesto.

Badalona se hace fuerte

Pero el baloncesto de Badalona es muchísimo más que el Joventut. Sant Josep, Círcol Catòlic y la UGE Badalona también reclamaban su espacio. Hasta tal punto que poco a poco, cada uno fue encontrando su lugar. Primero, se cubrió la pista de la Plana en 1962, dando lugar a uno de los primeros pabellones cubiertos en España. “Era un ambiente infernal”, rememora el periodista Xavi Saisó. “Yo era un niño muy pequeño y recuerdo a mi padre tener que sacarme fuera porque no aguantaba el ruído que allí había”. Poco después llegó el pabellón del Sant Josep, que compartió con el Círcol durante algún tiempo. “En apenas 300 metros, se formó un triángulo mágico en el centro de Badalona”, dice Pep Solà. Entre estos dos pabellones estaba Maristas Ademar, un colegio histórico en lo que baloncesto se refiere. Había siempre baloncesto a todas horas. Y lo sigue habiendo.

Pero al empuje y la rivalidad de los propios equipos badaloneses, hay que añadir otras circumstancias que hicieron que esa fiebre por el baloncesto en la ciudad fuera todavía mayor. En primer lugar, la deserción de otros equipos catalanes en la recién creada Primera División. El Barça decidió amateurizar su sección a principios de los sesenta y comienza una travesía por el desierto de la que le llevaría casi dos décadas recuperarse. Además la empresa Aismalibar dejó de inyectar dinero en el equipo del Montcada, que por aquel entonces había fichado jugadores a golpe de talonario como Nino Buscató o Emiliano. Y por si fuera poco, el equipo de futbol -mucho más seguido entre los nuevos vecinos llegados a la ciudad- bajó a tercera división. Todo cuadraba para que el foco de atención se pusiera en el baloncesto local.

Badalona se convirtió en una especie de aldea gala: hubo un mínimo de dos equipos badaloneses en la élite entre 1968 y 1983, ya fuera en la antigua Primera División o con el nacimiento de la ACB, jugando Circol Catòlic y Joventut a la vez varias temporadas en Europa. Incluso, llegaron a coincidir tres equipos en Primera la temporada 72/73 con el Sant Josep. Nombres tan conocidos como Eduard Portela, Aito Garcia Reneses, Andrés Jiménez, Quim Costa o Charles Thomas fueron los artífices.

En esa aldea gala, el Joventut se irguió como el único contrapoder efectivo del Real Madrid que dominó con mano de hierro los sesenta y los setena. “¡Y lo hizo sin jugadores americanos!”, subraya Lluís Puyaltó. El santo y seña de ser un club formador lleva en sus genes desde los inicios. Así cayó la primera liga española de 1967. Además, la ciudad poco a poco fue atrayendo talento de toda la línea de la costa del Maresme. Venían en tren jugadores de Malgrat, Pineda, Calella, Mataró, el Mansou, Montgat, Sant Adrià y también desde Barcelona. Fueron Nino Buscató y los hermanos Margall, pero el recorrido lo siguieron más adelante otros como Ricky Rubio o Anna Cruz.

No es de estrañar que Badalona fuera elegida subsede del Eurobasket de 1973. Se construyó para la ocasión el Pabellón de Ausías March, con capacidad para 5.000 espectadores. La URSS era la vigente campeona olímpica en polémica final de Munich’72 se instaló en Badalona, con nombres icónicos como Sergei Belov o Modestas Paulauskas a la cabeza. La ciudad vivió ese campeonato ejerciendo de auténtica capital europea del baloncesto. Alzaba orgullosa el estandarte del baloncesto, con apertura de miras y la entrada definitiva a la modernidad. Esa militancia baloncestística ha llegado hasta hoy, permitiendo a cada generación disfrutar de su momento. En los 20 años siguientes se vivieron tres ligas más (78, 91 y 92), dos Copas Korac (81 y 90) y un doble zénit: los Juegos de Barcelona 92 con la presencia del Dream Team y la Euroliga de 1994.

La idiosincrasia de Badalona

A lo largo de los años, se ha construido una idiosincrasia. Entrenadores badaloneses como Pedro Martínez, Salva Maldonado, Jordi Fernández, Josep Maria Izquierdo, Miquel Nolis o Josep Maria Oleart han aportado muchísimo conocimiento y muchísimo pedigrí a un a manera de vivir este deporte. Pero el baloncesto en Badalona va mucho más allá de la élite. Está en la propia cultura popular. Sin ir más lejos, en la ciudad costeña se jugó el primer partido internacional de Mini-Basket jugador en Europa, y a mediados de los setenta, la cuarta edición del Campeonato Mundial Escolar.

El resultado de toda esta trayectoria es una concentracion de equipos, jugadores y entrenadores enormemente alta para una ciudad de apenas 200.000 habitantes. Minguella, Dosa, Ademar, Bufalà…. Hasta un total de 12 clubes y 300 equipos en la presente temporada, que convierten el baloncesto de base en algo apasionante y de un nivel altísimo -Joventut y Círcol han sido campeones de España Junior-. Para entender la dimensión: Alcalá de Henares es una ciudad de dimensiones parecidas y con fuerte tradición baloncestística en la Comunidad de Madrid, especialmente tras el paso del Cajamadrid por ACB: tiene apenas 8 clubes y 103 equipos federados este curso. Badalona y baloncesto son inseparables. Desde hace un siglo, este deporte es una parte esencial de la identidad local, contribuyendo a su desarrollo social, cultural y económico. Badalona no es la cuna del baloncesto por haber llegado antes que nadie. Lo es porque, cien años después, sigue produciendo baloncesto cada día. En sus pistas, en sus escuelas, en sus barrios. Porque aquí no es solo un deporte: es un idioma propio. Sencillamente, forma parte de su manera de ser.


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