La misma madera, por Jose Ajero

La misma madera, por Jose Ajero

Dicen que esta locura empezó en 1984. Otros, con menos canas y las mismas cañas, piensan que fue en el año 1992. Cuesta cifrar y descifrar el hechizo. De lo que no hay duda es del hechicero. En las dos fechas había un Michael Jordan. Con más o menos pelo, pero con la lengua fuera.

Michael nos deslumbró, siendo universitario o proyecto de profeta. En el 84 le miramos a la cara, y en el 92, ya con nuevas tecnologías, se le trataba de recordar para siempre. No dejó mates de los suyos, ni canastas pasadas que sean gloria olímpica. Suspensiones y paseos de puntillas por las canchas.

Del mejor ejecutor en la tierra de esta religión, nacimos todos. Los que pueden, los que quieren, los que no pueden y aún quieren. Las distintas generaciones de locos enganchados a esto que no es fútbol, partimos de aquí. Nuestras selecciones caminan por los parqués saqueando medallas. Los Juegos Olímpicos son sinónimo de cajón, que suena también como los de Camarón.

Río de Janeiro es vendido como el tope de nuestras cestas. De ellos decimos que se van y de ellas, que los medios y remuneraciones no están a la altura del talento y esfuerzo. Suyas fueron las medallas más bonitas. Decidme lo que queráis, para mí, las mejores.

Y Río nos deja sonreír. Nuestra generación nacida después de MJ tiene otro cajón. En su tercera competición de basket, la del masculino paralímpico, tocamos tabla, metal y sueño.

Las ruedas van más rápidas que los pies en la vida normal, aunque no tanto en lo personal. A ellos les miramos poco, pero les queremos mucho cuando sabemos que existen.

Esta noche, no hay que recurrir al reproche o al ‘haber si les hacen más caso’. Esta noche, con el calor yéndose por las ventanas, llega el tercer metal de nuestro basket en unos mismos juegos. Por favor, llamen a Mr.Chip y me digan si algún país hizo antes esto -ya, claro los USA… ¿Otro?-.