Extracto del libro de Pablo Laso: ‘Ganar para contarlo’. Así fue su llegada al Real Madrid

libro Pablo Laso

Ya está a la venta el libro de Pablo Laso ‘Ganar para contarlo’, editado por Gigantes del Basket, con Faustino Sáez y prólogo de Luka Doncic. Un libro que está llegando a grandes superficies y librerías y que se ha situado en el número 1 del ranking de libros más vendidos de Amazon. En él, Pablo Laso cuenta su historia, la de una era extraordinaria.

Aquí te dejamos un extracto de uno de sus capítulos, en concreto el dedicado a su aterrizaje en el Real Madrid.

Extracto del capítulo 3: llegada al Real Madrid

Esa tarde del 29 de junio de 2011, en la sala de prensa del Bernabéu, pocos tenían la sensación de estar asistiendo al comienzo de algo grande. Yo era el que más confiaba, quizá el único. No me preparé nada especial, pero sí quise lanzar un mensaje muy claro. Llegaba con la ilusión de retomar los valores del madridismo, de crear, con trabajo y esfuerzo, una comunión con la afición para dar la vuelta a las críticas de esos días. Acepté el reto con tantas ganas como responsabilidad. Expliqué mi ideario y me defendí del rechazo generalizado acordándome de Zeljko Obradovic. “Me hace mucha gracia lo de la inexperiencia. Obradovic ganó la Copa de Europa en su debut y luego ganó otra y otra… No hay que confundir la experiencia con la capacidad”, respondí ante los recelos.

Muchas preguntas, casi todas, fueron en esa dirección. “¿Se considera un segundo plato o incluso una última opción?, ¿Le sorprendió la llamada?, ¿Qué opina de las críticas por su falta de experiencia en el baloncesto?, ¿Nota la decepción general ante la decisión de su nombramiento?, ¿Le preocupa la reacción negativa de la afición?…”. Sabía que podía ocurrir. Pero si me lo hubiera tomado como algo personal, me habría equivocado. Entendí todas esas preguntas dentro de la atmósfera general que se había creado. Si todas las intervenciones de los periodistas hubieran sido complacientes o de alabanza no habría cambiado nada. Y siendo todo lo contrario, tampoco dejé que me afectara. Me estaban presentando como entrenador del Real Madrid de baloncesto, eso era lo verdaderamente importante. No podía cambiar en ese instante la opinión de los aficionados.

Ese día no tenía que convencer a nadie. Era cuestión de mostrar la convicción en mi trabajo y en mi equipo. Llegaba a un gran club y tenía el apoyo que necesitaba para hacerlo bien. Qué más me da el qué y el cómo me preguntaran. Quizá hubiera pasado con cualquier otro técnico que hubieran presentado ese día. Creo firmemente en mis ideas, en mi idea del baloncesto y a ello me agarré. Sabía de dónde venía el club y adonde quería llevarlo. Ese ese era mi gran bagaje: conocer la filosofía de juego que necesitábamos.

Nunca he valorado el baloncesto en función de los puntos anotados o recibidos. Todo depende del ritmo del juego, del número de posesiones, del acierto… esto no tiene que ver con la defensa, sino más bien con la puntería propia y ajena dentro de esa velocidad que cada equipo pretenda imponer. Si lanzas 80 veces a canasta, lo normal es que anotes más que si tiras 50. Es relativamente sencillo. Pero para correr hay que tener el balón, y para tenerlo más que el oponente hay que defender muy bien, por eso los conceptos de defensa y ataque son relativos. Siempre he preferido ganar 95-90 que en la frontera de los 60 puntos, pero debes estar preparado para jugar ante cualquier rival, también frente a los que te sacan de tu plan de partido. El cambio de los 30 a los 24 segundos de posesión lo cambió todo. En esa evolución del baloncesto se trata de ser capaces de defender más enérgico y atacar más rápido. Y, desde el primer día, tenía claro el estilo y el ritmo que demandaba la historia del club.

Recordando esa primera rueda de prensa parecía que iba a ser yo el que me cargara todo aquello, pero yo ya sabía perfectamente a lo que venía al Real Madrid. Lolo Encinas, que fue mi ayudante en el Gipuzkoa, me escribió tras escuchar el interrogatorio de los periodistas: “Me sale decirte: ‘tú tranquilo’, pero sé que no lo necesitas”. Mi determinación contrastaba con la desconfianza generalizada. Por eso la prensa subrayó mi tranquilidad ese día. Aquello les impactó, y esa normalidad desactivó progresivamente el ruido. Cargarte de argumentos y mantener una línea coherente es la primera gran victoria. En este tiempo he evolucionado mucho como entrenador, pero no he cambiado como persona. Y pronto comprobé como, desde la normalidad, las dudas se podían transformar en ilusión.

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