La dura historia de Frederic Weis: la cara oscura del deporte profesional

Weis

Frederic Weis es un viejo conocido del baloncesto español. Estuvo muchos años compitiendo en las pistas nacionales, fue internacional con su país e incluso elegido por los New York Knicks en la primera ronda del Draft de 1999.

Pero su historia, al menos la oscuridad de esa historia, no resulta tan conocida.

Gracias al periodista Javier Ortiz descubrimos el lado oculto de la carrera de Weis. Uno mucho más amargo que ese brutal mate sufrido. Y es que el gigante francés padeció depresiones durante su carrera, especialmente a raíz de que diagnosticasen autismo a su hijo. «No quería jugar. No lo podía creer. Estuve muy mal. Empecé a luchar conmigo mismo para intentar asumirlo”, señala. Desvelando que durante su etapa en Bilbao llegó a subir mucho de peso a causa de la medicación.

Weis logró salir de la oscura etapa, gracias a su mujer y un ex compañero, Frederic Forte. “Al cabo de un tiempo, pensé que era mejor no intentar destruirse y que había que salir adelante. Mi esposa me ayudó mucho también. Frederic sabe realmente lo que me pasó. Se acercó a mí y me ayudó. Fue un período muy oscuro. Es por eso por lo que aprovecho cada momento ahora, porque sé que podía haberse detenido todo”, apunta.

A través de una fantástica pieza publicada en New York Times salen a la luz más detalles de los problemas sufridos por el francés, que llegó incluso a tratar de quitarse la vida en enero del año 2008, como punto culminante de un problema que comenzó muchos años antes, incluso desde la poca receptividad que tuvo al ser elegido en el mismo Draft (nunca llegó a jugar en la NBA) o sufrir el llamado ‘mate de la muerte’ a manos de Vince Carter.

Una de las estampas más conocidas del baloncesto en los últimos veinte años… y que Weis sufrió directamente. Fue la víctima.

Según relata el artículo, Weis inició (enero de 2008) un viaje en Bilbao (club en el que militaba entonces) para ir a visitar a su hijo, que vivía con su madre en Francia después de que la pareja se separase en 2004, precisamente por la inestabilidad emocional de Weis, que había perdido años antes el control de su vida a pesar de ser aún profesional en el baloncesto.

Durante el trayecto Weis se detuvo en un área de servicio cerca de Biarritz, no demasiado lejos de su destino. Entonces decidió que era el momento de «acabar con todo». Se tomó una caja de pastillas para dormir y cerró sus ojos, tratando de consumar el drama.

Weis se despertó unas diez horas después de haber ingerido las pastillas. Sin saber dónde estaba ni el motivo, pudo ver la caja vacía de pastillas y admitió sentirse «sorprendido» por lo que había pasado. «Fue el momento más afortunado de mi vida». Weis falló en su intento de suicidio.

La vida continuó y el galo, que aún trata de aceptar el problema de su hijo, trabaja ahora en un estanco en Limoges (Francia), negocio que posee. Todo mientras busca apartar la inestabilidad que le rodeó. Mientras intenta, en definitiva, retomar el control y la paz en su vida. Esa misma que un día trató de esfumar de repente.

Una historia muy dura que refleja los problemas de los profesionales, tanto por frustraciones en pista como por asuntos de su vida personal, que no siempre se conocen.